1. Creer que las distancias son cortas.

Si bien es cierto que Europa tiene una extensión territorial menor a la de América Latina, no significa que las ciudades que quieras visitar están cerca una de otra. Tratar de pasar por 8 países en 15 días se traduce en apuros y cansancio. Tu viaje consistirá en subir del bus, bajar, dormir poco, ir y tomarse la foto icónica, volver al bus, al avión, al tren… a muchas horas de camino y pocas de relax.

Solución: como “el que mucho abarca, poco aprieta”, si tienes pocos días de vacaciones elige los sitios que más interés tengas en conocer y dedícales dos o tres días a cada uno, por lo menos. Recorrerás menos ciudades, pero disfrutarás más. Ahora, si tienes tiempo de sobra, entonces tómalo con calma y aprovecha conociendo también los pueblos, lejos de las grandes ciudades.

2. Elegir el aeropuerto más económico.

En Europa hay varias aerolíneas low cost con precios insólitamente baratos, que son una buena opción para ir de una ciudad a otra. Una vez conseguí un vuelo Madrid-Irlanda por solo 7€ y otro Amsterdam-Edimburgo por 9€. Pero –siempre hay un pero– algunos de los vuelos que ofrecen solo parten de los aeropuertos más lejanos de las ciudades. Esto significa que aunque sí son buenos precios, nos acarrean otros costos.

Crédito: B1foto

Solución: hay que leer bien y revisar todas las opciones para no pagar más mientras uno lo que trata es gastar menos. Hay que ver la distancia del sitio donde estás alojado hasta el aeropuerto y saber cómo vas a llegar: si en autobús, tren, o en otro transporte público, cuál es el tiempo/costo de ir hasta allá. También es importante investigar si los transportes públicos que nos llevan a la ciudad operan en el horario en el que nosotros llegamos. Saca bien la cuenta y decide si conviene salir de otro aeropuerto o tomar otro tipo de transporte, por el mismo monto o incluso, menor.

3. Viajar con mucho equipaje en un vuelo low cost.

Sí, las aerolíneas de bajo costo tienen precios buenísimos, pero el costo total será bajo solo si cumples ciertas cosas: que llegues al aeropuerto con el billete impreso, que solo viajes con el equipaje de mano y nada más…. ni siquiera un bolso extra mediano o un paraguas (he oido que hasta presentan quejas por una chaqueta). Intentarán hacerte cualquier cobro extra y el precio se elevará considerablemente.

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Solución: si necesitas facturar equipaje, entonces revisa también el precio con otras aerolíneas que ya incluyan este costo. Además, puedes comprar el equipaje con anticipación, que suele ser más económico que en el propio aeropuerto. Como dijimos en el punto anterior, calcula cuánto te cuesta ir al aeropuerto y compara.

4. Pagar mucho por tours históricos.

Europa es el viejo continente y tiene mucho por contar, mucho por entender. Por eso es normal que lo que más abunde sean las operadoras que ofrecen tour históricos (y casi siempre con los mismos recorridos). A veces pueden llegar a costar hasta 20€ por persona, y ese es un dinero que puedes ahorrar para otra cosa, ya que hay otras opciones…

Crédito: Joshua Earl

Solución: hay muchas empresas como Free tours by foot que ofrecen esos mismos tours (y hasta mejores) sin costo alguno. También hay opciones de tours alternativos y muy interesantes, que mezcla la historia con lo moderno, como los tours de arte urbano por ejemplo, muchas veces llamados “Alternative London” / “Alternative Berlin”, etc. Solo tienes que darle la propina que quieras al guía cuando finalice el recorrido: es una buena manera de no gastar tanta pasta por aprender.

5. No contratar un seguro de viajes.

A nadie le gusta enfermarse durante un viaje, pero a todos nos puede pasar en el momento menos esperado. Además, uno de los requisitos que nos exigen a los latinos al entrar a Europa, es tener un seguro de viajes. Puede que lo soliciten o no al entrar a un país; eso depende del humor del oficial de inmigración.

Solución: si vas a hacer un viaje corto (digamos, menos de un mes) quizá no sea tan necesario, a pesar de que te lo pueden solicitar. Sin embargo, debes considerarlo para los viajes largos. Se puede contratar desde el propio país de salida (pagando en tu moneda) o adherirse a las múltiples opciones europeas según la cantidad de días que vayas a estar de visita.

6. No tener todos los documentos de viaje.

“Hombre precavido vale por dos”, dice el dicho. Muchos países pueden solicitar cartas de invitación, reservas de hotel, hostales, apartamentos, o estados de cuenta bancaria (para verificar si pueden cubrir la estadía), además del seguro de viajes. No te confíes en que no te los pedirán…

Solución: hay que investigar bien qué se necesita en cada país antes de hacer el viaje, para tener los documentos en regla. Puede pasar cualquier cosa: que uno los tenga todos y no nos pidan ninguno en inmigración… o que nos pidan justamente ese que nos falta. Así que es mejor prevenir. En este aspecto, también es importante saber que la mayoría de los latinoamericanos no necesitan visa para visitar el espacio Schengen. Se trata de 26 países por los que te puedes mover sin hacer los pasos de migración por un tiempo máximo de 90 días.

7. Confiar demasiado en el Eurail pass.

Viajar en tren por Europa es una maravilla: por los paisajes, por la tranquilidad, por el tiempo que da para trabajar –o descansar- y porque son cómodos. Mucho más si puedes comprar un Eurail pass, que te incluye visitar 30 países en un período de 15 días a 3 meses, y que te da acceso a prácticamente toda Europa. Pero no te puedes confiar en que tendrás todos los boletos a tu disposición el día y a la hora que necesites, porque la mayoría de las veces tocará reservar con antelación.

Formación del Bernina Express, Viaducto de Landwasser. Crédito: Germán Saavedra Rojas.

Solución: revisa bien la ruta que quieras seguir y toma en cuenta las distancias. Un pase como este genera ahorro porque los boletos de tren son costosos, pero debes preguntarte qué quieres: si viajar con lentitud, llegar más rápido en avión, o pagar menos en un bus, aunque te tardes más. Y algo importante: si tienes 26 años o menos, puedes tener descuentos importantes para adquirir estos pases de tren.

8. Creer que los buses son lo más económico.

No necesariamente. Los buses no tienen la misma frecuencia que los trenes o vuelos y, si se trata de distancias muy largas, pueden ser incluso hasta más costosos que un vuelo.

Solución: otra vez, revisa las distancias y compara precios. Páginas como Go Euro ayudan un montón a sacar esas cuentas. También puedes ampliar la mente y optar por servicios de carpooling como Bla Bla Car, que están bien extendidos en Europa y significa que alguien te puede llevar en su carro y compartirás los costos con otros viajeros. También puedes viajar a dedo, sin costo alguno, asegurando un montón de experiencias más 😉

Crédito imagen de portada: John Sting.