Crédito: amalavida.tv

1. Antes del viaje, abarrotar la maleta de comida del Ecuador.

No sabe igual que la hecha en casa, pero por Dios que es terrible no poder tener acceso a un chifle. Y cuando los productos se nos terminan…

 

2. Encontrar a alguien que viaje para pedirle que trafique por nosotros.

Si algún conocido viene a visitarnos, le pedimos chifle, chocolates, queso, caldo en tarrina, humitas en funda, pan de yuca… Sino, recurrimos enseguida a los panas que las redes nos ponen al alcance.
Ya sea con la fórmula «Becarios en (inserte ciudad aquí)» o «Ecuatorianos en (nombre del pueblo)», el ecuatoriano nunca está solo. Uno no sabe cómo, pero se consigue hasta Pilsener… y si la cosa se pone fuerte, Caña.

 

3. Viajar como nunca… y luego sacar pica de nuestra playa.

“Es que tengo que conocer, ¿cuándo voy a volver a este lugar de nuevo?”, pensamos. Y después de los tres meses en el extranjero, no podemos más que buscar una playa. E ir a la playa, ver que no es como nuestra playa y sacar pica de nuestra playa.

 

4. Poner Ecuador en nuestro Timeline.

Compartimos todas y cada una de las cosas que nos recuerdan al Ecuador en las redes sociales. ¿Artículo de mejor País para expats? Tweet. ¿Video de turismo? Al muro de Facebook. ¿Foto en Montañita? Instagram. #allyouneedisecuador #beach #nofilter #damnright.

Crédito: amalavida.tv

5. Dar clases de Geografía.

Saber explicar dónde queda Ecuador en el mapa es esencial, pero además hay que tener mucha paciencia.
– ¿Ecuador no queda en África?
– No, está en Sudamérica, al sur de Colombia.
– ¿Tienen guerrilla?
– No. Sabes qué, mejor mira… es al norte de Perú.
– Ah ya, ¿o sea que todos andan en poncho?
– No todos…
– ¿Entonces?
– Ya, sabes qué, más claro, estamos por Brasil….
– ¡Ahhhhh! ¿Entonces bailan?
– Si, loco, si…
– “Cool».
(Recién ahí podemos suspirar más tranquilos)

 

6. Revisar si el guineo dice “Made in Ecuador”.

Y siempre, sin falta, alarmarnos por el precio del mismo.

 

7. Ver a la Tri.

Al juntarnos para los partidos de la selección, ir con la camiseta de la Tri, o al menos de amarillo, es ley de todo ecuatoriano. Justin es el mejor amigo. Y obviamente, no podemos dejar de cabrearnos cuando los jugadores de la Tri corren como nunca pero se comen el gol como siempre.

 

8. Buscar comida que diga cosas como «encebollado» o «guatita»…

Así la comida no sepa igual, cumplirá la función de mantener la nostalgia a raya. Más si la pared tiene una bandera o fotos postales conocidas. Por más delicias culinarias extranjeras que podamos apreciar… Un pavo seco jamás podrá ganarle al Seco.

 

9. Hacer comida con la ayuda de Google.

Si no tienes la suerte de contar con un restaurante ecuatoriano decente, improvisas y cocinas comida ecuatoriana. Buscas en Google recetas mágicas, escribiendo «cómo hacer pan de yuca ecuatoriano» o similar, o llamas a tu madre por whatsapp para que finalmente te explique cómo hacer un buen ceviche. Puntos extras si consigues los ingredientes para el llapingacho.

 

10. Transmitirle la patria a los pequeños de la familia.

Si te has mudado al extranjero con tus hijos, te escucharás diciendo “Aprende hijo, eso se llama cazuela, esto acá es una naranjilla, esto es un verde y esto es un maduro… No lo olvides jamás”.

 

11. Jugar tetris con las compras al prepararnos para regresar.

Los ecuatorianos somos campeones para traer dos celulares, dividir el encargo entre amigos, y comprimir la ropa nueva mientras que las tres botellas de alcohol entran perfectamente entre las medias. ¿Black Friday y ya se te acaba la beca? Loco, Amazon o amanecida: Ya fue.

 

12. ¡Darle un abrazo súper fuerte a cualquier persona que te diga que es de Ecuador!

¡Claro que sí! Siempre se arma un gajo de ecuatorianos. La raza es fuerte en mi especie.