Cuando Cuauhtémoc se entregó a Cortés en Tenochtitlan, ya todo estaba perdido: la gente moría de hambre y la enfermedad se extendía como una plaga nunca antes vista. La caída de la gran capital mexica era inminente.

Crédito: Emmanuel Valtierra. Imagen publicada originalmente en el libro «Codex Valtierra».

Una vez que Cortés tomó el control de la ciudad, se dirigió al sur para someter más ciudades, pero la fatiga y el desconocimiento del terreno eran cada vez mayores y los españoles comenzaron a desesperarse. Fue así como, en las selvas del sur, Cuauhtémoc vio una oportunidad para desorganizar al ejército de Hernán Cortés o incluso derrotarlo.

Según nos deja ver la historia, la única salida que encontró el joven tlatoani fue ir en contra de su orgullo mexica y tratar de establecer alianzas con sus rivales y vasallos; ya no en un orden de amo y esclavo, sino como iguales, como un solo pueblo que lucharía contra la invasión del hombre blanco.

¿Pero en qué momento sucedió esto?

Durante el trayecto hacia el sur del ejército español y sus aliados, Cuauhtémoc tuvo la oportunidad de entrevistarse con el gobernador de Izancanac llamado Pax Bolón. Esto por orden de Cortés, tal vez como un gesto de humillación para el tlatoani, a quien envió en calidad de mensajero para anunciar que en adelante los amos y señores serían los españoles.

Crédito: Emmanuel Valtierra. Imagen publicada originalmente en el libro «Codex Valtierra».

Estas son las palabras que Cuauhtémoc le dirigió al señor chontal de Izancanac Pax Bolón, allá en Tuzki Ahá, cuando envió a sus mensajeros para dar aviso sobre la llegada de los hombres blancos y que llegaron hasta nuestros días gracias a la tradición oral maya:
«Señor Ahau (rey), estos españoles vendrán tiempo que nos den mucho trabajo y nos hagan mucho mal y que matarán a nuestros pueblos. Yo soy de parecer que los matemos, que yo traigo mucha gente y vosotros sois muchos».

Pero Pax Bolón evadió aquella proposición, contestándole a Cuauhtémoc:

«Vereme en ello, dejadlo ahora, que trataremos en ello».

Pax Bolón poseía según se sabe, un corazón vacilante y cobarde pues primero había rehuido presentarse a Cortés y había simulado haber muerto unos días antes. Pero informado Cortés por otro cacique maya, requirió al hijo del ahau de Izancanac para que lo llevara ante este. Los chontales por su puesto que sostuvieron está simulación y ordenaron no presentarse a los blancos. Finalmente, esta versión no pudo sostenerse y Pax Bolón llegó con su séquito ante el conquistador de los Culúa o mexicanos y se entregó en paz…

Cortés es explícito en relación a lo sucedido en aquella ocasión y la supuesta traición del mensajero que Cuauhtémoc envío a la capital tenochca:

«Habían hablado muchas veces y dado cuenta de ello a este Mexicalcingo (Coste Mexi), diciendo cómo estaban desposeídos de sus tierras y señoríos y los mandaban los españoles, y que serían bien que buscasen algún remedio para que las tornasen a señorear y a poseer. Que hablando en ello muchas veces en este camino les había parecido que era buen remedio tener manera como me matasen a mí y a los que conmigo iban, y después de apellidando la gente de aquellas partes, hasta matar a Cristóbal de Olid y la gente que con él estaba, y enviar a sus mensajeros a la ciudad de Tenochtitlan para que matasen a todos los españoles que en ella habían quedado.

Porque les parecía que lo podían hacer muy ligeramente, siendo así que todos los que quedaban aquí eran de los que habían venido nuevamente, que no sabían las cosas de la guerra, y que acabando de hacer ellos lo que pensaban irían apellidando, juntando consigo toda la tierra por todas las villas y lugares donde hubiese españoles, hasta los matar y acabar todos, y que hecho esto pondrían en todos los puertos de la mar recias guarniciones de gente para que ningún navío que viniese se les escapase, de manera que no pudiesen volver a Castilla; y así serían señores como antes lo eran…».

Todas las fuentes históricas (Cortés, Ixtlilxochitl, Chimalpahin, Anales de Tlatelolco, etc.) recuerdan el nombre del denunciante, el mexicalcingo Costemexi. Pero en tanto que las fuentes indígenas mexica (Anales de Tlatelolco) y texcocana (Ixtlilxochitl) niegan la existencia de una conspiración, el testimonio español (Cortés y Bernal Díaz), la acepta como plenamente probada.

El tercer testimonio, ajeno a conquistadores y vencidos, es el de los mayas chontales, que ha venido a sumarse a las pruebas de la existencia de las pláticas de los príncipes mexica destinadas a destruir el poderío español, acabando con Hernán Cortés.

En consecuencia, Cortés actuó con rapidez, en forma sigilosa, se aprehendió a los señores y tomó información de ellos, condenando a muerte a Cuauhtémoc y a Tetlepanquetzaltzin, aunque otras fuentes añaden a Coanacochtzin de Texcoco.

Crédito: Emmanuel Valtierra. Imagen publicada originalmente en el libro «Codex Valtierra».

Las fuentes españolas agregan que Cuauhtémoc fue sometido a un interrogatorio y que, después de confesar, fue sentenciado a muerte por Cortés. Bernal Díaz dice que el soberano de México reconoció haber asistido a las pláticas, pero no haber participado de estas. Tetlepanquetzaltzin, el señor de Tacuba, fue más explícito y añadió que Cuauhtemoc y él habían dicho:

«…que más valía morir de una vez que morir cada día en el camino viendo la gran hambre que pasaban los macehuales (labriegos o gente del pueblo) y parientes».

Sin embargo la historia nunca nos permitirá saber a ciencia cierta si es verdad el supuesto mensaje que Cuauhtémoc trataba de enviar o solo una conjura de Cortés para acabar de una vez por todas con la cara visible del imperio Tenochca. Una cosa es cierta, una vez muerto el tlatoani, los mexica perdieron toda esperanza de poder recuperar su antigua forma de vida, con lo que se puede afirmar, que aquel deceso representó totalmente la caída del imperio mexica.

Crédito imagen de portada:  Leonardo Emiliozzi | Shutterstock.com