Crédito: Fernando Pillet

 

1. “Ya no quiero más”.

La comida mexicana es muy rica… pero de eso a que tu mamá te sirva como para regimiento completo es otra cosa. Llega un punto en el que te llenas, y cuidadito se lo hagas saber a tu jefa… Hará de todo para lograr que te comas lo que te sirvió, desde chantaje sentimental (“En África hay niños que quisieran comer lo que tú…”), hasta otros métodos de más poder, como la chancla, por ejemplo…

 

2. “Tengo que llevar una maqueta”.

Ya sea del Sistema Solar o de las pirámides de Teotihuacán, una madre nunca quiere enterarse que hay que hacer la maqueta para el día siguiente a las 10 de la noche un domingo. Le provoca una suerte de patatús¿Pues de dónde creen que voy a sacar los materiales? Ay que niños.

 

3. “Se me cayó el dinero”.

Usada mucho por los niños ya más grandes, los cuales son enviados por sus madres a comprar tortillas o algo que falta para la comida a la tiendita. Lo peor de todo no es que se te pierdan unas monedas en el camino, sino que sean billetes. Ahí sí, ni Superman o Gokú pueden ayudarte de la furia de tu madre.

 

4. Cualquier grosería.

Aquí sí se arma la de Troya. ¡Qué tu mamá no te escuche diciendo una grosería! Y menos que la hayas escuchado en la escuela o en la calle con tus cuates: inmediatamente los anota en su lista mental de malas influencias. Además de una buena cachetada, te reclama: “¡En esta pi@#€% casa no se dicen groserías!”

 

5. “Que vaya mi hermanito”.

Aplica cuando tu mamá te manda a comprar algo, y por flojo, mandas a tu hermano menor sin el consentimiento de tu sacrosanta jefecita. Pasos a seguir: sentir el zape de tu mamá y la regañada de tu vida. “¡Te mandé a ti! ¡Y apúrate que ya casi nos sentamos a comer!”

 

6. “Perdí tu toper”.

Si el dichoso tupper para el lunch en el recreo no regresa, o falta la tapa, olvídate: chancla o cinturón, y no hay opción de elegir.

 

7. “Sí, ahorita”.

Esta es para cuando al niño le toca bañarse pero está su caricatura favorita en la tele. “Ahorita es ahorita, canijo”, dice ella. Lo peor es cuando ya lleva varios días sin tocar el agua de la regadera, ahí sí hay problema…

 

8. “Es que el maestro se la trae contra mí”.

Casi siempre se le sale al que tiene un tremendo 5 en la boleta… Ya sea en la escuela después de la junta o en la casa, despierta miradas de furia y desconfianza de parte de la madre. “Me vale… Tú sólo tienes una obligación y es estudiar”, dice ella ante los pretextos. Y casi remata: sigues estudiando o a vender chicles en el semáforo.

 

9. “Regreso a las X horas”.

Aquí no hay problema… siempre y cuando lo cumplas. Si quedas en un acuerdo (hasta con contrato firmado con sangre), hay que cumplirlo. Si es las a las 10 de la noche, es a esa hora -más menos 10 minutos-. Pero si llegas, no sé, a las 3 de la mañana, olvídate… Tu mamá estará parada en la puerta de entrada, con la chancla o el cinturón en la mano. ¿Y si se te ocurre llegar con aliento alcohólico? ¡Adiós permisos hasta nuevo aviso!

 

10. “¿Otra vez con mi tía?”.

Cada cierto tiempo hay que ir de visita a la casa de tu tía, aquella mujer que se la pasa pellizcándote los cachetes y que te pone a jugar con sus hijos, que son unos gandallas de lo peor. Y tu mamá, por más berrinche que hagas, te lleva casi casi de las orejas. Lo peor es que hasta a tu mamá le cae gorda su hermana, pero no te lo confesará nunca. Misteriosos son los caminos de tu madre…