Crédito: Loreto Riveros

Empieza a hablar diciendo bacán, pucha, la raja, soplao, weon, y ¿cómo estay?

No hay nada mas pegote que la jerga chilena, sobretodo para nuestros hermanos latinoamericanos. El «idioma chileno» se pega como lapa a la piedra. Y ya no es extraño ver a un peruano, a un colombiano o a un mexicano hablando de algo «bacán», o «haciendo la pata», encontrando la comida «la raja» y tratándose de «weones» amistosamente. Y claro, dejando de pronunciar la «s» al final de cada palabra… ¡¿quién tiene tiempo para eso?!

 

Vive un temblor o terremoto en el país.

Todo chileno sabe que a nuestro país le gusta moverse y sacudirse un poco, pero para los extranjeros es algo un poco inusual. Cuando un extranjero vive un terremoto en Chile (y no sale arrancando) es como una especie de «graduación» en nuestra patria. No hay NADA que se le compare a un país que te da la bienvenida de esa manera, ¡nada! Y si aún así te quedas, ya eres chileno de tomo y lomo.

 

Participa de una celebración del 18 de Septiembre.

Pololo mexicano y familia de la autora en las celebraciones del 18 pasado. Crédito: Loreto Riveros

Nosotros los chilenos sí que celebramos nuestras fiestas patrias. La fiesta se extiende por una semana por lo menos. Para un extranjero, semejante celebración puede ser como mucho, pero si se “adapta”, ya puede considerarse un experto en nuestras tradiciones. Desde engordar los 3-5 kilos que en promedio se suben después de tanto festín de carnes y empanadas, y tomarse hasta el agua del florero… hasta zapatear una cueca en una fonda y ver la parada militar.

Sobrevivir un 18 es cosa seria. Si lo lograste, eres uno más de nosotros (y ya vas a estar pensando en el 18 del próximo año).

 

Invierte tu tiempo en largas filas para hacer trámites de todo tipo.

En Chile los trámites siempre son un cacho. ¿Quién no ha estado esperando para renovar su carnet de identidad o licencia de conducir por HORAS? ¿O un certificado cualquiera en una notaría? ¡Horroroso! En la Aduana, dentro del aeropuerto, hay que declarar hasta la piedrita que se te quedó pegada en la suela del zapato… Uno no se salva de esperar ni en la farmacia, numerito en mano. (¡¡Y eso que hay tantas!!) Si viviste estas experiencias y las superaste con paciencia, claramente ya estás vacunado.

 

Saborea la delicatessen de la comida nacional.

Crédito: Loreto Riveros

La comida chilena en sí es muy diversa, al igual que todo en nuestro largo y angosto país. Pero hay algunas comidas que sí nos unen a todos y que podemos considerar «típicas»… ese tipo de gastronomía que quien la prueba al estar de visita, se va contento. Si ya probaste nuestro vino carmenere, el mote con huesillo, los terremotos, nuestras empanadas de pino, el pastel de choclo, las humitas, las machas a la parmesana, la chorrillana, los porotos granados y las sopaipillas con pebre… Yo creo que ya podrías considerarte chilenizado, ¡o al menos tu guata!

 

Pololea con un chileno o una chilena.

Los chilenos somos muy especiales a la hora de pololear y estar en pareja. Somos super cariñosos y queremos que sean igual con nosotros, y no nos importan las demostraciones de afecto en público. Si ya has querido a algún chileno/chilena, ya has aprendido además a regalonear, a cocinar en casa, a dar caminatas largas, a tirarse en el pasto a mirar el cielo, a compartir comidas de carritos de la calle y por supuesto, a bailar (o tratar de bailar) cumbia, merengue y cueca. Si has querido a alguien de Chile, deberías saber que ya fuiste chilenizado.