Foto por Abe Novy.

Diez consejos probados para evitar ser una presa fácil allí donde otros viajeros lo han sido.

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1. No te emborraches.

Desde siempre, los grandes depredadores del planeta han podido olfatear a las presas enfermas, lastimadas o débiles. Es su instinto natural. Los depredadores humanos nocturnos no son diferentes, y no hay animal más débil en la noche que un extranjero arruinado.

Este consejo parece obvio, pero parte del error más común.

2. No parezcas rico.

Este consejo se refiere particularmente a Brasil, desde donde cada historia de horror que he escuchado de boca de mis amigos -incluyendo uno que sobrevivió a una doble herida de bala en el estómago y al asesinato de su compañero de viaje-, empieza con un obvio despliegue de riqueza.

No me malentiendas, claro que aunque no estés haciendo nada llamativo puedes ser atrapado en el lugar y momento equivocados, en Brasil o en cualquier parte del mundo. Pero tus posibilidades de sufrir un robo aumentan muchísimo si parece que llevas un montón de dinero contigo…o si estás manejando un buen auto.

No tienes que esforzarte por parecer indigente, pero sí deberías preocuparte por aparentar que no llevas mucho dinero ni cosas de valor.

3. Los niños no juegan.

Este consejo aplica a países con alta desigualdad social, como Brasil o Kenia, y se refiere especialmente a las áreas urbanas.

La verdad es que más allá del lugar del mundo en el que te encuentres, muy pocos niños se te acercarán con malas intenciones. Sin embargo, el caso de los chicos pobres de las grandes ciudades es diferente: niños endurecidos por la vida en la calle, cuyos únicos modelos de conducta son generalmente sus cómplices adultos. En ciudades como Río y Nairobi, por ejemplo, los niños son las personas más peligrosas de la calle, simple y trágicamente porque tienen poco y nada que perder.

Si una noche se me acerca un grupo de adolescentes en Río (imagínate, por ejemplo, la película Ciudad de Dios), se trata en el mejor de los casos de un ardid para vaciarme los bolsillos. En el peor de los casos, van a robarme con un arma de fuego, o prepararme para que alguien más lo haga. Entonces cubro mis bolsillos, los ignoro por completo y camino lo más rápido que puedo hasta un área bien iluminada y más populosa.

Si te detienes en las sombras por un segundo para intentar dilucidar lo que se traen entre manos, estás muy cerca de ser cazado.

4. Presta atención a quién te está observando.

¿Alguna vez viste en el Discovery Channel a un león que descubre de pronto una manada de gacelas detrás de las pasturas? Se agazapa, pone sus orejas hacia atrás y les clava la mirada.

Los drogadictos no actúan de manera muy diferente, y la mayoría de la gente que comete intentos de robo -con armas o sin ellas-, es adicta a algún tipo de droga. La buena noticia es que los adictos no actúan ni por asomo con la calma y suavidad de los leones.

Si prestas atención a la gente que te está observando, ellos dejarán por un momento de acechar tu cámara de fotos y eventualmente te mirarán a los ojos. Sin duda será un momento intenso, pero tu actitud les demostrará que no eres la presa fácil que andaban buscando; lo que me lleva al siguiente consejo:

5. No seas la presa. Sé el león.

La persona que roba está desesperada. Está también dispuesta a arriesgarse, pero como la apuesta es fuerte, sabe que debe sopesar muy bien esos riesgos.

Supón que estás caminando por Madrid con una cámara DSLR que atrae toda la atención. En el preciso instante en el que el depredador pasa de mirar tu cámara a mirarte a los ojos, la evaluación es inmediata: eres o no una presa fácil. Si has ignorado el consejo número uno, por ejemplo, ya te están siguiendo y es sólo cuestión de tiempo hasta que sufras el atraco. Por otro lado, si pareces sobrio, atento y seguro, van a dejarte ir y esperarán a una presa más fácil.

En el supuesto de que estés siguiendo el consejo número tres y notes que te observa un grupito de chicos parados en tu camino, míralos a los ojos, cierra los puños, saca pecho y pásales por al lado caminando con aplomo. Si sabes decir “¿qué tal?” en su lengua, mucho mejor.

Si hay algo que no quieres que pase, es que un depredador te mire como si fueras presa fácil. Quieres que piensen: “hay una buena posibildad de que este tipo no sea el indicado. Voy a esperar a otro turista más débil”.