1. Club gimnasio Chacabuco (Miró 750, Parque Chacabuco)

El Club gimnasio Chacabuco es un club de barrio -de esos que están en extinción- que tiene una cantina en la que las paneras son de plástico y donde, si pedís soda, te la traen en sifón. La comida es tan casera que si elegís lasagna al horno de barro -el plato más recomendado y especialidad de la casa- demora 50 minutos porque se prepara todo en el momento. Llega a la mesa en la misma cazuela en la que se cocinó y con burbujas de queso explotando en la superficie como un volcán en erupción.

2. La Marquesa (Corrales Viejos 16, Parque Patricios)

La Marquesa es el hallazgo de toda esta lista de bodegones, porque es prácticamente desconocido (hasta ahora…). Si algo caracteriza a este lugar es la calidad de su comida: siempre perfecta, sabrosa, abundante y recién preparada. Los pescados y los mariscos son la especialidad, y siempre vas a encontrar a Sergio, su dueño y cocinero, que te va a recomendar el mejor pescado para ese día. La corvina a la vasca es una explosión de sabor en tu boca.

Fuente: facebook.com

3. El Puentecito (Luján y Vieytes, Barracas)

Este restaurante está al borde sur de la ciudad, a unos metros del Riachuelo y de un viejo puente que lo cruza, aunque le debe su nombre a otro puente, uno que era pequeño y de madera que ya no existe. El puentecito nació como pulpería, en 1750; en 1873 empezó a funcionar como fonda y desde 1958 es una cantina familiar.

A post shared by JANA (@janabadino) on

El lema del lugar es “El Puentecito nunca cierra” (solamente en Navidad y Año Nuevo), así que podés ir en cualquier día y hora a probar la omelette de alcauciles o una clásica suprema a la Maryland (milanesa de pollo con crema de choclo, pimiento rojo y banana frita), o sus postres de sueño. La historia de este lugar es tan rica como sus comidas, pero como hoy hablamos de gastronomía, esas historias quedarán para otro artículo…

Fuente: facebook.com

4. El Ferroviario (Reservistas Argentinos 219, Liniers)

No es exactamente un restaurante de muchas y variadas propuestas, pero es una de las mejores parrillas de la Argentina (no sólo de la ciudad de Buenos Aires). El Club El Ferroviario está en el barrio de Liniers, a unos metros de la cancha de fútbol del Club Vélez Sarsfield. Asado ancho, cochinillo y cordero son las recomendaciones en carnes, más allá de los clásicos chorizo y morcilla (matrimonio), mollejas, riñón, chinchulín, etcétera. Podés tomar el vino de la casa en pingüino y pedir soda en sifón de litro. ¡Casi como estar en el quincho de casa!

5. La Mamma Rosa (Jufré y Julián Álvarez, Villa Crespo)

La Mamma Rosa es una cantina italiana y también, claro está, bastante argentina. Su carta de platos es tan extensa que lo mejor es preguntarle al mozo qué te recomienda, ya que siempre hay platos del día, como guiso de mondongo o cordero con papas. Hay milanesas, guisos y tortillas como en todos los bodegones, pero si hablamos de comida italiana, acá son imperdibles las pastas. Para ir en familia y sentirte como en casa.

A post shared by De Bajon (@de_bajon) on

6. El Antojo (Tinogasta 3174, Villa del Parque)

Si querés comer una súper milanesa tenés que ir a El Antojo, que el año pasado ganó el concurso a la mejor milanesa de la ciudad, un concurso en el que el jurado fue la gente. Con este dato… nada más que decir, ¿no?

7. La tasca de Fosforito (Avenida Hipólito Yrigoyen 1218)

Acá no podés dejar de probar el pollo al ajillo y el abadejo a la crema de almendras… son increíblemente deliciosos. La comida española es la especialidad de este lugar cálido y familiar. Como curiosidad, este bodegón típico ubicado en el barrio de Monserrat fue escenario de una de las películas argentinas más exitosas: Nueve Reinas, protagonizada por Ricardo Darín.

