1. Tú vs. El soroche

¿Mareo? ¿Dolor de cabeza? ¿Fatiga inexplicable? No, no eres tú, es el mal de altura (también conocido como soroche) que se ha apoderado de tu cuerpo desde que cruzaste la barrera de los 2400 metros sobre el nivel del mar. La falta de oxígeno causará estragos breves en tu salud, pero no temas, se supera con algunas horas de descanso o una buena noche de sueño.

2. Despertar en Cuenca, o los usos curiosos de la pirotecnia.

Son las 6:00 a. m., la capital azuaya, quieta y silenciosa, duerme bajo el manto del amanecer. De repente, el estruendo de varios estallidos te despierta, ¿son disparos o explosiones? Asustado, te vistes con lo primero que ves y sales sin pensarlo dos veces. Cuando llegas a la puerta te sorprendes, ¡la calle está vacía!, ¿dónde está el caos y la gente?, seguramente estabas soñando ¿no? ¡Pues, no! Lo que oíste fueron las explosiones de los cohetes que tradicionalmente se disparan desde las iglesias con un solo objetivo: “invitar” a la gente a misa (y si pensabas que podías escapar de este despertador gratuito, recuerda que el centro de la ciudad tiene 20 iglesias).

Y hablando del uso poco convencional de los fuegos pirotécnicos…

3. ¡La vaca loca!

Seguramente has escuchado algo sobre la enfermedad de las vacas locas, o si no es así, la idea de un bovino demente no parece nada bueno. Sin embargo, contrario a lo que su nombre indica, esta es una de las tradiciones más divertidas que podrás encontrar si decides visitar Cuenca durante alguna celebración, como las Fiestas de Fundación o de Independencia.

La “vaca loca” es una estructura en forma de res que, ubicada sobre la espalda de algún valiente, sirve como cañón para proyectar toda clase de fuegos artificiales hacia los asistentes de las festividades públicas; las que también consisten en la quema de un castillo de fuegos pirotécnicos que se ameniza con baile (cortesía de alguna banda de guerra o pueblo).

Crédito: Rosalía Vázquez Moreno

Suena peligroso, pero no lo es, así que si tu primer instinto es huir: quédate donde estés o déjate llevar por la multitud. Los fuegos son inofensivos ―excepto para tu ropa― y la mezcla de adrenalina y diversión, combinada con la música harán que todo valga la pena.

4. El look cebolla, o cómo sobrevivir al clima de Cuenca.

Crédito: jipe7

Frío intenso, lluvia, sol insoportable, viento, granizo y más sol, ¡todo en el mismo día! Sí, el clima de Cuenca, aunque templado, suele ser impredecible. La temperatura varía de 7 a 15°C en invierno y de 12 a 25°C en verano. Para sobrevivir a la incertidumbre climática, los cuencanos hemos desarrollado el look cebolla, práctica que consiste en vestirse en capas que se coordinen con la diversidad meteorológica de nuestra ciudad. Suele bastar con una camiseta (para momentos calurosos) sumada a un suéter ligero (para el viento) que se posiciona debajo de un abrigo (para el frío intenso). Esta combinación de prendas siempre se acompaña con un paraguas y gafas de sol.

5. ‘Gara’ y ‘chendo’.

Al principio las buscaste en varios diccionarios, pero cuando te diste cuenta de que estas palabras son inventos de los cuencanos, intentaste deducir su significado. Aunque las hayas oído varias veces, es posible que su uso todavía se te escape.

Por un lado, ‘gara’ es un adjetivo que se usa para indicar que alguien o algo es agradable o bonito, por ejemplo: “¡Qué gara tu chompa!”; además puedes usar su variación ‘garísima’, ‘garota’ o ‘garasa’ si se trata de algo excepcional, por ejemplo: “¡La nueva película de Star Wars está garísima!”.

Por otro lado, ‘chendo’ se usa para indicar que todo lo que se ha dicho es una broma o una mentira, por ejemplo:

Frase:
“Ayer vi a tu novia con otro chico (pausa), ¡chendo!
Explicación:
No vi a tu novia con otro chico, solo quería ver tu cara de susto.

Frase:
“Yo pago la cuenta (pausa), ¡chendo!
Explicación:
Era un chiste, no tengo ni para pagar mi parte.

