Cocinar arroz

Los arroces son el producto estrella de la gastronomía valenciana. No sólo la paella, también todo tipo de arroces melosos, caldosos, secos, rellenos y con costra. Además hemos inventado el socarrat, una manera de comerlo directamente desde el caldero (paella), y ya desde el siglo XIX se conoce internacionalmente el arroz a la valenciana por su calidad. Un ingrediente que los valencianos fueron los primeros en cocinar en Europa, y por ello tal vez los que mejor lo cocinan… y puede que los más puntillosos con los arroces también.

Quemar cosas

Quemamos rueda en circuitos de motos y coches, quemamos las pieles poco acostumbradas al sol en nuestras playas, quemamos toneladas de pólvora, quemamos el café (cremaet), quemamos la paja del arroz, pero sobretodo quemamos hogueras y fallas. El fuego es parte de nuestra vida, si es posible con leña de naranjo mejor, y todas nuestras fiestas tienen un componente incendiario. Desde los disparos de los moros y cristianos a los correfocs o la nit de l’albà, porque los valencianos llevamos la pólvora en las venas. Lo de quemar montes también pasa, por desgracia, demasiado a menudo.

Inventar bebidas

La Coca-Cola: invento valenciano. El Trinaranjus, del que luego se copió la Orangina y la Fanta: invento valenciano. La mistela, el herbero, la horchata de chufa, la leche merengada, el Naranchelo, se nos da tan bien eso de inventar bebidas que hasta hemos inventado un agua, el Agua de Valencia. Burret, palometa, mentireta, plis plas, barreja, cucaracha… las combinaciones son infinitas. Seguro que ya hay algún valenciano por ahí inventando algún nuevo brebaje.

Tocar la flauta

El flautista de Hamelín hoy sería “el flautista de Alberic”, porque en cualquier pueblo valenciano hay centenares de músicos de viento. La mitad de los músicos profesionales de toda España son valencianos, y donde siempre son mayoría absoluta en todas las orquestas nacionales es en los instrumentos de viento. La música, tan presente en nuestras pueblos gracias a las bandas y las fiestas, ha propiciado que nuestros flautistas, trompetistas, saxofonistas, tubistas y demás instrumentistas de viento sean reconocidos como fueras de serie en orquestas y filarmónicas de todo el planeta.

Desfilar

Nos pirra desfilar, de hecho nadie desfila como nosotros. Los pasacalles valencianos van acompañados de música, preciosos vestidos, centenares de espectadores en las calles y un orden final, que se complementa a la perfección con el desorden inicial. Ya sean procesiones religiosas (algunas escoltadas por fuego), procesiones de fiestas patronales, pasacalles, entradas moras y cristianas o recorridos con carrozas, aquí nos encanta pasear por el medio de la calle. De hecho la cabalgata de reyes la inventamos nosotros, así que si te gusta pasearte por la calle en grupo, este es tu lugar ideal.

Improvisar

Puede parecer subjetivo eso de que somos los mejores del mundo improvisando, pero los datos científicos lo demuestran. Aquí hacemos un aeropuerto y luego improvisamos su uso, hacemos bases de la America’s Cup y luego ya si eso vemos que hacer con ellas, montamos un Ágora y a alguien se le ocurrirá para que sirve. Desde el teatro fallero a nuestra cocina, somos amantes del pensat i fet. Lo cual luego es tremendamente útil en nuestra vida laboral, ya que no hay dificultad que no podamos solucionar improvisando.

Las papas

Si hay algo que nos une de norte a sur es el amor incondicional por las patatas fritas. Nos pirran las papas, tanto que cada pueblo tiene su marca de papas favorita. Algunas han ganado concursos internacionales, pero todas se han ganado los paladares de los valencianos, que saben que en cuestión de papas, aquí tenemos las mejores del mundo.

Organizar fiestas

Igual puede que nuestras fiestas carezcan del glamour hollywoodiano o del boato londinense. En cambio tienen la magia de la calle, la convivencia, la pasión y la fraternidad. Las fiestas populares valencianas mezclan alcohol, fuego, música atronadora y muchedumbres, con diversión para todas las edades y ausencia de incidentes graves. Es un milagro organizativo, puesto que el día después de la fiesta, todo lo que el día anterior era caos vuelve a una perfecta normalidad. Lo cual que demuestra que organizando fiestas, somos inigualables.

Las naranjas

Fue en un pueblo valenciano, Carcaixent, el primer lugar del mundo donde se cultivaron naranjas dulces. A partir de ahí las hemos exportado por todo el mundo y cultivado en otras regiones, pero ningunas como las nuestras. De ahí que los valencianos, tan acostumbrados a comer naranjas dulces recién cogidas del árbol, tengamos un paladar especial para “odiar” las naranjas ácidas y sin jugo de otras regiones del planeta.

Almorzar

Entre el desayuno y la comida principal, a eso de entre las 10 y las 11 de la mañana, se produce en toda la Comunidad Valenciana un evento único en el mundo: el almuerzo. Nada de tomar un café con leche, unas tostadas o algún tentempié. Los valencianos hemos convertido el almuerzo en religión. Bocadillos gigantes siempre acompañados de encurtidos, altramuces y cacahuetes (cacaus i tramussos), y algún café “del tiempo”. Por muy pocos euros comerás auténticas delicias en cualquier bar, porque nadie almuerza tan bien, como almuerzan los valencianos.

El turrón

En este caso tenemos que irnos a Jijona, donde se hace el mejor turrón del mundo, tanto del duro como del blando. Allí lo inventaron y allí siguen conservando la receta original, que también se ha adaptado con el tiempo a los nuevos gustos. Hay algunas pastas similares con base de almendras en otras zonas del mediterráneo, pero ninguna se puede comparar con los turrones valencianos.

Los azulejos, los domingos en familia alrededor de una paella, convertir ríos en parques, o hacer figuras de porcelana también podrían ser algunas de las cosas que los valencianos, sin duda alguna, hacemos mejor que nadie.