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Pedinos que te contemos por qué tomamos Fernet.

¿Qué le vemos de bueno? ¿De qué está hecho? ¿Tiene más o menos alcohol que tal otra bebida?
Es un gusto adquirido, qué te diré. Y va bien con los amigos, con el cuarteto, con los aperitivos y con la joda que no respeta las largas horas de la noche.

 

Evitá a toda costa que te estampemos un beso en el “cachete” (la mejilla) como saludo diario.

O pensá que el saludo con un beso entre dos hombres dice algo sobre su sexualidad.

 

Pedinos que no “voseemos”.

Preguntanos por qué muchas canciones de rock nacional usan el “tú”. O decinos que vos sabés todo sobre el “voceo” porque estuviste en España, donde usan el “vosotros”.

 

Devolvé el primer mate diciendo “gracias”.

Sabé que si llegás a mover la bombilla, te vas a comer una clase magistral de mate de media hora.

 

Preguntanos si los argentinos bailamos tanto como el resto de los latinoamericanos.

O danos un formulario en el que tenemos que completar nuestra “etnia”.

 

Exiginos que hablemos sin mover las manos.

 

Preguntanos por los usos y significados de la palabra “pedo”.

¿Es una mala palabra? ¿Es lo mismo estar en pedo que al pedo? ¿Cuál es la diferencia con el pedo mexicano? Es casi tan complicado como explicar todos los usos de “orto”.

 

Invitanos a cenar a las 6 de la “noche”.

Primero, las 6pm son siempre las 6 de la tarde. Y segundo, ¿cómo es eso que te cae mal comer y acostarte a dormir enseguida? ¡Estás exagerando!

 

Llevanos a un asado vegano.

Hay argentinos veganos… pero la mayoría probablemente piense que “asado vegano” es una contradicción de términos, una suerte de oxímoron que sólo existe en la mente de hippies extranjeros.

 

En un asado, exclamá que ya estás lleno después de tu primer “chori”.

 

Ponele ketchup a un churrasco, ¡¡o a cualquier cosa que no sean papas fritas!!

“Para darle sabor”, quizás nos digas. Para darle sabor, un poquito de chimi churri y ahí se acaban nuestros aderezos. Vas a tener suerte si tu amigo argentino te sigue hablando después del ketchup en la tira de asado.

 

Decinos que la pizza de Buenos Aires no es la mejor del mundo.

Seguro que el Papa, viviendo en Italia, extraña las pizzas de la calle Corrientes.

 

Llevanos a una ciudad donde después de las 5 de la tarde ya no vendan café.

 

Usá la palabra “coger” ligeramente, como sinónimo de agarrar o tomar algo o a alguien…

 

Tené la suerte de llamarte “Concha”.

 

Preguntanos cómo preparar dulce de leche casero.

 

Decinos que sos argentino y que no te gusta el mate o no te gusta el fútbol.

Ante la mandíbula caída de tu interlocutor, y el “pará pará pará, ¿me estás jodiendo?”, tratá de justificarte (que me da acidez, que no me gustan mucho los deportes) y que no te miren como a ET.

 

Ofrecenos comida picante.

 

Miranos de reojo, con mala cara, cuando lleguemos hambrientos a tu casa y sin preguntar, abramos tu heladera para ver qué encontramos para picar.

Che, ¿dónde está el salame y queso?

 

Sacá a relucir investigaciones científicas sobre las bondades del consumo moderado de vino.

Mi viejo se crió tomando un vasito de vino con soda en el almuerzo. Y yo me cansé de escuchar que el gran Favaloro recomendaba un vaso con la comida. ¡Obvio que un poquito de vino es bueno para el corazón! ¿Quién necesita más research?

 

Decinos que no sabés lo que es la inflación.

Los MBA se tendrían que haber inventado en la Argentina. ¡Si cada argentino es prácticamente un economista!

 

Admití que no conocés a Maradona o a Messi.

Obviamente, nos lo tomaremos personal. Es como que nos preguntes si Buenos Aires es la capital de Brasil.

 

Argumentá que Messi es el mejor jugador de la historia del fútbol… sin que tu apreciación venga seguida con un «pero» y tres teorías de por qué no alcanza su máximo nivel jugando con la Selección.

 

Asegurá saber cuántos años tiene la Chiqui Legrand.

 

¡Mezclá sandía con vino!

O metete a la pileta ni bien terminás de almorzar.

 

Llevanos a un baño sin bidet.

¿Por qué, Dios santo, y cómo? ¡¡¿¿Cómo??!!

 

Jactate de que otro país que no es Argentina tiene todos los climas.

 

Pedinos que te expliquemos la obra de Borges.

¿Viste lo recurrente del concepto de laberinto en la obra de Borges? Bueno, varios nos perdimos en él.

 

No nos aceptes la excusa universal de los argentinos: “se me complicó”.

Lo dice todo y no dice nada. No preguntes por detalles, no está pensada para ser elaborada.

 

Pedinos que seamos moderados, que nos manejemos teniendo en cuenta los grises de las situaciones.

¿Para qué, si con el blanquinegrismo estamos bárbaro? Acá se es el mejor, o el peor, sin término medio. Premio si te encontrás con un argentino que no tenga opiniones dicotómicas sobre todas las cosas.

 

Preguntanos si el peronismo es un partido político de izquierda o de derecha. O por qué le llaman “movimiento”. O quién es o quién no es peronista.

Preguntanos por el peronismo. Punto. Pasaremos horas hablando porque, obvio, tenemos nuestras opiniones, pero no esperes terminar esta conversación en poco tiempo y con ideas claras.

 

Contanos chistes sobre el pequeño ego de los argentinos.

¡Pero si nuestra arrogancia nada sutil es absolutamente irresistible!

 

Decile que “no” a un langa y esperá que deje de insistir al instante.

Poné a discusión, ya que estás, que “sos la mina más hermosa que vi en mi vida” no es una frase verosímil.

 

Argumentá que “si no está roto, para qué arreglarlo” es un error.

O cuestioná el atado con alambre.

 

Pensá que hay algo raro cuando escuches “Hola, si… ¡Gorda! ¿Cómo andás? ¿Todo bien? ¿Yo? Bárbaro, todo joya. Bancame un toque que estoy hasta las pelotas. Te llamo en cinco”.

 

Ponete medias con sandalias al usar bermudas.

Además de confundir a un argentino, probablemente lo hagas llorar.