Repuestito

Decimos que alguien se ve repuesto —o repuestito, para hacer más llevadero el comentario— cuando le ha entrado con ganas a la garnacha y toda su ropa se ve a punto de dar el botonazo. Adjetivo muy socorrido por tus tías y otros miembros criticones de tu familia a los que no ves muy seguido. El eufemismo no oculta la verdad detrás de este juicio y si en la última comida familiar recibiste este comentario en más de una ocasión, probablemente sea buena idea comenzar a pedir tus tacos con una sola tortilla. 

 

Güero

Le decimos güeras a las personas de cabello claro y tez blanca… en teoría. En la práctica, los mexicanos empleamos este adjetivo de forma bastante ambigua y parecería que decidimos si alguien es güero o no al compararlo directamente con nuestro propio tono de piel. Después de todo, resultaría bastante raro decirle güero a alguien que es mucho más moreno que nosotros. Evidentemente, todo extranjero de piel blanca se transformará en “el güero” o “la güera” con tan solo pisar México.   

Toda esta “lógica” se rompe en contextos comerciales, donde el cliente se convierte automáticamente en güero sin importar su Pantone. Rubios, trigueñas, mulatos, morenas y negros, todos son güeros frente a la mirada del puestero del tianguis. Según la Academia Mexicana de la Lengua, esta falta de especificidad del güero podría tener su origen en la división de clases durante el periodo novohispano, donde los compradores eran de origen español y los vendedores de origen indígena. 

 

Pinche

Según José Emilio Pacheco, pinche es la palabra más autóctona del español mexicano. Este adjetivo rebaja lo bueno y hace de lo malo algo peor. Además, tiene la bondad de poder aplicarse a prácticamente cualquier situación, persona, animal o cosa. Pinche es el costo del estacionamiento en el cine —pinche caro—, el gentío para la taquilla —pinches lentos—, que tu novia haya llegado tardísimo —pinche morra—, entrar a la sala en medio de los cortos —pinche oscuridad— y que la película sea malísima —pinche suerte. 

 

Gacho

Algo que está muy pinche. 

 

Chismoso

Dícese de todas esas personas que son extremadamente comunicativas y a las que guardar un secreto les pesa como maldición. El chismoso no sólo comunica, sino que ensalza a discreción todas las historias que cuenta. 

 

Metiche

Metiche es aquella persona que quiere enterarse de lo que le incumbe y lo que no. Es el señor en el Metro que va viendo todas tus conversaciones de Whatsapp por encima de tu hombro, es tu vecina la que se asoma cada que sales de tu casa y eres tú cuando le bajas a la música para enterarte de la discusión en el departamento de arriba. Contrario a la creencia popular, lo metiche y los chismoso no son características que deban que convivir en el mismo ser; sin embargo, el acervo de información con el que cuenta el metiche atrae el chisme como la miel a las abejas. 

 

Mandilón

Persona del género masculino que se encuentra sometido al control de su pareja. Aunque lo normal es usar este adjetivo en contextos cómicos, el tono subyacente es despectivo. La idea del mandilón se contrapone con la del hombre macho y controlador, común en los círculos conservadores de la sociedad mexicana. 

 

Fresa

Si estudiaste en la Anáhuac, si tienes casa en Valle, si no te subes al Metro, si sales de antro —y lo dices con esas palabras— o si le dices papá a gente de tu misma edad, no hay de otra, eres fresa. Lo fresa hace referencia a actitudes y conductas asociadas con clases socioeconómicas altas, pero el término no está estrictamente relacionado con el estatus económico. Lo fresa tiene mucho de aspiracional y mucho de superficial por lo que puede tomar un tono despectivo, aunque también hay quien es orgulloso de su fresez. 

 

Gabacho

Adjetivo de tono despectivo que se usa para identificar a todo aquel oriundo de los Estados Unidos. Es curioso que este mismo término se utiliza en otros países para hacer referencias similares a vecinos incómodos. Es probable que hayamos adoptado este calificativo durante las ocupaciones francesas del siglo XIX. En Francia, esta palabra hace referencia a las personas que viven en la montaña. 

 

Chamagoso

Que no se te da eso de la higiene personal. 

 

Fodongo

Que no le pones mucho empeño a eso de la vestimenta. Que tienes tu closet lleno de pants y que vas al banco y al súper en pijama. 

 

Naco

Naco siempre es despectivo y es uno de los elementos políticamente más incorrecto del catálogo de expresiones mexicanas. Naco es una crítica al otro, al diferente, al que representa todo eso que no queremos ser. Obviamente, en una sociedad tan fragmentada como la de México, los nacos abundan desde desde el punto de vista que se elija. 

A veces el naco será el que no se comporte a la altura de las normas sociales, a veces será el de vestimenta estrafalaria o el de lenguaje florido, pero la mayor parte de las veces será el paria y será establecido desde una postura clasista. Naco es un adjetivo tan general y tan específico como se necesite, tan versátil como lo deja ver Carlos Monsiváis en Días de Guardar, donde dice que “naco es los anteojos oscuros a la medianoche, el acento golpeado, el futbol llanero, el vapor general, el California Dancing Club, la herencia del peladito y del lépero, hacer hijos es hacer patria, los residuos de ahí va el golpe.”

 

Barrio

Este adjetivo celebra la identidad de las clases populares en las ciudades mexicanas y podría tomarse como una postura en contra de la acepción más clasista de naco. Eres bien barrio cuando entiendes los códigos y costumbres de la ciudad y te comprometes con la identidad local. Ser barrio es tirar paro, usar expresiones que nadie más entiende, cultivar tu acento echar la chela banquetera con los amigos y comer tacos afuera del Metro. Ser barrio es reconocer que lo naco es chido. Barrio siempre tendrá una connotación positiva y la falta de barrio se deberá evitar a toda costa.