Crédito: Juan Alvarez

Utilizamos el verbo coger.

Si alguien coge una chaqueta para la noche, coge la cama con ganas, o sugiere coger a tu hermana en el aeropuerto, probablemente es español y definitivamente no sabe lo que está diciendo.

Amigos mexicanos, no lo tengan en cuenta. Lo que esa persona en realidad quiere es llevar una chaqueta, dormir en la cama e ir a buscar a tu hermana.

 

No entendemos que un si signifique no.

Aunque “hablamos el mismo idioma” y no tenemos características físicas especialmente diferentes, nuestro acento y forma de entender el mundo nos delatan tan pronto ponemos un pie en el país de Frida Khalo.

Si los españoles tenemos que negarnos a hacer algo, lo haremos abiertamente: No voy a  ir a tu fiesta, no hay WIFI en el hotel. Cuando un mexicano diga que si irá a la fiesta o que si hay WIFI en el hotel, y luego no vaya o no haya WIFI, quedaremos profundamente desconcertados. Inicialmente, pensaremos que esa persona es una maleducada o una mentirosa. Si sabía que la respuesta a su pregunta era “no”, ¿por qué no lo dijo?

 

Alucinamos al entrar en una licorería.

En España no existe el concepto “licorería” como existe en México. No tenemos establecimientos así de baratos donde comprar alcohol y menos en garrafas de varios litros a precios de risa. Cuando entramos en una de ellas por primera vez, alucinamos. ¡¿Cómo puede ser tan barata la bebida?!

 

No queremos bajarnos de la hamaca.

Esto es un punto de inflexión en la vida de todo español que viaja a México por primera vez. Casi seguro que en España no tiene una hamaca, puede que quizá nunca se tumbase en una antes, y de repente ¡zas! Ahí está: una hamaca en la puerta de tu habitación solo para él.

Una vez que la pruebas estarás perdido para siempre: no querrás bajarte, no querrás dormir en otro sitio pero, sobre todo, ¡no querrás volver a casa sin una de ellas!

 

No diferenciamos una enchilada de un taco. 

En realidad, un español recién llegado apenas diferencia nada de una carta mexicana. A él, gran parte de la comida mexicana le parece exactamente lo mismo: tortas de maíz con cosas.

Nos lleva mucho tiempo (meses, quizá años) entender los matices de esta gastronomía.

 

Ni distinguimos entre tequila y mezcal.

Acostumbrado al tequila de garrafón de su pueblo, para el español es casi imposible apreciar los matices de sabor entre una y otra bebida. Compréndelo, probablemente el mejor tequila que ha probado en su vida es José Cuervo.

 

Inicialmente, vamos con miedo.

A los españoles se les dice que en México la gente anda pegando tiros por la calle. Ridículo, sí, pero desgraciadamente esta es una idea muy extendida al otro lado del océano. De ahí que muchos españoles vayan con mucho, muchísimo miedo cuando visitan México y, sobre todo, cuando andan por el DF.

 

Tenemos problemas con el picante.

Por norma general, para un español todo será picante. Ahora, depende de sus gustos pueden ocurrir dos cosas: que pida todo por defecto no picante; o que se eche salsas picantes sin control. En ambas situaciones será muy fácil reconocerlo: el primero es el que come con miedo, el segundo el que está rojo, tose, tiene lágrimas en los ojos y no deja de beber agua.

 

Nunca utilizamos la expresión ahorita mismo.

El español traduce ahorita mismo como casi seguro que esto no va a pasar nunca. Si emplea esta expresión lo hará con toda la ironía del mundo y probablemente con mucha mala leche.

 

Todo nos parece lento.

La gente que trabaja en la oficina de turismo, los del hotel donde se hospedas, el conductor con el que ha quedado para que te lleve de paseo… No importa la velocidad con la que desarrollen su actividad, al español esta velocidad le parecerá lenta, lentísima.

 

Nos quejamos mucho.

Siempre más que un mexicano. El español se queja del calor, de lo picante que está la comida, de que no distingue un taco de una enchilada, de que le tomen el pelo (¿por qué le dicen si si en realidad quieren decir no?), de lo inseguro que se siente. Peor aún, además de quejarse comparará México con España cada cinco minutos.

Esto es hasta que empieza a relajarse y disfrutar de aquel país que, por suerte, aún es muy diferente de España.

 

Eventualmente, pecamos de ponernos el sombrero mexicano en el karaoke. 

No importa que vayamos a cantar un bolero Luis Miguel, una ranchera de Chavela Vargas o un corrido de Vicente Fernández, el español -quizás un tanto confundido por el tequila y el mezcal- se pondrá un sombrero mexicano para hacerlo. Si se ha pasado con el tequila y el mezcal puede que hasta dos, uno encima del otro.