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Cómo reconocer a un ecuatoriano en el extranjero

by Jess López 23 Nov 2015

1. Salimos corriendo atrás del bus con la esperanza de que nos pare.

Cuando el bus pasa y todavía no llegamos a la parada, empezamos a correr y chiflar con la esperanza de que el conductor nos escuche, se compadezca y pare. También estamos siempre listos para “bajarnos al vuelo”: por años hemos venido desarrollando la habilidad de bajarnos del bus cuando aún está en movimiento, aterrizando en la vereda sin golpearnos, caernos o arrugar el traje.

2. Pagamos fortunas por un verde, un tomate de árbol o queso fresco.

Uno de los lugares donde podrás reconocer a un ecuatoriano es en el mercado. Nos verás cautelosamente buscando esos deliciosos productos de la tierrita, que suelen ser difíciles de conseguir, como el verde, el tomate de árbol y el queso fresco. Los puesteros no entenderán de qué hablamos y nos tocará así sea con señas explicar de qué se trata y cómo se prepara.

3. Dominamos el arte de pedir yapa.

Nos escucharás pidiendo yapa (“Y no regala alguito por las compras”), pidiendo rebaja (“descuento ha de hacer, así como para volver”), incentivando promociones (“tres por dos ha de ser, ¿qué dice?”, verá que le estoy comprando bastante”), o recurriendo a la vieja técnica del redondeo (“ya, todo por diez”).

4. Cuando vamos al mercado, buscamos a la casera o al casero.

Cuando ubicamos al puesto pepa que nos da yapa, que nos consigue los productos o que nos da rebaja, se convierte automáticamente en nuestra casera o casero. Eso significa que le guardamos absoluta lealtad y será el primer puesto que visitemos al ir al mercado.

5. Además, donde estemos, buscamos el equivalente a “los agachaditos” o “las huecas”.

Al llegar a un nuevo país, una de las misiones más importante para un ecuatoriano será encontrar ese lugar en la calle donde se come bien y abundante por poco dinero. Si quien sirve es una mujer, inmediatamente pasa a convertirse en “la madrina”.

6. Guardamos el puesto.

Para los ecuatorianos, los accesorios como bolsos, bufandas, chompas y sacos tendrán siempre una función extra: guardarle el puesto al pana que llega tarde. Y cuando se trata de hacer fila, nos verás parados con las piernas abiertas, ocupando físicamente el espacio de dos personas o hasta tres. Es así: el primero que llega es solidario y guarda puesto al resto, especialmente si se trata de eventos sin puestos numerados o de largas filas.

 

7. Señalamos de una manera particular…

Mamita siempre nos dijo que señalar con el dedo es de muy mala educación, así que para no ser malcriados usamos otras partes de nuestro cuerpo para señalar, como los labios por ejemplo. Lo hacemos de la siguiente manera: identificamos el objeto o la persona en cuestión, abrimos los ojos levantando las cejas, hacemos muchita (al estilo puchero) y señalamos. Fácil.

8. Nos tomamos el almuerzo en serio (y con arroz).

Para los ecuatorianos, la comida más importante y abundante es la del mediodía. Los sanduchitos, ensaladas y esos aperitivos que en otros países suelen comerse al almorzar, para nosotros es un “ni a la muela”. Estamos acostumbrados a comer una seguidilla de platos: sopa, segundo y jugo hacen un completo. ¡Ah! Y almuerzo sin arroz blanco, no es almuerzo.

9. El «ají» es un elemento importante para acompañar nuestras comidas.

Es que todos sabemos que la comida mala, con ají resbala.

10. Sonamos como promotores turísticos.

Cuando estamos lejos de la patria, automáticamente nos convertimos en promotores turísticos, y en general recurrimos al mismo argumento: le explicamos a quien esté dispuesto a escuchar que Ecuador -a pesar de ser pequeño- tiene una gran diversidad de lugares en cuatro maravillosas regiones. Y que ir de un lugar a otro no te tomará mucho tiempo, así que somos algo así como el país “combo”, todo en uno (all you need is Ecuador).

11. Le sacamos los diablos a la botella de licor.

Si alguna vez te encuentras con alguien que pone de cabeza a una botella de trago y la golpea en la base con el codo antes de abrirla, probablemente sea un ecuatoriano. Estará intentado sacarle los diablos a la botella, para que no patee el trago y al día siguiente el chuchaqui no sea devastador.

12. Colocamos en nuestra agenda todo evento, reunión o degustación que no implique meter la mano al bolsillo.

Es que nos gusta la palabra “gratis/free”…

13. Llegamos a la casa comprando el pan.

La frase “el pan nuestro de cada día” se aplica de manera literal en el hogar ecuatoriano, en cualquier huso horario. En nuestra mesa no puede faltar el cafecito con pan de la tarde y en algunos casos del desayuno también.

14. Llevamos la camiseta de la TRI para lucirla en cada partido sin importar si pierde, gana o empata.

Sabrás cuando juega la selección del Ecuador, porque ese día todos nos ponemos la camiseta. Cuando empacamos, sin la camiseta no se cierra la maleta.

15. Hacemos que el cumpleañero muerda el pastel.

Si invitas a tu cumpleaños a un ecuatoriano, muy probablemente te hará morder el pastel después de haber soplado las velas y pedido un deseo. Aunque en tu imaginario creas que una mordida es un leve acercamiento de tu boca al borde del pastel, te darás cuenta que en realidad a lo que nos referimos es que tu cara estará cubierta de pastel y nosotros probablemente te ayudemos con eso.

16. Vamos siempre en grupo y animamos cualquier evento.

Los ecuatorianos valoramos mucho la amistad y cuando ya tenemos nuestra gallada, vamos en gajo a todo lado. No es que le tengamos miedo a la soledad… pero sabemos que con el grupito ameno es siempre más bacán. Aunque a veces organizarse para hacer algo puede ser un poco complicado, a la final la pandilla alegra cualquier plan. Somos como un grupo de animación de todo tipo de evento, al puro estilo de la “hora loca”.

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