Muchos destinos maravillosos se encuentran a gran altura. Y si bien esto no es un impedimento para disfrutarlos, lo cierto es que debemos tener cuidado con el “mal de altura” o mal agudo de montaña (MAM), también conocido como soroche, apunamiento, yeyo o mal de páramo.

 

¿Qué es exactamente el MAM? ¿Cuáles son los síntomas?
Se trata de reacciones fisiológicas causadas por la poca adaptación de nuestro organismo a la falta de oxígeno, cuando ascendemos rápidamente a altitudes superiores a los 2400 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.). En algunos individuos, los síntomas no llegan a manifestarse. En otros, demoran algunos días en aparecer, y hay quienes los sienten algunas horas después de ascender.

Algunos de los síntomas son dolor de cabeza, mareos, fatiga, agotamiento físico y agitación. También existe la “sensación de zombi”, que se caracteriza por la falta de concentración, de hambre y de energía. También pueden presentarse trastornos del sueño, trastornos digestivos, náuseas o vómitos. Los casos más severos causan edema pulmonar y/o edema cerebral.

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¿Qué precauciones debemos tomar para evitar o minimizar el “mal de altura”?

 

1. Empecemos por lo obvio: si posees alguna enfermedad crónica o condición médica, consulta con tu médico antes de viajar.

Además, presta atención a los medicamentos que consumes, ya que la combinación entre la altura y sus efectos puede no ir bien con el compuesto químico. Incluye esta pregunta en la consulta con tu médico.

 

2. Ten en cuenta que la clave es que el tiempo de aclimatación sea paulatino.

La realidad es que -por más preparado que te encuentres físicamente- al superar los 2500 m.s.n.m., el mal de altura afecta a todos por igual.

Si tu viaje incluye deportes en altura, comienza a prepararte lo antes posible. Por ejemplo, lleva tu mochila y camina por las cimas más cercanas a tu hogar. Toma en cuenta los consejos sobre cuánto subir diariamente y los tiempos requeridos de permanencia a la misma altura.

 

3. “Bebe antes de tener sed, come antes de tener hambre, abrigate antes de tener frío y descansa antes del agotamiento”.

Esto es especialmente importante si llegas a una ciudad en altura (como Quito, por ejemplo) y tus actividades te obligan a no tener mucho tiempo de aclimatación. Recuerda que en la altura el cerebro demora más tiempo en dar los avisos.

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4. Muévete tranquilo, a ritmo lento.

En algunos países le decimos ir a “paso de tortuga”. Sin apuro, sin correr, haz todo tranquilo, porque si no la altura pasa factura.
Al llegar a La Paz (Ciudad a más de 3600 m.s.n.m.) fui recibida por un grupo de amigos brasileros, que estaban allí hace varios años estudiando Medicina. Como bienvenida me organizaron una cena grupal donde danzamos por dos horas sin parar. Siendo que ya había subido dos laderas para llegar a la casa… Déjenme decirles que al día siguiente me sentía exhausta,
Tómenlo con tranquilidad, el ritmo al inicio es aconsejable que sea lento.

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5. Evita consumir alcohol y fumar cigarros.

El alcohol ayuda a deshidratar tu cuerpo, por lo que aumentará la probabilidad de que contraigas el MAM. Si tienes dificultades respirando, imagina cómo se sentirá tu cuerpo luego de un cigarro.

 

6. Vístete en capas para proteger tu temperatura corporal.

Cuando comienzas la excursión, es probable que no haga frío. Pero a medida que vas ascendiendo, el clima y la temperatura pueden ir cambiando. Además, si el plan incluye quedarse a dormir, la amplitud térmica se hará sentir (en algunos lugares del planeta la diferencia de temperatura entre el día y la noche puede ser de 50°C).

 

7. Carga contigo los remedios locales.

Si estás en Bolivia, Perú, Ecuador o Colombia, puedes probar alguno de los remedios locales. El más común son las hojas de coca, que si bien es la misma planta con la que se produce la cocaína, su composición y efectos naturales distan bastante.

La coca ha sido usada por miles de años entre los indígenas de nuestro continente y sus propiedades para tratar el soroche son muy buenas. Puedes ingerir las hojas de coca de varias maneras.

En países como Bolivia y Perú, el té de coca es común en los desayunos y meriendas de cualquier lugar al que vayan o se alojen. Otra opción es mascarlas. Debes masticarlas y colocarlas a un costado de la boca. No hay que tragarlas, sólo dejarlas allí mientras segregan su jugo (que no es el más agradable del mundo). Si te resulta intragable, prueba con los caramelos de coca.

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La hoja de coca también es buena para aliviar dolores menstruales, o dolores de cabeza, dentales y musculares. También actúa como estimulante (como el café y otros tés). Y según dicen, ¡hasta ayuda a mantener los dientes blancos como perlas!

Las pastillas “para el soroche” se pueden comprar sin receta en la mayoría de los países y se debe empezar a tomarlas antes de comenzar a ganar altura, continuando con una dosis cada 12 horas. Son muy económicas y eficaces, y ayudan tanto con la irrigación sanguínea como con nuestra capacidad respiratoria. Cargar contigo un antiinflamatorio o aspirina también puede ser de ayuda en la altitud, pues lo más probable es que experimentes un fuerte dolor de cabeza al menos una vez.

 

8. Utiliza bloqueador solar, sombrero y anteojos.

Esto no está relacionado directamente con el “mal de altura”, pero también es importante de recordar. Los rayos solares son más fuertes a mayor altitud, así que protégete bien.
Cuando llegué a la ciudad de Coroico, me alegré por estar a 1750 m.s.n.m. La respiración lo agradecía y el frío nocturno también. El problema fue que me olvidé que días nublados también nos bronceamos y olvidé colocar protector solar durante todo el día. Por más que el sol no esté brillando, acuérdate que cuando más alto estamos, más cerca de los rayos solares nos encontramos. Protégete bien y no tendrás inconvenientes.
 

9. Viaja acompañado y con alguien que conozca la zona.

Si te aventuras en las montañas y no tienes mucha experiencia, lo más recomendable es que vayas acompañado. Así, en caso de emergencia o de que experimentes los síntomas del Mal Agudo de Montaña, tendrás alguien en quien apoyarte.

 

10. Es probable que debas adaptar tu dieta.

Es preciso que estés bien alimentado para contar con las energías necesarias para afrontar el ascenso. Aunque utilices algún medio de transporte y no realices esfuerzos, igualmente tienes que alimentarte con bastantes hidratos de carbono fácilmente digeribles en pequeñas dosis, como por ejemplo frutas, jaleas y alimentos con almidón.

Además, como ya sugerimos en el punto 3, bebe mucha agua, más de lo que consumes regularmente. La altitud, el aire seco de montaña y la tasa incrementada de respiración pueden llevar a la deshidratación.   

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