Viajar en tren tiene muchas ventajas: es más cómodo, te permite perderte mirando paisajes por la ventanilla y adquirir una sensación del paisaje y sus cambios, y además es el medio de transporte colectivo más ecológico. A todo esto se suma, en muchas ocasiones, que las estaciones son maravillas arquitectónicas, lugares a los que vale la pena ir aunque no vayas a tomar un tren. Eso sí, si vas a viajar en tren por Europa, no pierdas la ocasión de pasar por aquí.

1. Amberes-Central (Amberes, Bélgica)


Cada vez que alguien me dice que va a ir a Amberes, yo contesto que en la ciudad no he estado, pero sí en la estación de tren. Y la estación de tren vale mucho la pena. Eso es lo que me pareció mientras la recorría asombrada al hacer un transbordo, deseando tener más tiempo para descubrirla.

Inaugurada en 1905, la estación impresiona por su marquesina de acero sobre los andenes y por el edificio central, de piedra e inspirado en el Panteón de Roma. Los habitantes de Amberes la llaman la Catedral del Ferrocarril y no es difícil entender por qué. Sería fácil pasar por delante y confundirla por una catedral (aunque sin símbolos religiosos).

2. Gare de Limoges-Bénédictins (Limoges, Francia)

Esta estación celebra en 2019 su 90 aniversario. Construida al lado de un monasterio benedictino (de ahí su nombre), su arquitectura mezcla elementos art nouveau y art déco. Su torre del reloj mide 67 metros de altura y las cuatro caras del reloj, una en cada lado de la torre, están unidas, por lo que siempre muestran la misma hora exacta. No te asustes si no coincide con la hora de tu reloj: están adelantados 2 minutos para que te apures y no pierdas el tren.

Su historia no ha sido siempre fácil. Además del incendio que casi la destruye en 1998, durante la Segunda Guerra Mundial fue ocupada por las tropas alemanas, que usaron los pasadizos subterráneos como refugio.

3. Amsterdam Centraal (Ámsterdam, Países Bajos)

Fue construida entre 1881 y 1889 y, si en tu visita piensas que guarda cierto parecido con el Rijksmuseum, es porque el arquitecto es el mismo, Pierre Cuypers. Por fuera es como una especie de palacio gótico-renacentista, con dos torreones y mucho elemento decorativo.

En su momento fue muy polémica: el lugar escogido, a la orilla del lago, no gustó nada y muchos creían que iba a ser un desastre y cargarse el espíritu de la ciudad. Ahora, 130 años después, la estación es no solo un punto de conexión clave en Ámsterdam, sino uno de sus centros.

4. Estación de Wemyss Bay (Wemyss Bay, Escocia, Reino Unido)

El exterior de esta estación, construida en 1903, tiene su encanto, pero quizá no el suficiente como para incluirla en una lista de estaciones bonitas. Es cuando entras cuando lo entiendes todo: una estructura curva de cristal y acero que funciona como techo, permitiendo que entre la luz y protegiendo a los pasajeros que van a pasar del tren a un barco. Se construyó cerca del puerto precisamente para esto y la estructura cubre también un pasadizo que llega hasta el muelle.

El arquitecto de esta obra de arte eduardiana fue el arquitecto escocés James Miller, que diseñó también otras estaciones en Escocia y unos cuantos edificios impresionantes en Glasgow, como el del Commercial Bank of Scotland o el de la Olympic House.

5. Gare de Lyon (París, Francia)


La estación en sí es bonita, aunque quizá en París hubiésemos podido escoger otra. Construida en 1855, su aspecto actual es el de la reforma que se hizo para la Exposición Universal de París en 1900. Una torre del reloj parecida al Big Ben londinense y una arquitectura típica de la época.

Lo realmente especial, no obstante, es el restaurante Le Train Bleu, que abrió en 1901. Tan adornado como si fuese un retablo barroco, buscando representar las distintas regiones y ciudades francesas, es imprescindible parar a tomarse un café y sentirse alguien de otra época.

6. Estação Ferroviária de Porto — São Bento (Oporto, Portugal)

Por fuera es bonita y de clara influencia francesa, pero no es esta la razón por la que está siempre en las listas de estaciones famosas. Su secreto está tras cruzar la puerta, en el hall principal: está cubierta de azulejos (¡20.000!) pintados a mano, en los que hay representaciones históricas de eventos ocurridos en o relacionados con el norte de Portugal.

Se inauguró en 1916, tras unos cuantos años de planos, planes y construcción. Está donde estaba el antiguo convento de Sao Bento, y de hecho hubo que derruir parte de las ruinas para la construcción de la estación, lo cual no estuvo falto de polémica.

7. Estación Central de Helsinki (Helsinki, Finlandia)

El edificio actual, inaugurado en 1919, sustituye a una estación antigua que se les había quedado pequeña. El plano original presentado por el arquitecto que ganó el concurso era del estilo nórdico romántico nacional, pero hubo muchas quejas y el arquitecto cedió y construyó algo distinto. Un edificio que recuerda al art nouveau y al modernismo, pero a su vertiente vienesa, a la Secesión, con un gran arco acristalado en la entrada y cuatro enormes estatuas que sujetan cada una una lámpara con forma de bola.

Llaman también la atención la torre del reloj mide casi 50 metros de alto y las estrechas y altas ventanas verticales. Por dentro, siguen anticipándose al modernismo con techos de hormigón que no serían comunes hasta años más tarde.

8. Estação Ferroviária do Rossio (Lisboa, Portugal)


La fachada de esta estación es de esas que no te cansas de admirar: muy decorada, con sus dos puertas en forma de herradura y el estilo neomanuelino que lo impregna todo, cuesta creer que sea una estación de tren y no algún otro tipo de edificio monumental como un palacio o un teatro. En el interior, los techos que cubren los andenes fueron ideados por Gustave Eiffel.

Su arquitecto fue el portugués José Luis Monteiro y se inauguró en 1891.

9. Estación de St Pancras (Londres, Reino Unido)

Ejemplo perfecto de arquitectura victoriana, estuvo a punto de ser demolida hace unos años. Afortunadamente, finalmente se optó por su rehabilitación, por lo que sigue luciendo en toda su gloria neogótica. Abrió en 1868 y lo que llama la atención, su fachada, es en realidad un hotel. Fue primero el Midland Grand Hotel, que funcionó entre 1873 y 1935. Después el espacio fue utilizado como oficinas de la compañía ferroviaria. En 2011, abrió un nuevo hotel, el St. Pancras Renaissance London Hotel.

Si te suena la estación o el hotel, quizá sea porque la has visto en Harry Potter (haciéndose pasar por King’s Cross) o en el videoclip de Wannabe de las Spice Girls.

10. Estación de Atocha (Madrid, España)

Otra estación con sorpresa, aunque en este caso innecesaria. El edificio de la estación, que cumple por sí solo todos los requisitos para estar en esta lista, es un diseño de Alberto de Palacio Elissague de 1888. La nave de acero, por su parte, es del francés Henri de Saint-James. Todo junto forma una maravilla de hierro, ladrillo, piedra y cerámica declarada Bien de Interés Cultural.

Con la ampliación de la estación que hizo Rafael Moneo para dar cabida a las nuevas líneas de alta velocidad en 1992, la estación original se convirtió en vestíbulo de las nuevas. Y es aquí donde está la innecesaria —porque la estación ya era bonita— aunque maravillosa sorpresa: un jardín tropical donde antes estaban las vías y los andenes.