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Durante muchos años me ponía excusas para no viajar fuera del país. Que era muy caro, que tenía que terminar de estudiar primero, que hacía frío, que hacía calor.

Pero la verdad es que tenía miedo de volar. Y solo lo acepté una vez que mi deseo de conocer el mundo fue más poderoso que mi temor a estar sobre las nubes en un sorbete de acero. Ahí fue cuando tomé un par de martinis y abordé por primera vez un avión para viajar fuera de los Estados Unidos.

Me di cuenta de que, en realidad, no había nada que temer. Desde aquel primer triunfo, me he convertido en un ávido viajero internacional. Aún así, cada vez que tengo que volar me pongo nervioso, por lo que a lo largo de los años he dado con estos cinco trucos que me ayudan a disminuir la ansiedad.

1. Hay que saber qué esperar

Si no sabes qué te espera a la hora de volar, mientras estás en el aeropuerto y durante tu tiempo en el avión, tu mente va a empezar a fantasear lo peor.

Lo mejor es familiarizarse con lo que vas a ver y oír durante el vuelo. Tener información previa sobre las turbulencias y los movimientos durante el vuelo va a ayudarte a formar una noción más realista de lo que va a pasar o puede llegar a pasar.

Habla con amigos que hayan volado. Pídeles que te describan el proceso desde el principio hasta el final. Pregúntales sobre las turbulencias, si han tenido “malas experiencias”. Hay muchas probabilidades de que te respondan que sí, pero lo mejor es que están aquí para contarlo.

Flyingwithoutfear.com es un sitio maravilloso con mucha información gratuita. Puedes escuchar los sonidos que vas a experimentar, desde el motor del avión durante el despegue hasta los llamados del personal de la aerolínea a la hora de abordar.

Hay vídeos que describen exactamente lo que vas a ver durante un vuelo. Incluso puedes sumarte a un grupo de apoyo para discutir tus miedos con otros viajeros.

2. Entiende por qué volar es muy seguro

Todos hemos escuchado: “Tenés muchas más probabilidades de morir en un accidente de autos camino al aeropuerto que en un accidente de avión”.

Esto es cierto. Las estadísticas nos muestran que hay entre 500 y 1000 probabilidades más de que pierdas tu vida en una autopista. Y sin embargo -tenemos que aceptarlo-, estos números no logran calmar nuestro temor porque ¡seguimos sin estar en control del avión!

Pero pensemos un poquito, ¿cuántos conductores están realmente en control de los autos que otros manejan? ¡Ninguno! Estoy muy seguro de que los más de cuarenta mil estadounidenses que mueren por año en accidentes de tránsito, no lo hacen estando “en control” de la situación.

Considera que desde 1970 se han registrado solo 58 eventos fatales en 16 diferentes aerolíneas de Estados Unidos y Canadá. Eso es un total de 36.6 eventos fatales (por lo menos una persona murió) cada 16 millones de vuelos.

Si bien es posible que estos números no te hagan perder los nervios a la hora de viajar, deberían aumentan tus esperanzas de llegar a destino sano y salvo.

3. Siéntate cerca del ala y respira el aire fresco

Entrar al avión es sólo una parte de la batalla. Aún tienes que lidiar con tus nervios durante el vuelo.

El aire fresco del aire acondicionado es relajante. Abre la válvula completamente y apunta el aire directamente sobre tu cara. No solo va a ayudarte a calmar tu respiración agitada, sino que también va a mantener tus axilas un poquito más secas (querrás minimizar la cantidad de sudor sobre la ropa que vas a tener que usar durante las próximas horas).

Si la idea de una turbulencia es tu peor pesadilla, siéntate cerca del ala. Hay un consenso general sobre la mayor estabilidad que provee esta ubicación.

También es posible que experimentes una turbulencia mucho más intensa si estás sentado en el fondo del avión. Lo mejor es sentarte en el centro.

4. Haz de cuenta que estás en un autobús

Parece demasiado simple, ¡pero funciona! Cierra los ojos e imagínate que estás en un autobús.

Una vez que ya pasó el despegue y cuando el avión está volando a una altura estable, realmente no hay mucha diferencia con lo que se siente al viajar en un autobús.

Las turbulencias se parecen a andar en un camino lleno de baches. Y la posibilidad de que tu vecino de asiento se duerma sobre tu hombro es la misma así estés en la ruta o en el aire a 35.000 pies sobre Alaska.

5. Para obtener sedantes, solo tienes que visitar a tu médico

Cuando no encuentras la manera de aplacar tus terrores y tienes el pensamiento recurrente de cancelar tu vuelo, pide una cita con tu médico.

Explícale tu situación y pídele que te prescriba algún sedante, en la dosis que considere apropiada. No hay nada de que avergonzarse.

Con una o dos de estas pastillitas, seguramente no te sentirás liberado de tus miedos, pero al menos no te encontrarás tan tenso. Simplemente asegúrate de tomar el sedante una vez que ya estés en el aeropuerto, o si lo haces antes de salir, no manejes. Y por favor no te duermas en la sala de embarque ¡o vas a perder tu vuelo!

Si el tomar un tranquilizante no es una opción para ti, recuerda que la mayoría de las aerolíneas ofrecen tragos, a veces como cortesía o también puedes pagarlos con tarjeta de crédito.

Uno o dos tragos pueden calmar tus nervios, pero no tomes demasiado, porque el alcohol te pega peor cuando estás en el aire que mientras estás en el suelo.

El no superar tu miedo a volar puede hacerte perder la oportunidad de viajar por el mundo. La confianza que ganas cuando pones el pie en otro país es dos veces más grande cuando lo haces a través de transitar y superar tus miedos.