A post shared by Linn Jardim (@linnjardim) on

8. La Pulpería del Cotorro (Pepirí 400, Parque Patricios)

La Pulpería del Cotorro es de esos bodegones que fueron difundiéndose de boca en boca. No es emblemático ni histórico, pero sin dudas en unos años lo será. Sus dueños -que están siempre atendiendo- son genialmente creativos. La gente conoce “al Cotorro” por los carteles que cada día Julián escribe en la vereda con ácidas y divertidas críticas a la realidad, pero se enamora y vuelve por sus platos.

A post shared by Pepe Avendaño (@pepeaven) on

Las milanesas son superlativas, pero el Nido de Cotorro (papas fritas, mozzarella gratinada, carne fileteada especiada con hierbas, aceituna y huevo frito) es EL plato. ¡No lo vas a probar en ningún otro lado!

A post shared by Pipo Sco (@piposco) on

9. Mi Consuelo (Monroe 1420, Belgrano)

Mi Consuelo es un bodegón de que hace 60 años está en el mismo lugar, sobreviviendo a las distintas transformaciones del barrio. Atendido por sus dueños, -como todo bodegón que se precie de tal- mantiene la tradición de la cocina española en su menú. El mondongo a la española es espectacular, al igual que el pastel de papas. ¿El postre? ¡Fresco y batata!

10. Restaurante Manolo (Bolívar y Cochabamba, San Telmo)

En Bolívar y Cochabamba (San Telmo), en una esquina de veredas angostas y casi debajo de la autopista, está el Restaurante Manolo. Un salón enorme, decorado con camisetas de fútbol, y largas mesas ocupadas por familias de hasta cuatro generaciones, más una carta en donde hay de todo. A este bodegón lo fundó el asturiano Manolo Fernández hace casi tres décadas. Es tan amplia la carta que es difícil elegir algo para recomendar: hay pescados, mariscos, pastas, arroces, parrilla… y ¡todo es una delicia! ¿Los preferidos? Bondiola de cerdo “al arriero” (con mozzarella, tomate, cebolla y papas con queso y panceta crocante), los raviolones caseros de queso y calabaza y la milanesa Gran Manolo, que lleva mozzarella, jamón cocido, rodajas de tomate al natural, huevo picado, aceitunas, perejil y guarnición de papas fritas.

11. El obrero (Caffarena 64, La Boca)

Nació hace más de 60 años como una fonda en la que servían cuatro platos bien calóricos y económicos para los obreros que trabajaban en el barrio. Hoy es una de las cantinas más importantes de la ciudad, con decenas de opciones todas abundantes y sabrosas, pero en el mismo ambiente austero, simple y cálido que marcó sus comienzos. No abre los domingos y los platos imperdibles son la cazuela de mariscos “el obrero” (con arroz, pulpo, calamares y mejillones), la tortilla babé y las rabas.

12. Gambrinus (Federico Lacroze 3779, Chacarita)

Este bodegón con aire germano se llama Gambrinus en honor a un dios belga, patrono de la cerveza. Un amplio salón lleno de potus colgantes, un clima efusivo y alegre, y entre cervezas artesanales tiradas y exquisitos fiambres podés probar el pan negro artesanal, que es único. Hay platos clásicos pero también especialidades alemanas. Las recomendaciones: Bratwurst (salchichas) con chucrut y de postre, strudel de manzanas.

Crédito: foodista

13. Mamma Silvia (Avenida La Plata 1988)

Entrás a Mamma Silvia y llegaste de visita a la casa de tus parientes que mejor cocinan. El lugar es pequeño, cálido, con las paredes llenas de recuerdos e historias, y con la invaluable atención de una familia entera que te recibe como si estuvieras entrando al comedor de su propia casa. Las pastas son la especialidad, y la recomendación es panzottis negros rellenos de centolla, parmesano y ricota, con salsa de mariscos. ¡Indescriptiblemente ricos!

