1. Caminar rápido

Crédito: erunandezu

Parece que siempre vamos apurados, no lo podemos evitar. Aceleramos el paso para llegar a la taquilla del estacionamiento antes que se nos haga la colita para pagar, para que no nos deje el ascensor, para que el metro no se vaya, para cruzar la calle. Por eso, cuando vamos a otra región del país nos reconocen porque dicen que vamos por ahí muy agitados.

2. Decir “vamos a tomarnos un café”

Con esa frase cerramos cualquier intento de reunión para ponernos al día con alguien a quien tenemos tiempo sin ver. El caraqueño lo dice casi por instinto: “¿Y qué más? ¿Cómo va todo? Vamos a ver si nos tomamos un café y hablamos”. Y es posible que se vean y terminen tomando cualquier otra cosa, o que nunca se de el encuentro (pero al menos, lo intentan).

3. Dominar el arte de tomar los caminos verdes

Nadie sabe tomar atajos más que un caraqueño harto del tráfico de la ciudad. Nos vamos por todos los caminos verdes, subimos, bajamos, damos curvas y así nos evitamos varios semáforos y gente a las horas picos.

4. Leer con el rabillo del ojo

Al ir en el vagón del metro, en el autobús o en un ascensor, para un caraqueño es inevitable no echarle un vistazo al diario o al libro que va leyendo la persona de al lado. No es a propósito, es casi sin querer, pero lo hacemos a pesar de que vamos apretadísimos (o quizás debido a eso).

5. Usar lenguaje no verbal en la calle

Ni bien aparece la luz verde del semáforo, el caraqueño deja pegada la mano en la bocina mientras avanza, para apurar al carro de adelante. Pero entonces, el caraqueño de a pie es experto en alzar las manos diciendo que se espere o en mirar feo a quien maneja por tanto escándalo y no dejarlo cruzar bien la calle. No faltará el que haga la señal de costumbre con el dedo del medio para zanjar así la discusión de señas.

6. Enamorarnos de El Ávila

Nadie entiende la relación del caraqueño con esa montaña que abarca toda la ciudad. La queremos, la miramos, la vigilamos, nos da energía y nos entristece si el cielo está nublado y no la vemos.

7. Usar como excusa el retraso del metro cuando vamos a llegar tarde… aún si tenemos carro propio.

Esa es la tapadera perfecta para la impuntualidad: “es que el metro se retrasó”. No importa si la persona no usa el metro. El caraqueño que va en carro dirá algo como: “había mucha gente en la calle, un tráfico terrible, debe ser que alguna vaina pasó en el metro”.

8. Pelear con los mototaxistas

Las motos son la pesadilla del caraqueño que maneja y del peatón. Nos quejamos y las queremos exterminar con la mente para que los caminos queden despejados… Pero lo cierto es que cuando el tráfico se atasca y queremos llegar rápido a algún lugar, terminamos pidiéndole a un mototaxista que nos lleve. Con cuidado, pero que nos lleve.

9. Quejarnos del calor

Sube un poquito la temperatura y ya nos estamos quejando del calorón. Por eso es que los maracuchos dicen que somos exagerados y que no sabemos lo que es estar como ellos, es decir, a 40 grados bajo sombra.

10. Encontrar motivos para salir a rumbear

Si bien la situación ya no es como antes, al caraqueño le encanta bailar, inventarse una salida informal después de un día de trabajo, y/o tomar una cervecita para relajarse (así sea lunes). Siempre queremos hacer algo con los panas, para distraernos de… bueno, todo lo demás.