Crédito: Made in Plute

Diciéndole que no es capaz de hacer algo.

Posiblemente no haya otra generación más dispuesta a llevarse el mundo y sus estándares puestos que los millennials. Somos la generación más ególatra que haya formado parte de la humanidad en los últimos tiempos. ¿Cómo que tu sueño es sacar diez doctorados en Harvard antes de los veintiuno? ¿Cómo que es mudarte a Japón y convertirte en el director de cine más aclamado de Oriente? ¿Cómo que es llegar a ser presidente del mundo? ¡Eso es imposible! La palabra imposible no existe para la generación que se crió cantando los openings de Digimon y las canciones de Disney. Es sumamente difícil encontrar conformistas entre nosotros.

 

Diciéndoles que tú mismo no te sientes capaz de hacer algo.

Es una buena forma de provocar que casi cualquier millennial salte de indignación. ¿Cómo vas a decir eso?, posiblemente te digamos, ¿Renunciar a tu sueño? ¿No creer en uno mismo? ¡Eso es absurdo! ¡Todo es posible! ¡Así que levántate y ve a perseguir tus metas o me vas a obligar a mandarte a ellas de una patada!

 

Criticando los 90 o los 80.

Las maravillosas décadas en las que nacimos o fuimos criados. ¿Te metes con ellas? ¡Te metes con nosotros! ¡Todo era idílico en ese momento, bucólico, insuperable; la televisión, la música y el cine alcanzaron sus cumbres más altas de calidad; la paz reinaba en el ambiente y el que se atreva a decir lo contrario es que o no había nacido o vivió en una cueva!

 

Atreviéndote a decir que los dibujos animados o los libros de fantasía son solo para niños.

Lo peor es que no nos vamos a quedar en los argumentos sensibleros para contradecirte, sino que pasaremos a darte un buen discurso desde el punto de vista sociológico, histórico, literario, psicológico, artístico o biológico –dependiendo de cuál de todas estas sea nuestra área –para explicarte lo equivocado que estás y mandarte a callar. Al final, sin importar cuánto insistas, posiblemente acabemos manipulándote para que nos cuentes cuál era tu historia favorita y dejes en evidencia que hablabas solo por disimular.

 

Iniciando una discusión intelectual clásica del estilo de la generación X.

Las barreras y prejuicios que los jóvenes de la generación X tuvieron que esforzarse por derribar prácticamente jamás existieron para nosotros, de modo que hablar de esos temas nos parece anticuado y aburrido. De entrada damos por sentado que los prejuicios están mal: la mayoría de nosotros crecimos en un mundo que ya lo sabía. Consideramos que hablar del tema es darle demasiado protagonismo a algo en lo que ni siquiera deberíamos pensar, porque eso sería admitir que tiene cabida en nuestras vidas. ¿Que la existencia no tiene sentido? ¿Que Sartre opina qué cosa? ¿Que la condición de la mujer qué? ¿Que el dilema del otro y las diferencias culturales cuánto? No nos vengas con bobadas: ¡todo eso ya está dicho! Disfrutemos de la nueva música que me descargué ayer…

 

Siquiera mencionando el tema de la animación actual.

Cualquier generación puede pensar que los programas de su época eran mejores, pero para nosotros… ya es personal: ¡Un asco! ¡Ni me hagas empezar, NI ME HAGAS EMPEZAR con esos dibujos horribles y esas series pésimas que ven mis primos! ¿Cómo es posible que vean otra cosa que no sean los clásicos de Disney, de Nickelodeon y de Cartoon Network en la época en la que SÍ eran buenos? ¡Y otra cosa! ¿Qué es eso de la animación por computadora? ¿Es que ya nadie sabe dibujar? ¿Se olvidaron de cómo hacerlo? ¿Se les quemaron todos los lápices? ¡Puf, cómo me enferma! Sí, Frozen está muy bien, pero ¿la vas a comparar con Hércules? ¿Vas a OSAR compararla con El jorobado de Notre Dame? ¿Te vas a atrever?

 

Protestando demasiado.