14. Spiagge de Napoli (Avenida Independencia 3527, Boedo)

Un restaurante al que vas a reconocer porque siempre hay gente en la puerta esperando para entrar. La comida italiana es la especialidad, pero las pastas son sublimes: por ejemplo, sorrentinos verdes con crema y fucciles con estofado, entre otras opciones, todas servidas con una quesera tamaño XXL llena de queso rallado. Mmmmmmm…

15. Café de García (Sanabria y José Pedro Varela, Villa Devoto)

El Café de García es uno de los cafés notables de Buenos Aires. Fundado en 1927, hoy es uno de los bodegones más emblemáticos de la ciudad y es famoso por su decoración, que más bien parece un museo en el que se recorre a través de los objetos sus 90 años de existencia. Hay en exhibición desde artículos de uso cotidiano que hoy son reliquias, y hasta una camiseta de fútbol autografiada por Diego Maradona.

Ir al Café de García no sólo es ir a comer rico, sino que además es toda una experiencia más allá de la gastronomía. Las picadas son la especialidad: superabundantes, al estilo de como las preparaban las abuelas los domingos, con tortilla, fiambres, quesos, escabeches, y más.

16. Martita (Cochabamba y Colombres, Boedo)

Martita es un restaurant pequeño, de pocas mesas y atendido por los dueños, que son una familia, y es famoso por sus risottos. La especialidad de la casa son los mariscos pero como buen bodegón en su carta hay de todo. Si vas, no te podés perder los langostinos fritos de entrada.

Crédito: jlastras

17. Bar de Cao (Independencia y Matheu, San Cristóbal)

El Bar de Cao tiene una arquitectura preciosa y un gran valor cultural, porque tiene más de 100 años -lo mantienen en su decoración original- y está dentro de los bares notables de la ciudad. Pero no sólo eso, la tortilla babé es increíble y la sidra tirada, deliciosa (la sidra tirada es difícil de encontrar en Buenos Aires). La recomendación es el bife de lomo, que viene con jamón, queso y morrones.

A post shared by Paula (@paf_casla) on

18. El bodegón de Villa Luro (Avenida Rivadavia 9800)

Su nombre lo describe por sí solo: El bodegón de Villa Luro, y no se necesita más que eso para identificarlo porque en la zona todos lo conocen. Acá podés comer los platos más simples y preparados como en tu propia casa: milanesas con puré, sorrentinos, ñoquis… y esas comidas con sabor a mamá que tantas veces añoramos. La atención 10 puntos, y el plato estrella es el matambrito a la pizza.

19. La Tacita (Avenida Boedo 1595)

Este restaurante fue fundado en 1928 y en el ambiente se ve cada etapa de su historia. Como buen bodegón, el ambiente no suele ser lo más importante, lo más importante es la comida: que sea rica y abundante, y con esas premisas cumple con creces. El matambre al verdeo, que lo sirven enterrado en una montaña de papas, o el bife La Tacita son un manjar, pero el postre que rompe todos los rankings es el panqueque con dulce de leche.

20. Roque (Inclán 3999, Boedo, cerquita del Club San Lorenzo).

En Roque podés comer lo que quieras y siempre va a ser delicioso. Bien de barrio, el lugar es pequeño y las paredes están cubiertas por vitrinas con bebidas de otras épocas, esas que vendían cuando funcionaba como almacén… todo un viaje al pasado. ¿Para comer? El alfajor Roque, que no es dulce sino salado: capas sucesivas de lomo, panceta y provolone.

A post shared by Lucas Borzani (@lukelix) on

21. La Ochavita (Pieres 1399, Mataderos)

Una esquina típica para un bodegón típico. Una familia atendiendo, un ambiente acogedor y comidas ricas, abundantes y caseras, con ese gustito que solo se consigue en el hogar. La provoleta es de lo más recomendado, al igual que las milanesas.

22. La Pituca de Boedo (Inclán 3901)

El barrio de Boedo está lleno de bodegones y es difícil seleccionar cuál dejar afuera porque son todos excelentes. La Pituca es uno de los más nuevos y le da una vuelta de rosca: cada día ofrece dos platos diferentes que están fuera de la carta y que siempre son un deleite para el paladar. Pastas, pescados, carnes… todo es abundante y delicioso en La Pituca, con un toque gourmet y sin perder el espíritu de bodegón. El involtini de pollo con papas es para recomendar.