Foto por Nicolas Alejandro Street Photography

Respetá las reglas de tránsito o frená para dejar pasar a un peatón.

Manejar por las calles de Argentina es una experiencia terrible. Las leyes de tránsito, el sentido común y hasta la cortesía han sido reemplazados por una jerarquía machista basada en el tamaño y la velocidad…de tu vehículo. Como dicen los mismos argentinos, “¡Sálvese quien pueda!”.

Pregunta: ¿Quién tiene el derecho de paso en una intersección? Respuestas: 1) Aquel que no para y sigue de largo. 2) Aquel que tiene el vehículo más grande y/o está en una situación de tránsito que le permitiría infligir más daño a los otros involucrados.

También, y contradiciendo toda regla universal de tránsito, una abrumadora mayoría de los conductores argentinos (¿casi todos?) no suele detenerse para dejar pasar a un peatón. Si lo hacés, preparate para escuchar un coro de “¡movete, boludo!” y tal vez algún que otro choque por la retaguardia.

No tengas nada de cambio o billetes chicos

Simplemente tratá de pagar tu viaje de 12 cuadras en taxi con un billete “grande” y vas a ver lo que te digo…

Usá el mate de micrófono

El mate tiene su propio ritmo. No es como tragar un café a las apuradas. Cuando entrás en el ritmo del mate, vas a darte cuenta que es el ritmo de una charla. Cuando te pasan el mate, tomalo hasta el final, hasta sentir el ruidito del aire entrando por la bombilla. El mate se devuelve al cebador y sin decirle “gracias”, a menos que quieras comunicarle que no querés tomar más mate y que esa fue tu última ronda.

Los argentinos preparan y sirven el mate con mucha dedicación. Preparar el mate con agua que no tiene la temperatura perfecta (justo antes de que hierva), poner la cantidad incorrecta de yerba, jugar con la bombilla, revolver la yerba, soplar burbujitas con la bombilla (¡qué asco!) o “usar el mate de micrófono”, va contra todas las reglas del buen mateador.

Pretende fumar un porro a las apuradas.

Cuando los argentinos comparten un porro, sí lo usan de micrófono. Nada de fumar a las corridas. Una pitadita, una reflexión sobre la vida, otra pitadita y ahí sí se pasa el porro. Así es como también pasan de mano en mano -y de boca en boca- las botellas grandes de cerveza Quilmes. Tranqui, gringo, no hay apuro…

Decí que no te gusta su pizza.

Preparate para estar en el medio de un quilombo si osás comparar tu pizza orgánica, llena de verduritas y “fat free” con las pizzas-sopas de queso argentinas. “La pizza argentina es excelente y única”, “la mejor del mundo”, “muchísimo mejor que la italiana, que es tan sosa”. Y es más, “muchos viajeros vienen a Buenos Aires solo para probarla” ¿Te quedó claro?

Malinterpreta los besitos.

En Argentina, la gente se saluda a los besos, sin importar el género, si son amigos, familiares, amigos de amigos, compañeros de trabajo, siempre se saludan y se despiden con un besito en la mejilla derecha. Por favor, hermano de Estados Unidos, que no te dé un ataque de pánico cuando otro hombre te bese y no pienses que esa chica linda te da un beso porque le gustás. Es un saludo, nada más.

Negate a manipular fuegos artificiales.

El título lo dice todo, ¿no? Sucede durante la Navidad y el Año Nuevo. Hay dos opciones: quedarte en tu casa si no querés perder un ojo o lastimarte de por vida el oído o estar listo para esconderte cuando llegue el momento. Protestar o tratar de explicar los peligros de manipular fuegos artificiales con la mano va a llevarte a ninguna parte y vas a ser el “mala onda” de la fiesta.

Andate temprano de una fiesta o un evento social

Y por “temprano” me refiero a las 2 de la mañana. En Argentina, la frase “lo siento, pero mañana tengo que trabajar temprano” no existe.

Rechaza su increíble hospitalidad.

