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1. Aprender de ese ingenioso invento llamado “Delivery de bebidas”.

Si algo es cierto es que a los venezolanos nos encanta una rumba y celebrar por cualquier cosa. Que si el cumpleaños de fulano, la graduación de sutano o el nuevo trabajo de perencejo… y tal parece que a los argentinos también. Pero la realidad es que la mayoría de las veces no calculamos bien cuánta bebida o hielo necesitaremos para la noche o por si se alarga la fiesta. Es ahí cuando viene el típico “Se acabó el hielo” o “No queda más fernet ¿qué hacemos?”. Resulta que en Buenos Aires no hay problema. Sólo tienes que llamar al delivery para pedirle una bolsita y unas cervecitas más. En minutos estarán en la puerta de tu casa con el pedido y la rumba seguirá como si nada.

 

2. Contar con autobuses en todo momento y numerados.

Definitivamente algo que es material de exportación es el sistema de transporte, que aunque no es perfecto, está bastante organizado. El hecho de que cada línea tenga una numeración te facilita el aprender a desplazarte por la ciudad. Y ni hablar de lo ventajoso de la delimitación de las paradas y que el bus no pare cada 10 metros a recoger o dejar pasajeros. Otro punto envidiable es que funcionan toda la noche. No importa si es la 1 de la mañana, las 3 o las 4, a cualquier hora puedes encontrar un colectivo que te lleve a tu casa y ahorrarte la plática del taxi.

 

3. Tener la oportunidad de vivir con roommates.

Es sabido que los alquileres en Argentina se han vuelto un poco costosos, razón por la que muchos jóvenes debemos optar por vivir en casas compartidas, lo cual es maravilloso. Debido a la multiculturalidad, perfectamente puedes terminar viviendo junto a un italiano, hondureño, marroquí, estadounidense o hasta un coreano. En Venezuela es bastante difícil tener esta experiencia que nutre tanto tus conocimientos como tu estómago, porque te aseguro que acabarás probando todo el tiempo diferentes y ricas comidas.

 

4. La disposición de las personas en la calle a ayudarte si te ven perdido.

Cualquiera al que le preguntes en la calle se tomará el tiempo para indicarte cómo llegar a una dirección o parada de colectivo, algo que se ha ido perdiendo en Venezuela en los últimos años. Aunque eso sí, cuando busques una dirección trata de orientarte con varias personas y reconfirmar mientras avanzas. Puede pasar que por querer darte una respuesta te manden en la dirección opuesta y tengas que devolverte unas 6 cuadras luego. Sé lo que digo.

 

5. El mostrar lo mejor de las tradiciones.

Como he escrito en otros posts, no todos los argentinos bailan tango, es más, difícilmente conozcas algún joven que lo haga. Pero si se trata de mostrar su cultura, todos te llevarán a conocer cuanta milonga haya en la ciudad. Sin dudarlo te acompañarán a todos los sitios turísticos que quieras visitar aunque se los conozcan de arriba abajo. Te hablarán de Borges, te harán probar sus vinos, te agasajarán con media lunas, facturas, asados, pizzas, empanadas, helados y alfajores, todo de lo cual se sienten muy orgullosos.

 

6. Que eso del “asado de los domingos” sea para llevar por favor…

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En toda celebración viene bien un asado, y si no hay nada que celebrar igual se hace uno para compartir con los pibes. Aunque no se trata sólo de tirar un par de churrascos a la parrilla, por el contrario, el evento encierra todo un ritual de preparación casi místico que comienza con el armado del fuego y lleva su tiempo. Por eso en el medio del proceso está la picadita, los choricitos, el pan o el queso crema para ir preparando el estómago. Finalmente, cuando todos quedan satisfechos y a punto de reventar no puede faltar el aplauso para el esmerado asador.
Te doy un dato: si quieres ver a un argentino pegar el grito al cielo dile que debe agregarle cerveza y adobo a la carne. ¡Sólo lleva sal y nada más!

 

7. El respeto por los oídos de los vecinos.

Cuando hay fiesta en el piso de arriba casi ni te enteras, porque la música está a unos decibeles que no molestan a los vecinos. Así que nada de despertar preguntándote por qué soñabas con Jorge Celedón, hasta que escuchas el vallenato de tu vecino del tercer piso a todo volumen. Tampoco sabrás si la del quinto volvió o no con el novio, dependiendo de si su repertorio musical incluye a Ana Gabriel o Rocío Durcal.

 

8. Invitar a alguien a tomar unos mates.

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Sí lo sé, hay venezolanos que no le terminan de agarrar el gusto al mate por más que le hayan dado varios chances. Por eso me refiero a lo que implica el ritual de “matear”. Ir a tomar unos mates no significa sólo eso; abarca una tarde de charlas, cuentos y picar algo entre amigos sin que esté incluido el alcohol. Además esta invitación te dice que te has convertido en pana de esa persona. En Venezuela, si bien podemos invitarnos a compartir un café, sabemos que serán uno o dos a lo sumo, mientras que aquí se va vaciando termo tras termo de agua a medida que cae el sol.

 

9. Beber vino sin que sea una ocasión especial.

Si no fuera porque en Venezuela los vinos cuestan un ojo de la cara y porque el ron es nuestra bebida por tradición, seguramente en cada fiesta o reunión no faltaría una botella de este elixir divino. Además de tener beneficios para la salud, aunque muchos no lo crean, es perfecto para casi cualquier ocasión. Y no podemos obviar el hecho de que aquí por unos pocos pesos puedes perfectamente conseguir un rico vino en cualquier supermercado.