Esa vez que fui el último domingo de las vacaciones de verano

 

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Foto: @rulo.luna

 

Por suerte, mi plan en aquella ocasión no era hacer una visita exhaustiva a la Ciudad de los Dioses. De haber sido así, mi frustración habría sido más grande que la Pirámide del Sol. Todo empezó a pintar mal cuando me encontré con una fila de autos sobre la carretera un par de cientos de metros antes de entrar a la zona arqueológica. Después de un rato, uno de los encargados del lugar se acercó a comunicarme que los estacionamientos se encontraban llenos y que iba a tardar una hora más o menos en ingresar. Sus palabras fueron una profecía bastante acertada.

Cuando por fin logré entrar a la zona arqueológica la cosa fue mucho más llevadera. El descomunal tamaño de la antigua ciudad hace que cantidades impresionantes de gente se diluyan fácilmente entre sus distintos atractivos. Sin embargo, la densidad turística se hacía presente para acceder a las zonas de tamaños más modestos. Para entrar al Palacio de Quetzalpapálotl, por ejemplo, había una fila que prometía una buena media hora de espera y dentro había varias personas agilizando la circulación de los visitantes, por lo que la experiencia no valía mucho la pena. Las multitudes también se hacían sentir en las escaleras de las pirámides del SoL, de la Luna, pero principalmente en el templo de Quetzalcóatl.

¿Qué hice mal? Venir en domingo, especialmente en un domingo de esos que obligan a salir de casa por el buen tiempo. Teotihuacán es sumamente disfrutable si lo puedes apreciar a tus anchas y sin hacer filas para todo. Evita los fines de semana, pero sobre todo los domingos antes de un lunes feriado, la Semana Santa y pon especial atención en no visitar Teotihuacán —accidentalmente— durante el equinoccio de primavera, que es la fecha en la que la zona arqueológica recibe más visitantes en todo el año.

 

Aquella ocasión en la que creí ser a prueba de quemaduras

Si está nublado, ¿por qué necesitaría bañarme en bloqueador? Esas palabras retumbaron en mi mente durante los días que me duró la quemazón en cara y brazos. Para estar tan cerca de la Ciudad de México, Teotihuacán no podía ser más distinto: el clima es semidesértico y el sol pega con tubo —y hay que tenerle respeto incluso en días nublados. Uno de los errores más comunes de los que visitan esta antigua metrópoli por primera vez es no tomar las precauciones adecuadas contra la deshidratación y la insolación.

No importa que tan acostumbrado estés a sobrevivir en condiciones climáticas extremas, ven equipado al menos con un litro de agua, una buena capa de bloqueador solar y un sombrero o algo que evite que el sol te caiga a plomo sobre la cabezota. En las áreas de souvenirs junto a los estacionamientos podrás encontrar todo lo que se te haya olvidado en casa, incluyendo sombreros que van desde un coqueto fedora hasta ese típico sombrero gigante que seguro ya te estás imaginando. Ojo que las botellas de agua irán incrementando sustancialmente su precio mientras más te internes en la zona arqueológica.

 

Todas esas veces que fui sin entender nada

Ir a Teotihuacán solo para ver las pirámides es como pedir un chile en nogada solo para tomarle una foto. Claro que Teotihuacán es una experiencia que involucra contemplación y asombro, pero un poco de contexto hace una gran diferencia. Recuerdo todas esas ocasiones en las que visité la zona arqueológica a través de excursiones escolares que se resumían en comprar figuritas y subir la Pirámide del Sol a todo galope. Recientemente me he puesto a estudiar sobre la historia de Teotihuacán y déjenme contarles que la última vez que visité la ciudad, mi experiencia fue muchísimo mejor que en los lejanos ayeres de las visitas de la primaria.

En la red hay muchísimo material sobre la historia y los detalles de Teotihuacán, puedes empezar por Wikipedia y seguir con esta guía que escribí hace un par de meses. Si de verdad te comienzas a interesar en el tema, te recomiendo que le eches un ojo al libro, Teotihuacan: City of Water, City of Fire, en donde se encuentra el catálogo de la exhibición de piezas teotihuacanas más importante de los últimos años y un compendio de los descubrimientos más recientes relatados por los expertos en la materia. La exhibición a la que hace referencia el libro se encuentra en el Phoenix Art Museum hasta el 27 de enero de 2019.

