Nos quieren pegar cuando decimos “pendejo”…

Y al ver la cara de furia del mexicano que tenemos enfrente entramos en explicaciones rápidas de que en Chile sólo implica comportarse de manera infantil, ups!

Nos damos cuenta de que el ají verde y el merkén en realidad son un bálsamo al lado del chile mexicano.

Después de nuestro primer encuentro con el chipotle y el jalapeño, nos parece que nuestros ajíes son un juego de niños (y necesitamos con urgencia una sal de fruta).

Empezamos a extrañar la piscola, pero no por melancolía…

¡Porque la caña que deja el tequila y el mezcal no hay Gatorade que la componga!

Y empezamos a amar las mil variedades de michelada.

Estas ni se parecen a lo que en Chile nos venden como michelada, y el clamato se vuelve un imperdible.

Crédito: gabrielsaldana.

Aprendemos que los tragos pueden llevar hasta camarones adentro y salsa de almejas.

Toda una revolución a nuestro tranquilísimo paladar.

A post shared by Blanca Lucio (@blancaluciolife) on

¡Entendemos que debemos hablar más lento!

Cuando nos miran como si fuéramos extraterrestres, captamos que aún hablando español no se nos entiende un pepino.

Llegamos temprano a todas las reuniones…

Por confundir su ahorita con nuestro altiro, nos convertimos en los reyes de la puntualidad (cosa que en Chile no nos pasa jamás de los jamases).

De a poco adaptamos nuestro “¿me estai webiando?” al “¡¡no inventes!!

O bueno, bueno al “no mames” wey.

Traicionamos el pan con palta del desayuno por los chilaquiles.

Y nos quedan gustando. En Chile los desayunos suelen ser livianos, marraqueta con palta y un café cargado o bien cereales más fruta con yogurt. Llegando a México, de entrada entendemos que los de ellos SI son desayunos abundantes y pesados. ¡Se vuelven inolvidables, eso si!

Caemos en la cuenta de que las palomitas no sólo son dulces.

Sip a esto también se le puede poner picante. La Valentina se convierte en prioridad… los cines chilenos estaban ocultándonos la posibilidad de disfrutar de este “manjars”.

Es que realmente todo puede ser picante.

¡¡¡Los cocteles, los caramelos y hasta la fruta!!! Si se le puede poner Tajín, pues que venga. ¿A alguien se le antoja una sandía con picante?
Además, hasta la forma de hablar puede ser “picante”. Como dice Rulo Luna Ramos en su mini guía para enfrentarse al albur mexicano, hay que tener cuidado con el chile 😉

Se ríen de nosotros cuando decimos que estamos en un «taco»…

Para los chilenos el taco es el trancón en el tráfico vehicular. Así, a cada excusa del tipo «estoy demorada en un taco», nos contestan con un «pues cómetelo».

Vemos que México es mucho más que el Chavo.

El Chavo era el comodín de las tardes de televisión chilena: me atrevo a decir que nos sabemos de memoria los capítulos (¡¡ratero!!).

Pero como todo show de televisión, es solo una representación posible, y ¡hay tantas expresiones culturales y diversidad en México!

México sigue siendo mi país favorito. Es que su cultura, su gente y su sabrosa comida hacen que te quieras quedar…