Crédito: liquene

 

1. Extrañas las micros con tarjeta Bip.

No sólo las extrañas… Es tan rutinario para un santiaguino portar siempre la Tarjeta Bip en el bolsillo, billetera o cartera, que cuando no la andas trayendo sientes que algo se te ha olvidado en casa. ¿Subirse a una micro y no tener que deslizar la tarjeta para pagar? ¡Qué es esto! Lo bueno es que puedes pedirle al microbusero que te deje en lugares personalizados del recorrido, en vez de tener que ajustarte a los paraderos específicos del Transantiago.

 

2. Te desaceleras un poco.

Es bien sabido que en el Sur todo es más relajado, mientras que en Santiago la vida es mucho más “movida”. Cuando un santiaguino viaja al sur, lo primero que percibe es un cambio considerable en la cantidad de movimiento de transeúntes o vehículos en la ciudad o pueblo que visita. Además, las personas transitan bastante más relajadas que en la capital: los peatones no van casi corriendo y no hay muchos tacos en la calle.

 

3. Esperas encontrar “de todo” en una misma ciudad, pero…

Para un santiaguino es normal asumir que encontrará de todo para comprar en la ciudad, pero en el sur la cosa es diferente. En ocasiones, es muy común tener que viajar a la capital regional u a otra ciudad cercana a conseguir las cosas que necesitas. Por ejemplo, uno tiene que acostumbrarse a que no hay un cine o un preciado Mall a corta distancia.

 

4. Recuperas la amabilidad y la paciencia que pensabas que ya no estaban en ti.

Cuando viajas al sur, notas que la gente es mucho más amable. O, como mínimo, anda menos irritable que en la capital. Es que los sureños por lo general son más solidarios. Cuando quieres llegar a un lugar que desconoces y preguntas, por ejemplo, “¿Cómo puedo llegar al Mercado Municipal?”, los sureños no van a decirte secamente “Al final de esta calle, atrás de la Iglesia”. Ellos, con mucha empatía, te dirán: “No te preocupes, es sencillo: cuando llegues al final de esta calle, verás una iglesia y si te acercas a la salida de ésta, podrás ver un letrero grande color verde, ahí es donde tiene que ir, mi amigo(a)”. ¡La gente del sur es genial!

 

5. Notas las diferencias en los precios de productos cotidianos.

En el sur hay muchos productos que pueden encontrarse a precios más baratos que en la capital, en especial los vegetales. Incluso, es probable que un santiaguino se sorprenda de ver a los productores en vivo y en directo. Sin embargo, también sucede que los santiaguinos notamos precios más elevados de muchas otras cosas, como repuestos para automóvil o artefactos para el hogar.

 

6. Encuentras que el aire es diferente.

Esto es una de las cosas que se sienten de inmediato. La capital chilena se caracteriza por una calidad del aire que deja mucho que desear… En cambio, en el Sur respiras y te vuelves testigo de un aire fresco que al igual que sus paisajes no deja indiferente a nadie. ¿Quién no se sentiría maravillado con ese grato aroma a naturaleza que se percibe por esos lados?

 

7. Y compruebas que los paisajes son más que encantadores.

Hay muchas fotos, en Internet y en postales, de los maravillosos sitios que se encuentran en el Sur de Chile. ¿Pero ver ese verde precioso en vivo? ¿Sentirse pequeño frente a la magnífica naturaleza sureña? Eso no tiene comparación.

 

8. Conoces nuevas formas de llamarle a las cosas.

La riqueza del idioma se hace notar al viajar, incluso dentro del propio país. Por ejemplo, en Chiloé le llaman “Ricos” o “Riquitos” a las golosinas, o también en otros lados del sur dicen que “está corriendo norte” para referirse a que pronto va a llover. También hay palabras del mapudungun que es imprescindible conocer. Como la gente sureña es muy amable, no tendrás problemas: ellos tendrán paciencia en enseñarte los términos que usan para que puedas entenderlos.