No te equivoques: nosotros somos capaces de dar monólogos de indignación como nadie, pero también crecimos en una atmósfera demasiado alegre como para estar de acuerdo con la gente que se amarga por cualquier cosa o que da demasiada importancia a asuntos que no nos parecen primordiales –para nosotros lo primordial suele ser lo que esté relacionado con nuestros principios, gustos u objetivos –. ¿Que la administración de la facultad es un desastre? Bueno, no es nada grave, ya se solucionará solo, hakuna matata… ¿Que las hamburguesas de este restaurante están en realidad hechas con ratas? Lo sabemos y son las mejores ratas que hemos probado en nuestras vidas.

 

Diciéndole que no es nadie especial.

Claro que esto puede molestar a cualquiera, pero es prácticamente lo peor que podrías decirle a un millennial, incluso peor que confórmate con lo que tienes.

 

Limitando sus libertades o las de cualquiera.

Reglas simples y totalmente coherentes para otras generaciones no lo son tanto para muchos de nosotros. ¿Qué quieren decir con eso de que necesitamos una visa para visitar tal país? ¡El mundo es un lugar libre, todos somos seres humanos y tenemos los mismos derechos y exijo que me dejen pasar como a cualquier otro! ¿Que tengo que vestirme formalmente para trabajar en esta empresa? ¿Cómo se atreven a intentar cambiarme, a mí, con mi estilo único? ¿Así que el ensayo que tengo que entregar para la universidad debe aceptar como premisa que es correcto el punto de vista que nos explicó el profesor? ¡Ni hablar! ¡El profesor se equivoca, soy yo quien tiene razón y no pienso traicionar mis principios por todos los dieces del mundo!

 

Siendo racista, xenófobo u homófobo.

Alguien de la generación X se indignaría y te discutiría, nosotros directamente te miraríamos como a un monstruo.

 

Y ya que estamos en eso, dándole demasiada importancia a las diferencias culturales.

Es muy común que los millennials viajemos bastante o conozcamos a gente de todas partes en la universidad, pero incluso sin ser así, gracias a internet podemos tener un enorme repertorio de amigos de todo el mundo con los que compartimos muchos intereses en común y es en eso en lo que preferimos fijarnos. Sí, hoy pasé una tarde genial con mi amigo Rachid, mi amiga Denali y mi otra amiga Ruth. ¿Que si son extranjeros? La verdad, no les pregunté… estábamos muy ocupados hablando del último capítulo de Game of Thrones y escuchando la última canción de Imagine Dragons.

 

Negándole algo que tienen los demás.

Lo más común es que los millennials hayamos nacido con los privilegios materiales y las libertades que la mayoría de las generaciones anteriores tuvieron que trabajar muy duro para conseguir. Por lo tanto, damos por sentado que tenemos total derecho a todo lo que recibimos. Si los que nacieron en El Congo tienen la posibilidad de trabajar como cuidadores en una reserva de gorilas, también nosotros deberíamos poder. Y si el que vive cerca de Hollywood tiene la posibilidad de audicionar para extra en una serie, ¿por qué nosotros no?

 

Recordándole la aventura que nunca tuvo.

Sí, ya sé que Peter Pan nunca se apareció en mi ventana… Ya sé que no recibí la carta de Hogwarts, ni me convertí en un niño elegido o una sailor scout, ni encontré una puerta a otro mundo que necesitara mi ayuda o tuve la oportunidad de volar en un dragón de la suerte… No me caí por un agujero de conejo, ni me metí en un castillo ambulante, ni salvé a la Tierra Media, ni encontré un misterioso juego de mesa en mi ático, ni descubrí que mis juguetes estaban vivos… YA LO SÉ. ¿Es necesario que me lo repitas? ¡Qué molesto! Mejor no ahondes en esa herida con un millennial….

 

Diciéndole que ponga los pies sobre la tierra.

Todo lo anterior puede dar demasiado claramente la idea de que somos poco realistas, pero en realidad no es así, ya que solo describe la línea general de nuestro pensamiento o forma de sentir y no siempre de nuestra forma de actuar. Vemos los obstáculos, pero no nos quedamos haciendo pataletas, sino que aceptamos que somos nosotros los que tenemos que cambiar las cosas para que el resto del mundo acepte a su vez nuestras premisas. Por lo tanto, ya tenemos los pies en la tierra, pero eso no nos puede hacer apartar la vista del infinito y más allá.