A pesar de que la región chinanteca o Chinantla oaxaqueña comprende 17 municipios de la parte norte de Oaxaca, son ya muy pocas las mujeres con el conocimiento heredado en cuanto a la confección de huipiles de telar de cintura, unos de los huipiles más bellos de México. En su mayoría, se trata de mujeres de la tercera edad, por lo que este detallado arte textil está en riesgo de desaparecer.

 

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Los huipiles chinantecos tienen mucha historia y tradición. Estas abuelas aprendieron sentadas junto a sus abuelas, observando cada movimiento y guardando en su memoria los diseños. Aquí te cuento los datos más interesantes sobre estos famosos huipiles que lucen las jóvenes, año tras año, cuando se presentan en la Guelaguetza bailando Flor de piña.

 

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Crédito: @elkingfotografo

Cada diseño y cada prenda que sale de sus manos rememora la tradición cultural de sus ancestros, así como las enseñanzas y la visión que sus antepasados tenían de su medio ambiente. Destacan las representaciones que hablan sobre su cosmovisión, retratados en las figuras míticas, como las serpientes emplumadas, seres que para los chinantecos dejaron de ser reptiles y se convirtieron en aves, consideradas guardianes de los dioses y enseñándole a los hombres a trabajar el campo, el arte y la organización social.

Aunque algunos de los diseños prehispánicos se perdieron un poco después de la colonia, las herederas de este arte incorporaron elementos artísticos tanto del Renacimiento como del Barroco europeo.

 

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En San Felipe Usila, otro tema recurrente es el origen de la vida, el mito que cuenta la creación del Sol y la Luna, representada en sus huipiles por un águila bicéfala. Dependiendo su posición en la prenda, simboliza protección o castigo.

 

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Uno de los diseños más representativos de los huipiles chinantecos lleva bordado justo en el centro de la pieza a la altura del pecho: un rombo, que se conoce como «Uo», ya que se cree que justo ahí, es el lugar donde habita el espíritu. Además se rodea con grecas que significan los cuatro puntos cardinales.

 

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Otros simbolismos utilizados dependen de la región de la Chinantla de donde proceda el huipil, tal es el caso de los trabajos de las artesanas de Valle Nacional, que en cada lienzo plasman árboles de la vida, con diferentes significados. Por ejemplo: árbol de la primavera, de la cosecha, de la mujer adulta o doncella, del matrimonio y del compromiso, por lo que es muy importante saber cuál es la ocasión para usarlo y la edad de la mujer.

 

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Las artesanas chinantecas utilizan la técnica ancestral del telar de cintura para su elaboración y como toda prenda hecha a mano, ellas invierten varios meses en el bordado de una sola pieza. Estas mujeres son tejedoras por vocación, pero primero son esposas y madres, y muchas de ella apoyan en las labores del campo, lo que influye en el tiempo que dedican al telar y al bordado.

El tiempo varía ya sea que el diseño es ligero o muy cargado. En promedio, una artesana que hace el lienzo en telar de cintura y también lo borda, requiere de hasta siete meses en finalizar la prenda.

 

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Entre las mujeres chinantecas de Ojitlán, son tradicionales dos clases de huipiles: los blancos y los rojos; los primeros son de algodón hilado y tejido a mano, su tela es gruesa con rayas de gasa que se logran cruzando los hilos en el telar. El huipil está cubierto de bordados con puntadas a rayas sesgadas de algodón rojo, y con una gran greca sobre el pecho.

 

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En los huipiles rojos se alternan las líneas blancas con las rojas y luego tejidas con rayas azules o amarillas. Dato importante es que sobre el pecho aplican un pequeño rectángulo de tela, negro para las casadas y rojo para las solteras.

 

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Antiguamente, el hilo blanco usado tanto para el telar como para el bordado final, se obtenía de un árbol de la región llamado “pochot». El día de hoy se consigue de la planta de algodón. Los de tonos oscuros y el rojo solían teñirse con tintes naturales.

 

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En la actualidad, se compran en mercerías de la localidad o de la capital oaxaqueña. Es muy importante señalar que los huipiles que se confeccionan en color blanco, negro y rojo reciben el nombre de «antiguos», y sus bordados son figuras muy sencillas; los que se conocen como de «gala» vienen en una gran variedad de colores, con diseños más elaborados y decorados con listones y encajes.

 

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Actualmente, los huipiles se utilizan en ocasiones especiales y por encargo; algunas mujeres, sobre todo las de mayor edad, sí los usan diariamente.

 

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Tradicionalmente, el huipil se usaba sólo en dos ocasiones: el día del matrimonio y como su mortaja funeraria. Entre las costumbres chinantecas, al anunciarse el casamiento, la suegra debía tejer un huipil a su nuera, como una forma de darle la bienvenida a la familia, demostrando así su aceptación a la elección de su hijo.

También se consideraba que las artesanas poseían un don divino, por lo que en cada huipil tejido y bordado, ella dejaba un poco de sí misma; se creó así el mito de que quien lo usara tomaría también ciertos rasgos de la personalidad de la tejedora.

 

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Un peligro inminente de los tradicionales huipiles chinantecos hechos por las mujeres mexicanas es el poco interés de las nuevas generaciones no solo por usarlos, sino por aprender la técnica del telar. Aunque relevante, el trabajo realizado por la Dirección de Culturas Populares, a través del programa de apoyo al diseño artesanal (PROADA) es insuficiente. Falta más promoción y presupuesto a los talleres y apoyos para que las artesanas se presenten en las ferias nacionales y extranjeras.

Otro tema es el plagio de sus diseños, hecho por compañías extranjeras, debido a que no existe una propuesta legislativa que las ampare en materia de protección de los textiles originarios. Recordemos que cada pieza hecha a mano es única: la complejidad artística y la técnica de los textiles indígena enriquecen la identidad mexicana actual, manteniendo vivo nuestro patrimonio tangible.

 

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Promovamos el comercio y la remuneración justa. Si tienes oportunidad de adquirir un huipil chinanteco o de cualquier otra región del país, apoya a sus verdaderas creadoras sin regatear, ahora que ya sabes que cada prenda lleva un pedacito del alma de cada artesana. 

 

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Crédito: @lalo_guendulain