El carnaval de Huejotzingo (Puebla), que en 2019 conmemoró en su 151 aniversario, rememora las celebraciones prehispánica en honor a Tláloc, la deidad mexica de la lluvia. Considerado el más antiguo de México, la historia, el colorido y la algarabía de este carnaval ha atraído a pintores como Desiderio Hernández Xochitiotzin, Diego Rivera y Fernando Ramírez Osorio, quienes lo plasmaron en sus cuadros. Algunos historiadores lo consideran una continuación de las festividades prehispánicas de la fecundidad de la tierra, las guerras floridas y hasta las cacerías rituales de la época prehispánica.

Se realiza cada año en la ciudad de Huejotzingo y dura cuatro días. A diferencia de otros carnavales del país, este cuenta con un argumento histórico, ya que relata hechos históricos ocurridos en este lugar, utilizando para ello las danzas típicas, un vestuario muy simbólico, música tradicional y algunos rituales que, aún con ligeras modificaciones a través de los años, no han perdido su esencia.​

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Fuentes históricas sostienen que este carnaval, tal como lo conocemos hoy día, se comenzó a celebrar en 1868. En la actualidad, cerca de veinte mil personas que se disfrazan con máscaras, túnicas, gaznes, tocados de plumas, escudos y fusiles (atuendos que llevan meses para su elaboración), para transformar las calles del pueblo en un enorme escenario y representar en él tres episodios de su historia.

El primero de ellos es de suma importancia para el estado y para todo el país la Batalla del 5 de mayo (Puebla, 1862), en la que los mexicanos vencieron al ejército francés. Cada año son alistados mascarones y atuendos que se consideran verdaderas artesanías. Infinidad de ellos heredados de padres a hijos, lo que aumenta su valor histórico. Los trajes son elaborados por las mujeres de la ciudad y pueden costar entre 10.000 y 30,000 pesos.

Con mucha anticipación se conforman los llamados batallones que darán vida a ambos ejércitos. El ejército francés se compone de zuavos, turcos y zapadores; nuestro glorioso ejército mexicano está conformado por los indígenas zacapoaxtlas y serranos. Cada batallón cuenta además con su propia escolta, formada por tres o más abanderados y un grupo de músicos.

Además, en cada batalla se llevan mosquetes cargados con pólvora real, y llegan a utilizar cerca de cinco toneladas del explosivo, que da el toque de realismo, ya que provoca grandes cantidades de humo y ruido. Sin embargo y a pesar del valor de los soldados extranjeros, ya sabemos cómo acaba la historia, aunque no por ello decae el ánimo: los franceses tendrán que sufrir su derrota.

La segunda historia que se representa es la de Agustín Lorenzo, un bandido considerado héroe y cuya leyenda persiste al grado de ser considerado casi un santo. Agustín Lorenzo fue un personaje del siglo XIX que se robó a la hija del Corregidor de Huejotzingo, supuestamente con el acuerdo de aquella, que aparece en las novelas románticas de la época vestida de novia.

Esto se realiza en el mismo edificio del Ayuntamiento, donde el héroe coloca su escalera y baja a la dama entre sus brazos. La leyenda, sin embargo, no acaba bien. Los amantes se dan a la fuga y, aunque son unidos en matrimonio por un cura cómplice de la pareja, terminan ultimados a balazos por los soldados, quienes también queman la choza en la que se habían refugiado. Nos quedará para siempre la duda sobre si los amantes consumaron o no su amor.

La tercera historia es la de un matrimonio indígena, que simboliza la primera unión que se realizó en este lugar bajo el rito católico. Según Fray Toribio de Benavente,nombrado “Motolinia” por los indígenas, el primer casamiento indígena bajo el rito católico en esa región fue el de un hombre llamado Calixto. Esto quedó asentado en su libro «Memoriales o libro de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella» (de 1555, aproximadamente)

La representación de la histórica batalla de Puebla se incluyó en el carnaval a partir de 1876, con la participación de un grupo de fieros y heroicos zacapoaxtlas, a cuyo mando iba el Capitán Juan Francisco Lucas.

En el bando de los extranjeros, llama la atención el conjunto de los turcos, quienes representaban un batallón de negros provenientes de Sudán, Nubia y Abisinia quienes llegaron a México a principios de 1863 para apoyar la intervención francesa a México, enviados por el Sultán de Egipto y a petición de Napoleón III.

Aunque se desconoce en qué año fueron integrados, recordemos que en México no es extraño encontrar las danzas de moros con cristianos y esta podría ser una reminiscencia. Hacia la segunda mitad del siglo XX, el artesano Andrés Serrano creó una máscara donde los rasgos africanos desaparecieron y se volvió rosada y con barba rubia. Además, para 1988, casi la mitad de quienes desfilaban eran mujeres vestidas de odaliscas.

Sobre las máscaras, hay que resaltar que las de Huejotzingo son de las más elaboradas y tradicionales, confeccionadas por artesanos que han heredado el oficio de sus abuelos. Hechas madera de cedro, pueden llegar a costar de cinco a ocho mil pesos, y su vida útil puede ser de hasta 100 años. Talladas y pintadas a mano, se complementan con listones, pedrería de fantasía, y tela. Las barbas, patillas y cejas suelen hacerse de pelo de cola de caballo.

Durante el carnaval también hay puestos de artesanía y comida tradicional de Huejotzingo, como mole poblano, tlacoyos de haba negra, quesadillas de flor de calabaza, barbacoa, cemitas y pipián. Tienes que probar las deliciosas conservas de frutas, ates, jamoncillo, alegría y dulces de calabaza.

También se vende sidra, vinos de frutas y ponche y se instala un gran teatro del pueblo, para algunas de las representaciones y los eventos artísticos. El cierre del carnaval lo hacen los niños, con el mismo desfile que el de sus mayores, de esta manera aprenden la tradición de primera mano. Seguramente por esta razón es que los huejotzincas están seguros que su carnaval nunca sucumbirá.

Cuando comiences a planear tu agenda de fiestas patronales y carnavales para el año entrante, recuerda que a Huejotzingo puedes llegar por la carretera federal 190. Si ya estás en Puebla, se encuentra a solo 33 kilómetros de la ciudad capital. Puedes visitar el ex convento franciscano de estilo plateresco, dedicado a San Miguel Arcángel, que fue acabado en 1570 y está entre los primeros conventos construidos en México, junto con los de Texcoco y Tlaxcala. También el Templo de San Diego (1600) una obra colonial, en la cual destacan sus retablos barrocos estofados en oro y estilos barroco y churrigueresco. ¡Que te diviertas!

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