El vocablo “Navidad” viene del latín “nativitas”, que significa “nacimiento”, e históricamente y en todas las culturas, esta época del año ha sido de celebración de los dioses solares. Para los antiguos egipcios, por ejemplo, el nacimiento de Horus había ocurrido durante el solsticio de invierno; como para los mesopotámicos el de Tammuz. Para los japoneses fue Amaterasu; y para los griegos, Atis. Estos son solo algunos ejemplos de los muchos que hay, pues las diversas deidades solares alrededor del mundo nacieron durante el solsticio de invierno.

¿Qué es el solsticio? La palabra “solsticio” proviene del latin “solstitium”, que significa “sol quieto”, y es un día en que el sol se encuentra en uno de los polos de la tierra, que son dos. Por lo tanto, hay dos solsticios, el de invierno y el de verano; el primero de ellos cuando el sol se encuentra más alejado de nuestro planeta y hay menos horas de luz y se da entre el 20 y 22 de diciembre; el segundo sucede entre el 20 y 23 de junio, cuando el sol se encuentra más cerca y hay más horas de luz durante el día.

Este evento, sobre todo el solsticio de invierno, representó para muchas culturas el fin del año agrícola y el tiempo de agradecerle al sol y pedirle un nuevo año de bendiciones y cosechas. El México prehispánico no fue la excepción y hubo también una serie de deidades que nos recuerdan este simbólico acontecimiento en las estaciones del año.

El primero de los dioses prehispánicos del solsticio de invierno es Taandoco -también conocido como Ñuhu Nchikanchii-, y es la personificación del sol para los mixtecas. Este dios era el principal benefactor, pues son precisamente la luz y el calor del sol los que permiten la vida en la tierra.

 

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El segundo de estos dioses solares es Copijcha Tlatlauhaqui, señor zapoteca del sol, las armas, la cacería y la guerra, a quien se honraba en la ciudad de Monte Albán en Oaxaca, que al día de hoy se encuentra en ruinas.

 

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Crédito: @dracko_velasco

Copijcha se hacía presente 65 días antes del solsticio de invierno y 65 días después, cuando el sol se alineaba con el llamado “edificio enjoyado”.

 

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El tercero es Ah´Kin, también llamado Kinich Ahau señor maya del sol, generador del tiempo, la luz y el calor en los cuatro rumbos del universo, el dios creador de la vida. Tan importante fue para los mayas, que incluso uno puede ver su representación en algunas ciudades, como en Chichén Itzá, donde durante el solsticio de invierno tiene lugar un juego de luces en el templo de Kukulcán, y se puede ver bajar una serpiente por las escalinatas de dicha construcción.

También podemos apreciar un juego de luces en Dzibilchaltún, cuando en el solsticio el sol se oculta tras el templo de las siete muñecas, dando la impresión de estar viendo el rostro del astro rey.

 

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El cuarto de los dioses prehispánicos del solsticio de invierno es Huitzilopochtli, señor mexica de la guerra y el sol, quién era celebrado durante el decimoquinto mes del calendario llamado panquetzaliztli, entre los días 6 y 25 de diciembre cuando se le celebraba con mucha alegría, obsequiando a los invitados comida y pequeñas figuras de Huitzilopochtli hechas de maíz tostado mezclado con miel de maguey.

Las fiestas eran muy semejantes a las posadas que se celebran durante las fiestas navideñas hoy en día en México, razón por la cual los nahuas no se negaron a celebrar los ritos católicos que coincidían con los suyos.

Huitzilopochtli, el dios tutelar de los mexica, les guío hasta el lugar donde fundaron su capital México-Tenochtitlan y a él le estaba dedicado el templo principal, el huey-teocalli, hoy conocido como Templo Mayor, cuyas ruinas se sitúan a un lado de la Catedral, en el Zócalo de la ciudad de México.

 

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¿Notaste que, según la tradición católica, Jesús nació también un 25 de diciembre, muy cerca de los días de solsticio? Como puedes apreciar, la esencia de la Navidad, el nacimiento y la celebración del sol continúan, solo que en la actualidad están vestidas de nuevos símbolos.