Photo: Miroslaw Skorka/Shutterstock

14 curiosidades de los grupos indígenas de la Península Baja California

Baja California Baja California Sur
by Arlene Bayliss 23 Apr 2020

Aquí no llegaron ni los aztecas ni los mayas

Los indígenas de Baja California se integran por tres grupos lingüísticamente diferentes pero culturalmente similares. Los pericúes del sur de la península, los guaycuras del centro y los cochimíes del extremo norte. No todos los hablantes de la lengua cochimí eran parte del mismo grupo, sino que estaban conformados por distintos grupos nómadas como los kumai, los cucapá, los paipai, los kiliwa, los cahilla y los akula. 

Hoy en día se mantienen cinco grupos indígenas en Baja California. Los cochimíes, paipais y kiliwas en Ensenada, los cucapás en Mexicali y los kumiais en Tecate. En total, todos estos grupos conforman una población menor a las dos mil quinientas personas. 

 

La colonización se dio a través de misiones

La colonización de Baja California no se dio a través de conquistadores como en otras zonas del país. Aquí, el primer contacto entre los nativos y las expediciones europeas se dio a través de misioneros católicos.

Las familias indígenas antes mencionadas fueron sometidas a la “civilización” europea a través de tres principales misiones españolas: las jesuitas de 1697 a 1768, las franciscanas de 1768 a 1775 y las dominicas de 1775 a 1832. Todas estas expediciones dejaron para la historia treinta misiones a lo largo de toda la península. 

 

Indígenas rebeldes y guerreros 

Los relatos hablan de una rebeldía constante ante la llegada de los extranjeros a estas tierras. Desde la llegada de Fortún Jiménez en 1533 hasta las expediciones de Junípero Serra y Gaspar de Portolá en 1769, todos narran como la falta de temores y supersticiones fomentaron que los indígenas resultaran victoriosos ante las continuas intentonas de sometimiento. En Baja California no hubo victorias o derrotas contundentes, lo que resultó, después de cinco siglos, en la mezcla cultural que caracteriza a la región hasta la actualidad. 

 

Los cachanillas traen la resistencia en la sangre 

Los españoles hablaban de una extrema adaptabilidad de los indígenas de California al medio ambiente, de cómo sus cuerpos desnudos podían soportar los intensos veranos y las heladas noches de invierno en medio del desierto. 

 

Y sí, andaban ¡bichis! 

Los cochimíes, desde los más pequeños a los más mayores andaban desnudos, aunque las mujeres usaban un tipo de falda. Los pericúes también andaban desnudos y las mujeres usaban una manta sobre los hombros y una falda abierta por los lados. Los guaycuras lo mismo: niños y hombres desnudos y las mujeres con falda de carrizos con algunos adornos. 

 

Los españoles quedaron apantallados por las mujeres 

Según los libros de historia, los indígenas peninsulares recibieron a un español por primera vez en 1533. Se trataba de Fortún Jiménez, uno de los hombres que habían llegado a México con Hernán Cortés. Él describió en sus relatos que su encuentro fue con una raza fuerte, alta y notó que andaban completamente desnudos. Pero su mayor sorpresa fueron los hermosos cuerpos de las mujeres nativas que además estaban adornados con perlas. 

 

Eran los mejores en la caza 

Los indígenas peninsulares fueron diestros en la fabricación de armas que usaban para conseguir su alimentación. Construían las puntas de las flechas con piedra basáltica, obsidiana o cuarzo y las ataban con cordeles de pita a una vara de jara o carrizo. ¡Con lo que había!  Cazaban venados, borregos, conejos, codornices, coyotes, cabras, tórtolas y patos. Sus hábitos alimenticios dependían de las estaciones del año y de la región. 

 

Los mariscos, tradición milenaria  

La alimentación principal de los grupos indígenas que vivían cerca de la costa eran los mariscos: langosta, abulón, almejas, pescado y caguama. Una tradición milenaria que se mantiene hasta nuestros días, ya que existen vestigios que demuestran que todas estas delicias ya se consumían hace más de siete mil años.   

 

Los bajacalifornianos vivían en cuevas

Los nativos de la región tenían sus casa en cuevas, socavones y chozas de vara y tule agrupadas en pequeños grupos o rancherías, una forma de vida que se conservó durante siglos hasta que llegaron los misioneras católicos. Actualmente es posible hacerse a una idea de este estilo de vida en el Museo Comunitario de Tecate, uno de los centros culturales imprescindibles de Baja California. 

 

Las leyendas de la costa

Dice la leyenda que los mismos misioneros reprodujeron, que antes de la salida de los jesuitas, todas sus cosas de valor y en especial los libros, fueron guardados en un sitio al que se le conoce como Misión Perdida de Santa Isabel —a los alrededores de Mexicali. La última expedición en busca de la misión perdida fue organizada por un grupo de la Universidad de Boston en 1957. No encontraron nada. 

 

¡Les encantaba el mar! 

Y cómo no, desde aquellos tiempos hasta los actuales, las playas de la península son un paraíso. Los indígenas lo sabían y lo aprovechaban. Eran buenos nadadores, disfrutaban del mar y de los alimentos que este les proveía. Incluso fabricaban canoas tejidas de hojas de palma.  

 

Narraban sus historias en piedra

A todo lo largo de la Península de Baja California los indígenas ancestrales trazaron y grabaron en piedra. Esta práctica está rodeada de misterio porque hasta la fecha nadie sabe qué significado tienen estas pinturas rupestres. La más grande de estas manifestaciones culturales está en la Sierra de San Francisco, cercana a la misión de San Ignacio en Baja California Sur.

 

Casi desaparecen las raíces indígenas de la Península 

Las enfermedades traídas por aventureros, piratas y misioneros casi extinguen en su totalidad a la raza indígena de la Península de Baja California. Así lo contó en 1781 el dominico Luis Sales desde la misión de San Vicente Ferrer. 

El desvanecimiento de las raíces indígenas no fue puntual sino progresiva. Cuando terminó el periodo misional, el gobierno de México promovió la presencia europea y norteamericana para explotar el potencial agrícola y ganadero de la zona, esto tuvo un fuerte impacto ecológico que redujo las especies que los indígenas cazaban y recolectaban, obligando a las comunidades a migrar hacia centros agrícolas, ganaderos o mineros, o en donde fuera que pudieran encontrar trabajo. 

 

Las cosas siguen siendo así

Los indígenas de Baja California se convirtieron en la fuerza de trabajo para la crianza de ganado bovino, equino y caprino en pequeña escala, pero también para la cría de animales de corral. También incursionaron como jornaleros agrícolas en el corte y recolección de plantas silvestres y en los campos hortícolas de la región. Otros nichos laborales en los que incursionaron fue como vaqueros en las rancherías, empleados de empacadoras, comercios, etc.  

 

La península de Baja California está llena de curiosidades históricas. ¡Definitivamente es otro México por descubrir! 

 

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