En el mismo sentido, te va a parecer que los argentinos quieren que comas, tomes y te diviertas hasta que entres en coma. La hospitalidad de los argentinos es, al parecer, tan grande como su ego. Negarte a comer otro plato de ravioles o a probar el sexto postre que te prepararon va lastimar el gran corazón de tus amigos argentinos, siempre listos para abrir su casa y tratarte como a un rey.

Si los encuentras viajando por el mundo, preguntales si hablan portugués.

Buenos Aires no es la capital de Brasil (donde sí se habla portugués), sino la de Argentina, donde se habla castellano.

Duda de sus indicaciones callejeras.

Cuando algún pobre desprevenido les pide indicaciones sobre cómo llegar a alguna parte, los argentinos siguen dos reglas: 1) Nunca dicen “Lo siento, no sé” y 2) Aunque no sepan o no estén muy seguros, inventan en cuestión de segundos indicaciones convincentes, elaboradas y a veces hasta totalmente falsas. Después de un tiempo de vivir en Argentina, vas a poder reconocer cuando alguien te está diciendo la verdad y cuando alguien está “guitarreando”. Cualquiera sea el caso, asentí, disfrutá del show y comprate una Guía Filcar para la próxima vez.

¿Y si hablamos un poquito de los nazis?

Como es sabido, el expresidente Juan Domingo Perón era un filonazi que hizo de la Argentina un lugar seguro para que se refugiaran los criminales nazis, algunos de los cuales se quedaron a vivir en el país y murieron como buenos ciudadanos.

Si bien esto es cierto, decir que la Argentina “está llena de nazis” o asumir que su población tiene las mismas tendencias que Perón, es injusto y, lisa y llanamente, no es cierto. Personalmente, he experimentado más antisemitismo en los Estados Unidos. Lo cierto es que después de la Segunda Guerra Mundial, Argentina fue el país de América Latina que recibió a la mayor cantidad de judíos.

Sé de Estados Unidos…y estate en lo cierto sobre algo.

No digo que no tengan sus razones (simplemente gogleá “Operation Cóndor”), pero la mayoría de los argentinos siente algún grado de antipatía contra Los Yanquis, así como colectivo. Aún si formás parte de un grupo de amigos, cosa que no es nada difícil dada la apertura y la simpatía de los argentinos, hay “algo” que siempre anda dando vueltas, no estoy seguro de cómo describirlo. Una mezcla de celos disimulados, un poquito de sospecha permanente, tal vez un sentido de que para vos la vida ha sido más fácil y por eso “no entendés nada”.

No dejes pasar primero a una mujer embarazada.

Este es un aspecto muy tierno de la cultura argentina (aunque no esté en línea con su trato a los peatones): la gente siempre dejar pasar primero a las embarazadas ¿Sos un mochilero “haciendo cola” para sacar dinero de un cajero automático para irte de copas esta noche y no vas a dejar pasar a esa mujer embarazada cuyos otros dos hijos le están tironeando la ropa y que además gana en un mes lo que vos vas a gastar esta noche? ¡Por favor, dejala pasar ya!

Referite a vos mismo como “americano”.

Esto aplica para todos los países latinoamericanos, pero los argentinos son particularmente susceptibles al hecho de que todos aquellos que nacimos en “las Américas” debemos ser llamados “americanos” y los nacidos en Estados Unidos somos “estadounidenses”.

Después de aguantar que se rían de tu acento, pediles que hablen en inglés.

Imitar el acento gringo es un pasatiempo en Argentina. Puedes haber vivido ahí por años y hablar con tanta fluidez, gracia y usando tanto lunfardo que incluso los otros latinoamericanos te confunden con un argentino…Aún así, en cuanto se te mezclen las eres y las des de “Puerto Madero”, vas a ser blanco de burlas. Y todo el mundo espera que te lo tomes con humor. Pero que ni se te ocurra reírte de como suenan sus “Bob Marley,” “Pink Floyd,” o “Rolling Stones,” o…¡preparate!