1. Hacer la cobra

Crédito: Luca Boldrini

Se trata de la actitud temida por todos los enamorados, que la película española Pagafantas explica muy bien. El motivo del temor no es que la otra persona ataque… ni no más bien, que se defienda. Imagina que te gusta alguien y reúnes el valor de robarle un beso, pero la otra persona reacciona con un movimiento de cuello serpenteante que, finalmente, evita que ese beso llegue a su destino. Después de que te hagan la cobra, encontrarás tu orgullo, muy probablemente, reptando por el suelo.

 

2. Mirar con ojos de cordero degollado

Crédito: Ed Brambley

Digan lo que digan, esto es chantaje emocional en toda regla. Y es que, ¿quién no ha puesto alguna vez tristes ojitos (cual carnero que está en las últimas) para conseguir algo? Al cordero suele no serle útil para evitar su final… ¿qué hay de ti?

 

3. Estar como una cabra

Si te dicen que estás como una cabra, es que eres una persona que está más cerca de la locura que de la cordura. Parece ser que esta expresión tiene su origen en las reacciones de los cabritos cuando son destetados que, lejos de permanecer junto a sus madres todo el tiempo, pecan de imprudentes y se escapan hacia las montañas. Ya lo indica otro popular dicho: “la cabra siempre tira al monte”.

 

4. Ser la oveja negra

Otra frase que involucra a los rumiantes (se nota que hemos pasado mucho tiempo cerca de estos animales de granja). En todas las familias hay una oveja negra, así como en todos los grupos de amigos. Ser la oveja negra es ser alguien que piensa y actúa diferente a los demás. Tradicionalmente podía tener una connotación negativa, pero, en la actualidad, no puede ser más positiva, ya que se asocia con aquellos que rehúyen del rebaño y tienen un pensamiento propio. Este cambio de apreciación también se nota en la siguiente frase…

 

5. Ser un ratón de biblioteca

Crédito: Zach Welty

Esta analogía que compara a las personas con los ratoncillos que moran en las bibliotecas, puede ser un insulto para algunos y algo que hace sentir bien a otros. Los ávidos lectores, tan curiosos e inteligentes como un roedor, quizás se sientan felices ahora que nerd is the new sexy.

 

6. Dormir la mona

Mientras tú te acuestas, los borrachos se van a dormir la mona, una frase popular que se utiliza para aludir al sueñecito de alguien que ha ingerido unas cuantas copas de más. ¿Es una forma de comparar a un ebrio con un primate por esa alegría que les caracteriza? Prácticamente sí, ya que esta expresión está vinculada a la costumbre que existía en el siglo XVI de proporcionar vino a los monos para observar los efectos del alcohol en ellos.
La mala fama de los monos también está presente en las expresiones “hacer monadas o monerías” y “más peligroso que mono con navaja”. En vista a ciertos desastres ambientales antropogénicos, quizás haríamos bien en reformular y sólo decir “más peligroso que humano con navaja”.

 

7. Estar en la edad del pavo

¿Sabías que la palabra “adolescencia” proviene de “adolescer”, es decir, de padecer alguna dolencia? Ahora bien, no está muy claro en qué se parecen aquellos maravillosos y turbulentos años entre la niñez y la juventud con el animal. Una posible teoría hace referencia al color rojo del pavo, similar al rubor en las mejillas que experimentan con frecuencia los jóvenes y que son ocasionados por timidez o por temas sentimentales.

 

8. Salir rana

Algo sale rana cuando, definitivamente, no es lo que esperábamos. Pero, ¿qué han hecho estos anfibios para que los despreciemos? Esta frase se debe a los pescadores de río quienes, esperanzados con pescar un suculento pez cuando salían a faenar, se mostraban contrariados al reconocer que, por desgracia, habían pescado una rana.

 

9. Ser un perrillo faldero

Un perro faldero es un can pequeño y que, por su tamaño, puede estar en las faldas de las mujeres, según apunta el diccionario. Quienes no tienen una adorable mascota de estas características se conforman con otro tipo de perrillos falderos, es decir, amigos o parejas sumisas que beben los vientos por ellos y que no encuentran mejor entretenimiento que admirarles constantemente. Algunos hasta ladran con tono agudo ante la presencia de terceros…

 

10. Meter la gamba

Esta alusión no tiene que ver con el crustáceo que habita el Mediterráneo, ni con el hecho de que este termine en un salpicón de mariscos. Cuando uno mete la gamba (del italiano “pierna”) es porque comete una torpeza. Tal como un animal que pisa sin cautela y queda con sus patas atrapadas en un sitio indeseable, lo mismo nos sucede cuando nos metemos en situaciones engorrosas por nuestra propia impericia.

 

BONUS TRACK

Los siguientes dos dichos no tratan sobre animales, aunque creamos que sí.

 

Montar un pollo

Si montas un pollo a alguien, a ese alguien le conviene echar a correr rápido porque, de lo contrario, le caerán todo tipo de gritos e improperios. Este dicho popular proviene del vocablo ‘poyo’, un banco de piedra que se ubica junto a algunas casas de los pueblos y desde el que los oradores pronunciaban sus discursos antiguamente y que solían acabar en acaloradas discusiones.

 

Aquí hay gato encerrado

Los mininos tienen casi tantas vidas como dichos populares. Lejos de referirse a la claustrofobia de un gato confinado, un gato está encerrado cuando algo no cuadra y no va bien. Y no es que un felino esté oculto, sino más bien lo que se trata de esconder es el dinero. Una de las definiciones de gato que brinda la RAE actualmente es “bolso o talego en el que se guarda el dinero” y también “dinero que se guarda”. Entonces, que hubiera gato encerrado hacía referencia antiguamente a que existía dinero oculto.