1. El humor venezolano es como el jengibre…

Es sabroso pero “pica”.
“Picarse” es la acción de molestarse a causa del “chalequeo”, y como bien lo dice el refrán, “¡El que se pica es porque ají come!”. Sepan que quien se “pica”, es propenso a sufrir un “chalequeo” más intenso.

 

2. Y eso del “chalequeo”, ¿con qué se come?

No hay certeza alguna de cuándo se utilizó por primera vez la palabra chalequeo, ni quién la delimitó o definió. Sólo sabemos que proviene de “halar el chaleco” (de acuerdo al diccionario de venezolanismos) y hoy en día significa bromear en exceso, casi al ras de la burla, hiriendo orgullos pero sin llegar al bullying… Aunque casi casi.

El venezolano en general es “chalequeador” por excelencia y hará un chiste de cualquier cosa que le pase a él mismo o a los demás. Les cuento una pequeña historia, a modo de ejemplo. Salió una noticia en el periódico: se había fugado un delincuente, que casualmente tenía el mismo nombre que un compañero de la oficina en que yo trabajaba. Inmediatamente escaneamos el artículo, pero en el lugar de la foto del delincuente colocamos la foto de nuestro compañero y la hicimos circular por e-mail a todos los trabajadores. Incluso se imprimieron un par de copias y fueron colocadas en el comedor… Pobre de nuestro compañero: cuando llegó, no le quedó más que reírse y “admitir sus fechorías”.

 

3. Si hasta nos saludamos con insultos y chalequeos…

Mejor que explicarlo, aquí les dejo un audio del comediante criollo Emilio Lovera, que se ríe de esto en el primer minuto de su monólogo y luego de los acentos venezolanos (ver el siguiente punto).

 

4. Se nos dan muy bien los acentos.

Podemos imitar fácilmente cualquier acento de nuestro país: Maracucho, Guaro, Andino, Llanero, Coriano, del centro, u oriental. Nos valemos de esa habilidad para hacer chistes haciendo referencia a esas regiones. En particular, la mayoría de las veces nos aprovechamos de la gentileza de los andinos y hacemos bromas referentes a ellos. ¡Y cuidado! Incluso se nos dan bastante bien los acentos de otros países. Ya haremos lo posible por imitarte, amigo latinoamericano.

 

5. Nos reímos de los infortunios.

Eso es una de las cosas más comunes de nuestro humor, reírnos de los infortunios tanto propios como ajenos. Es sencillamente buscarle el lado positivo a un mal día o a una mala racha, y en general implica exagerar mucho para sacar una sonrisa a quién lo necesita.

El reconocido humorista venezolano Benjamín Rausseo, mejor conocido como “Er conde del Güacharo”, hizo toda su fama y su fortuna haciendo chistes sobre sus infortunios. Los hace tan bien, que siempre llena los lugares a los cuales va a presentarse. En una entrevista sobre su gira “racionado y sin luz”, Er Conde dijo que “desde Gómez pa’cá, siempre los humoristas han sido como una válvula de escape para que las presiones (sociales) no sean tan fuertes”. Lo que me lleva al siguiente punto…

 

6. El humor venezolano es cosa seria.

Aunque parezca contraproducente, la mayoría de los venezolanos hacen uso del humor para temas serios y muy reales. Caricaturistas y humoristas (como Laureano Márquez, por mencionar a uno) utilizan el humor para enfatizar la situación política y social de Venezuela.

Lo mismo hacen algunas redes de noticias paródicas, como la que dirige Juan Andrés Ravel, en donde las noticias tienen este tipo de enunciados: “Cartera de señora con 2 aspirinas y un digestivo se convierte en la farmacia más surtida del barrio”. Ante la elección de reírnos o llorar, hacemos lo posible por elegir reírnos.

 

7. El humor venezolano es más exagerado que caída de futbolista.

Esto no es discutible, forma parte de nuestro día a día. Pero en el arte de la exageración… los maracuchos y los orientales son los maestros. Aquí, en este artículo, tienen muchos ejemplos de exageraciones maracuchas. Un compañero de trabajo decía que él ya no se molestaba en sacar a pasear a su perro… que sólo le daba dinero y el perro tomaba el bus, paseaba solo y hasta compraba el pan cuando venía de regreso a casa. Yaaa.

 

8. Nos encantan los “Chinazos”.

Algo tan simple como una preocupación por un amigo con fiebre, provocará chinazo y chalequeo, al estilo “tócale la cabeza que la tiene caliente… ¡Chinaaaaaaaaazo!”. Ese término, chinazo, da cuenta de todo lo que se puede tomar en doble sentido (aunque esa no haya sido la intención).

 

9. Reescribimos canciones.

Muchas veces, improvisando en una reunión de amigos, podemos tomar cualquier canción conocida y cambiarle la letra para volverla graciosa en el momento. Más aún si con la nueva letra se puede “chalequear” a un pana.

 

10. ¿Y qué me dices del “¡Aaaay vale!” o su sinónimo occidental el “¡Aaaaay Verga!”?

Se trata de dos expresiones utilizadas especialmente entre grupos de hombres, cuando alguien hace algo “afeminado” o algún chinazo muy evidente delante de sus panas chalequeadores. Por ejemplo, si a un hombre se le sale un grito al ver una cucaracha volar, se le responderá casi al unísono con un gran “¡Aaaaaay vale!” o “¡Aaaaaay Verga!” (dependiendo del lugar de Venezuela donde te encuentres). Luego, seguirán comentarios como “se partió esa galleta de soda” o “se perdieron esos teteros de mondongo”.

 

11. No hay momento inoportuno para el humor venezolano.

Surge cuando menos te lo esperas: en medio de una boda o de un funeral, en una reunión de negocios o comprando mangos en la esquina. Tampoco hay nadie que se salve del humor venezolano, así que sólo nos queda reírnos y disfrutar el rato en el cual surja una ocurrencia sobre cualquier cosa que haya pasado.

 
Crédito imagen de portada: bebop-designer