6. El principio de la relatividad explicado en la hora Cuencana.

Según la teoría de la relatividad la ubicación de los sucesos físicos, en el tiempo y el espacio ―como la localización de tu amigo cuencano―, son relativos al estado de movimiento del observador ―tú, mientras esperas―; en otras palabras, si un cuencano te dice “estoy saliendo”, seguramente está en la ducha o se está vistiendo (estado estático que alargará tu espera de 20 a 30 minutos); si te dice “ya llego”, posiblemente acaba de salir de su casa o esté esperando el bus (estado semiestático que alagará tu tiempo de espera de 15 a 20 minutos). Este fenómeno físico, conocido como la hora cuencana, se ha traducido a una convención social que deforma la percepción del tiempo. En consecuencia, si no deseas esperar, te recomendamos sumar 20 minutos (30 si quieres hacer eso del “elegante retraso”) a la hora programada para cualquier encuentro.

7. Los modales en el mercado o por qué usted es una reinita o muñeca; un jefe o patrón.

Crédito: jonathanhood

Los mercados suelen ser un universo con costumbres y reglas propias: desde las imágenes religiosas que encontrarás en más de un rincón, hasta la ausencia de refrigeradores para la carne, lo que ocurre en un mercado parece raro, así que si escuchas que te llaman “jefecito” o “reinita” no te extrañes; los vendedores y vendedoras intentarán atraer tu atención con los siguientes vocativos:

Si eres mujer: muñeca, reinita, princesa, patrona o patroncita.
Si eres hombre: jefe, patrón o patroncito.

Estos halagos han probado ser sumamente efectivos a la hora de convencer a posibles compradores; pero no te dejes llevar por tu nuevo estatus social, nadie es realeza fuera del mercado.

8. Por qué es tan difícil gastar un billete de 100.

Tal vez sea el miedo generalizado a los billetes falsos (como esos 10 millones que hace poco decomisó la Policía Nacional) lo que ha convertido a los ecuatorianos en expertos detectores de los diversos mecanismos de falsificación. Sin embargo, todo este conocimiento no ha servido para curar la desconfianza que hace que usar un billete de 100 dólares sea casi imposible. Desde la falta de cambio, hasta los establecimientos que los rechazan sin titubear, intentar gastar esos 100 en restaurantes, agencias, tiendas o cualquier lugar en Cuenca será un reto. ¿La solución?: dirígete al banco más cercano e intercámbialos por papel moneda de menor denominación ($20 o $10 es el valor recomendado).

9. La yaguana.

Esta bebida púrpura (no se confunda con la famosa colada morada) es un delicioso zumo de piña, babaco, naranjillas, naranjas, limones, almidón de achira y sangorache. Aunque se sabe que la yaguana se creó en la hacienda de la familia Vintimilla en el cantón Paute (poblado ubicado a 40 minutos de Cuenca), su singular sabor y aroma le ha dado fama en toda la provincia del Azuay, eso sin contar que su valor nutricional la ha convertido en la bebida predilecta de muchos visitantes de Cuenca. La yaguana es popular, sobre todo, durante las celebraciones de Carnaval y Fiestas de Fundación o de Independencia, así que si alguien te ofrece un vaso, no lo pienses, ¡solo disfruta!

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10. Lo que no se ve en las postales: tradición y contracultura.

Crédito: randomwalking16

Cuenca, la ciudad postal de los cuatro ríos y las incontables iglesias se configura en el imaginario popular como una urbe decididamente conservadora (curuchupa) que no tiene espacio para los movimientos alternativos y juveniles o para las expresiones divergentes y novedosas. Sin embargo, en la ciudad coexiste una población diversa que se apodera del espacio recurriendo a múltiples expresiones e iniciativas, desde el mítico Prohibido Centro Cultural, pasando por la vasta producción de arte urbano, hasta el floreciente movimiento de break dance que ya se ha tomado la glorieta del Parque Calderón.

Concierto de Leteléfono. Crédito: Rosalía Vázquez Moreno

Cuenca alberga y alimenta muchísimas sensibilidades que gustan los espacios alternativos del rock, del arte nuevo que prefiere del ruido, el color, la rebeldía y lo irreverente; que tiene ganas de destruirlo y crearlo todo. En Cuenca el espacio colectivo se construye desde la diversidad y su enfrentamiento con lo otro. Entre las iglesias, las universidades, los parques y las casas, está la ciudad que se edifica desde sus habitantes más que sus monumentos.

Performance Cain, de Daniel Coka. Crédito: Rosalía Vázquez Moreno