Ya te hemos hablado bastante de los pueblos prehispánicos y sus progresos, su arte y su gobierno, pero hoy te hablaremos de un aspecto muy interesante de su vida cotidiana: ¿Qué pasaba con los discapacitados en Tenochtitlán?

En artículos anteriores te contamos sobre los famosos jardines y zoológicos en Tenochtitlán, de los que fueron testigos Hernán Cortés y Bernal Díaz del Castillo y con los que quedaron muy impresionados.

Nos cuentan que en aquellos jardines había uno muy peculiar en el que vivían personas invidentes, siameses, enanos y gente con malformaciones a quienes los españoles llamaron “monstruos”, ya que en Europa esa era la cosmovisión de las personas que nacieron con alguna condición semejante.

Tenochtitlan, Texcoco, Tepetzingo, Chapultepec, Iztapalapa, Coyoacán, Xochimilco y Oaxtepec, albergaban hermosos jardines que eran propiedad de la nobleza y que estaban dedicados al cuidado de las personas mencionadas. Moctezuma Xocoyotzin, por ejemplo, había designado los terrenos de Culhuacan, cercanos a Tenochtitlan, como albergues especiales o un tipo de centros de rehabilitación.

En su libro “Monarquía Indiana”, Fray Juan de Torquemada, describe un lugar exclusivo para los incapacitados:

“Y así, tenía dedicado el pueblo de Culhuacan… para que en él se recogiese todos los hombres viejos e impedidos que se habían ocupado en guerras o en su servicio, o que otras legítimas causas moviesen a ello, y tenían dado orden, de que allí los sirviesen y regalasen, como a gente estimada y digna de todo servicio…”.

 

Hernán Cortés confirma este hecho en las Cartas de relación:

“(El emperador) tenía una casa donde tenía un hermoso jardín con cientos de miradores…
Había diez estanques de agua, donde tenía todos los linajes de aves de agua que en estas partes se hallan, que son muchos y diversos, todas domésticas…”.

“…Tenía en esta casa un cuarto en que tenía hombres y mujeres y niños blancos de su nacimiento en el rostro y cuerpo y cabellos y cejas y pestañas. Tenía otra casa donde tenía muchos hombres y mujeres monstruos, en que había enanos, corcovados y contrahechos, y otros con otras deformidades…”.

 

Aquellos que nacían con dichas anomalías eran considerados hijos del sol y merecían un total respeto. También eran asociados con los dioses del placer y los excesos físicos.

Por otro lado, las personas jorobadas y los enanos eran considerados sagrados y por tal motivo “eran incorporados al grupo de bufones de la corte del Tlatoani en turno, y otros eran alojados en una casa especial, donde podían ser vistos por el público”.

Bernal Díaz del Castillo nos relata este hecho:

“… y algunas veces, al tiempo de comer estaban unos indios corcovados, muy feos porque eran chicos de cuerpo y quebrados por medio los cuerpos, que entre ellos eran chocarreros… y otros indios que debieran ser truhanes, que le decían gracias, y otros que le cantaban y bailaban, porque Moctezuma era aficionado a placeres y cantares”.

Había también algunas supersticiones a las que se les achacaban ciertas condiciones físicas. Por ejemplo, se creía que si un niño no concluía su crecimiento había sido porque alguien pasó sobre su cabeza y perjudicó su tonali. Esta es una condición que se presenta en aproximadamente uno de cada 15 mil a 40 mil bebé, y ocurre en todas las razas y en ambos sexos.

Una vez más, en “Monarquía Indiana, Fray Juan de Torquemada nos habla de Nezahualpilli, hijo de Nezahualcóyotl y sus designios al respecto:

“…mandó que todos los niños huérfanos y viejos imposibilitados y los impedidos,por enfermedades largas y contagiosas, acudiesen a su palacio a recibir socorro; y así se le daba cada día. Los que en las guerras habían quedado cojos, mancos o ciegos, o con algún defecto particular, que los tuviese impedidos, para no poder seguir la milicia, eran sustentados…”.

Vaya que en este sentido eran realmente muy superiores a la educación que Cortés y los cronistas de la época muestran, pues por una parte los españoles les llaman monstruos y, por la otra, tenemos a los mexica haciendo gala de su enorme civilización que atendía de una forma más respetuosa a estos seres humanos.