Las artes de hilar, tejer y bordar han sido predominantemente labor femenina y han representado el colectivo de sueños y la cosmovisión de las culturas a las que pertenecen su artesanas. La creación y el ciclo de la vida contados a partir de una hebra de hilo, de una primera puntada y de un diseño primigenio.

Cada grupo indígena confecciona y decora su huipil de manera característica. Algunos se distinguen por el tejido, otros por los colores empleados o por el adorno que llevan. El huipil distingue a quien lo porta, permite reconocer la comunidad a la cual se pertenece y sus diseños representan símbolos mágicos-religiosos-cósmicos, lo cual refuerza la identidad comunitaria y la cultura de una región en particular.

El huipil es la prenda femenina más tradicional de Mesoamérica. Algunos investigadores coinciden en datar al huipil en el llamado Período Clásico (250 -900 D.C.), en el que era utilizado por las mujeres de las culturas teotihuacana, azteca y maya. Hoy en día lo siguen portando sus descendientes, la mayoría de los grupos indígenas de nuestro país. A través de los huipiles, las tejedoras siguen haciendo historia, enlazando su pasado y su presente en cada puntada.

La palabra huipil, cuyo nombre proviene del náhuatl huipilli y significa blusa o vestido adornado, es una especie de túnica que está compuesta por uno, dos, tres y en algún caso hasta cuatro lienzos de tela. Pueden ser realizados en telar de cintura o de telas fabricadas y compradas en un establecimiento; se unen con costura simple a mano o a máquina. Con excepciones, cae de manera holgada, a la cintura, la cadera y en otras cubre el cuerpo enteramente, llegando hasta los pies.

En la época prehispánica, cuando se paría a una niña, se llevaba a cabo un ritual dedicado a la diosa Xochiquetzal, en el que la partera pedía protección para la recién nacida y que le fuera otorgada la habilidad en el manejo del huso y del telar de cintura.

El material más empleado es el algodón, pero también hay huipiles de lana y seda. Cada grupo indígena confecciona y decora su huipil acorde al uso que se le dará y la cosmovisión de su etnia. Algunos se distinguen por el tejido, otros por los colores empleados o por el adorno que llevan.

Sabemos que los diseños de los huipiles son signos de la cosmovisión autóctona y del sincretismo que hubo con elementos de la religión judeo cristiana que trajeron los conquistadores. A través de cinco siglos, aún persiste la tendencia a conjuntar y armonizar las manifestaciones de la vida comunitaria y religiosa de los naturales de cada etnia.

El huipil es, a primera vista, solo un pedazo de tela vuelto artesanía, pero en realidad representan, en el tejido y el bordado, la historia, los mitos, los ritos, los sueños y lo cotidiano, expresados a través las diversas aves, mamíferos, flores y numerosas formas geométricas, haciendo de sus colores y de las tramas un mundo propio.

Los huipiles chamulas (Chiapas), por ejemplo, utilizan todo tipo de flores, especialmente crisantemos, gladiolas y claveles.

En el caso de los que son bordados por mujeres wixárika (Nayarit), ellas creen que al dejar una figura inconclusa y con las hebras colgando, aseguran la prolongación de la vida. También bordan flores (las flor totó) de ocho pétalos, que son utilizadas por casi todos los grupos indígenas a lo largo y ancho del país.

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El diseño de un ave bicéfala que luce en el centro, el huipil ceremonial de las mixtecas de Huazolotitlán (Oaxaca), realizado especialmente para su boda, habla de la creencia de que las protegerá de engendrar gemelos, hecho que reflejaría la posibilidad de haber cohabitado con dos hombres.

Existe un tipo de huipil para el uso diario y otro para ocasiones especiales. En algunas regiones se heredan; en otras, aquel huipil que la mujer viste el día de su boda será el mismo que use el día de su muerte.

Uno de los huipiles más conocidos en todo el mundo es el usado en el traje que usan las mujeres del Istmo de Tehuantepec (y que la mismísima Dorothy, de El Mago de Oz, ha adoptado…).

En la exposición llamada Almas Bordadas Vestido y Ornamento en el Istmo de Tehuantepec, que fue presentada en el Museo Textil de la ciudad de Oaxaca, su curadora, Rosa Pineda Luna, deja muy en claro que para las mujeres de esta región “el vestido es parte de su identidad, forma parte de la imagen que construye de sí misma y que proyecta con los demás”.

Ellas utilizan gran parte de sus ingresos para incrementar su ajuar, los huipiles y enaguas de uso diario, trajes completos y joyas para las festividades importantes: velas, fiestas patronales, pedidas de mano, bodas y hasta funerales.

Ahora que ya conoces la importancia del huipil, cuando lo compres no regatees. Propicia el comercio justo, piensa en lo que cada uno representa; ya sea hecho a mano o a máquina, lleva un pedacito del alma de quien lo confeccionó. Cuando lo utilices, pórtalo con orgullo. Recuerda que:

“La mujer que crea el huipil está contando su historia, su vida, y se convierte en parte de su vida haber hecho el huipil. Y la mujer que lo usa también está agregando a la historia. La artista lo crea, pero la persona que aprecia el arte está conectada de forma muy íntima, especialmente cuando vistes el arte”.
Cantú. N, 2006 Artes de México. Textiles de Oaxaca. No. De libro 35. México: Fundación Cultural Artes de México A.C.

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