Los Manantiales, en Morelos, es un verdadero oasis para la renovación. En un entorno rústico y sin ostentaciones superfluas: este balneario nos ofrece un interminable caudal de aguas tibias presente en todos sus arroyos, pozas, cuevas, vastas albercas naturales y incluso en un par de cascadas a la vera del Río Amacuzac.

De los dos manantiales en lo alto del monte, el agua nace tibia y fluye por el balneario trazando líneas cristalinas que se vierten en múltiples pozas, a modo de jacuzzis naturales, de un color azul irresistible, hipnótico.

En ellas se refrescan los niños, adultos y viejos, peces y pequeños cangrejos por igual. Después de refrescar a los visitantes, toda el agua que sale de las pozas busca el río y lo hace en una bella cascada, aún de agua tibia que pasa justo frente a la cueva de los enamorados, una especie de sauna natural para ser disfrutado por horas.


Al ponerse el sol, todos los prados se cubren de luces tintineantes. Son las luciérnagas que con sus luces imitan estrellas y abren paso a la serenidad. Una vasta zona de campamento duerme bajo un manto de estrellas infinito. El murmullo del viento, el canto de los grillos y las chicharras acompañan el descanso de los visitantes.

Modesto y rural, pero de una exquisita simpleza orgánica, es todo en Los Manantiales. Desde sus grandes albercas, hasta su apacible zona de acampado, pequeñas cabañas y papalas restaurante. No se requiere más, pues se trata del contacto con lo natural. Justo eso es lo que ofrece el balneario: en una expresión muy pura de la tierra, el agua y el cielo, para gozar y renovarse con las propiedades relajantes de un agua tibia y amable por naturaleza.

¿Cómo llegar?
Tomar la autopista México-Acapulco. Después de Cuernavaca, pasar por la caseta de cobro a Alpuyeca y seguir la misma ruta sin tomar desviación alguna hasta llegar a la altura del kilómetro 149 donde encontrará una salida con un señalamiento del balneario.