En los últimos años la situación ambiental global ha empeorado y hemos sido testigos de abruptos y preocupantes cambios en el clima. En México, por ejemplo, una ola de calor ha azotado al territorio entero causando incendios y temperaturas insoportables que han alimentado las creencias apocalípticas. En la Ciudad de México, específicamente, el calor y la contaminación han llegado a niveles tan alarmantes estos últimos días que muchos, medio en broma y medio en serio, han salido a pedirle ayuda a Tláloc, deidad de la lluvia sobre quien voy a hablar hoy, por si quieres agradecerle tú también el alivio que ha traído.

Su nombre se compone de dos palabras: “tlali”, que significa tierra, y “octli”, que se refiere al las bebidas embriagantes -como el pulque-, por lo que Tláloc se traduce como “licor de la tierra” o “néctar de la tierra”. Es el responsable de las lluvias y los rayos.

Es una de las deidades más antiguas y veneradas del mundo prehispánico y es reconocido en muchas culturas distintas. Como bien recordarás, en la cosmovisión prehispánica no existe la concepción de “el bien y el mal”, sino que más bien se trata de dos fuerzas contrarias y complementarias que interactúan todo el tiempo y es esta interacción la que puede resultar en consecuencias buenas o malas dependiendo quien las resienta. Por ejemplo, Tláloc y su papel de dador de lluvia puede ser bueno para los agricultores, pero malo para otro tipo de trabajadores.

Por lo anterior, además de ser dador de vida y sustento, también puede tener una faceta destructiva cuando provoca inundaciones, granizadas o caen rayos que lastiman a las personas. Tláloc causa “los relámpagos y rayos, las tempestades del agua y los peligros de los ríos y del mar” (Bernardino de Sahagún).

Pero Tláloc no trabaja sólo, sino que que cuenta con ayudantes llamados “tlaloque”, según cuenta Ángel María Garibay. Su función es la de romper vasijas llenas de agua en el cielo para desbordar la lluvia. Ese sonido causado por el alboroto son los truenos.

“Este dios del agua para llover crió muchos ministros pequeños de cuerpo, los cuales están en los cuartos de la dicha casa, y tienen alcancías en que toman el agua de aquellos barreñones y unos palos en la otra mano y, cuando el dios de la lluvia les manda y cuando atruena, es cuando quiebran las alcancías con los palos, y cuando viene un rayo es de lo que tenían dentro, o parte de la alcancía”.

Fuente: Ángel María Garibay, “Teogonía e historia de los mexicanos. Tres opúsculos del siglo XVI”

Para identificar a Tláloc basta con recordar sus características principales:

  • Unas anteojeras que se componen de unas serpientes entrelazadas y que rematan en las fauces de Tláloc.
  • Su pronunciado labio superior que se ha dicho que representa la cueva que lleva al inframundo.
  • Su cara pintada de negro, azul y a veces verde, que recuerdan los colores del agua.
  • El estandarte de oro que lleva en su mano en forma de serpiente y que representa los relámpagos y truenos.
  • El cuerpo moteado o manchado que nos recuerda las gotas de lluvia.
  • Tláloc tenía celebraciones en su honor que eran las de Atlcahualo, Tozoztontli y la de Atemoztli:

    Atlcahualo consistìa en vestir a los niños como Tláloc o tlaloque, adornados con flores y plumas.

    Tozoztontli era una ceremonia para llevar ofrendas a las cuevas.

    Atemoztli era una fiesta en la que se elaboraban estatuas y figurillas con semillas de Tláloc y sus tlaloques como ofrenda por brindar alimentos durante el año.

    Photo: magdav

    Crédito: magdav

    Tláloc tiene su sitio sagrado, el cual la arqueologìa ha ubicado en el Monte Tláloc o Tlalocan Tepetl, que es una de las cumbres más altas del país con 4121 metros sobre el nivel del mar, donde se encuentran las ruinas de un templo en su honor.

    Incluso Tláloc creó un paraíso para todos aquellos que fallecieran por causas de su trabajo: el Tlalocan, en el que las almas puedan descansar en paz bajo la protección del Señor de la lluvia y alimentándose los frutos de la abundante vegetación de su reino.

    ¿Una deidad muy generosa verdad? ¡Gracias Tláloc por la lluvia!