Si no tienes tiempo o ganas de ponerte a estudiar, puedes contratar los servicios de un guía en la zona arqueológica. No dejes que el dolor de piernas del día siguiente sea lo más relevante de tu visita a una de las ciudades más importantes del mundo antiguo.

 

Aquella vez en que pagué cincuenta pesos por una quesadilla

 

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Foto: @miffmelon

Cuando sales al circuito que rodea la zona arqueológica, cientos de personas se van a lanzar a tu encuentro prometiendo las perlas de la virgen a cambio de que entres a su restaurante. Cada cien metros te vas a encontrar con un nuevo mejor restaurante de la zona. Algunos de estos no son malos, pero muchos son simples puestos de antojitos con precios descarados que aprovechan la gran afluencia de extranjeros en el lugar.

Si quieres ir a la segura, te recomiendo visitar La Gruta. Este restaurante se encuentra a unos metros del circuito y tiene un menú bastante amplio con precios accesibles. Lo mejor es la ambientación del lugar, que se ubica al interior de una cueva y los fines de semana tiene espectáculos de danza folclórica. Tendrás que esperar un poco por una mesa, pero cuentan con un bar en el que puedes descansar un rato mientras aguardas tu turno.

 

Esa vez en la que quise entrar con tripie en mano

Atención fotógrafos, la zona arqueológica de Teotihuacán es un monumento histórico protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. ¿En qué nos afecta esto? Pues en que no está permitido tomar video o fotografía profesional sin un permiso por escrito emitido por las autoridades correspondientes. ¿Cómo se traduce eso de fotografía profesional en términos prácticos? Para no hacerte el cuento largo: está prohibido entrar a Teotihuacán con trípodes de cualquier estilo.

Parece una molestia menor, pero si vas en uno de esos tours en los que la camioneta desaparece después de dejarte cerca del sitio, podrías pasar un mal rato si te encuentras varado a la entrada de la zona arqueológica sin saber qué hacer con tu tripie. Tampoco está permitida la entrada con drones, y aunque la mayoría de los vigilantes parecen no hacer mucho caso a esta restricción, vale la pena tenerlo en cuenta.

 

Todas esas veces en las que sólo fui a las pirámides

 

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Foto: @tlatollotl

 

Teotihuacán es mucho más que su centro ceremonial. Como muchos otros visitantes, yo también me pregunté durante mucho tiempo dónde se encontraban las áreas habitacionales de la ciudad. Mi duda se mantuvo hasta ese dichoso día en el que un grupo de amigos organizó una visita a un lado de Teotihuacán que yo desconocía por completo: los complejos arquitectónicos de Tetitla, la Ventilla, Atetelco y Tepantitla.

Estas áreas habitacionales se encuentran a los alrededores del centro ceremonial —hay indicaciones de como llegar por todo el circuito— y se encuentran abiertas al público. Muchos de los palacios que puedes visitar en estas áreas están adornados con algunos de los murales mejor conservados de todo Teotihuacán. Al igual que en la zona arqueológica principal, es muy recomendable que contrates los servicios de un guía autorizado para que tu visita sea lo más provechosa posible.

Si ya recorriste toda la zona arqueolçogica y todavía tienes tiempo, date una vuelta por San Juan Teotihuacán. En el centro se encuentra el ex convento de San Juan Bautista, una pintoresca construcción del siglo XVI. También vale la pena darse la vuelta por el mercado, que tiene unos puestos de comida buenísimos y donde también podrás encontrar dulces elaborados con xoconostle y otros ingredientes de la región. Los lunes son días de tianguis y el de Teotihuacán es de los buenos, bonitos y baratos. También puedes pasar al ex convento de San Agustín en Acolman —a menos de diez minutos de Teotihuacán. El interior del convento sirve como museo virreinal, pero el edificio es una verdadera belleza que vale la pena visitar si estás por el rumbo.