Si tu plan para este verano es visitar Europa, es posible que ya hayas asumido que no vas a estar solo. De hecho, si vas por destinos de playa o capitales clásicas, estarás muy acompañado. Muchas veces no podemos evitar ir a lugares turísticos: es a los que es más fácil y barato llegar, no siempre puedes viajar en temporada baja y, maldita sea, ¿vas a quedarte sin ver París solo porque está lleno de turistas? No pasa nada, solo hay que hacerse a la idea e intentar no ir con prisas y agobios.

Pero si tienes un poco más de margen, si vas a estar bastante tiempo y te puedes mover en tren, si ya has visto Roma o en realidad te da igual cambiarla por un lugar menos conocido, apunta estos lugares. No suelen estar masificados y son especialmente agradables en verano.

1. Región de los lagos de Finlandia

Si quieres saber qué es el amor por el verano, vete a Finlandia. En una época del año en la que muchos aprovechamos para viajar, ellos se quedan en casa, porque consideran que tienen el mejor verano del mundo (es un poco cierto) y porque disfrutarlo está muy unido a su identidad. En esta región, al norte de Helsinki, hay unos 188.000 lagos (has leído bien) y recorrerla hace feliz a cualquier viajero. Si tienes un amigo finlandés que te lleve a la cabaña del lago de su familia para pasar unos días recogiendo bayas en el bosque, haciendo barbacoa, y corriendo de la sauna al lago, mejor. Si no, disfrutarás también mucho descubriendo lugares como Savonlinna o Kuopio, haciendo paseos por los bosques o yendo en barco por los lagos.

2. Bucovina (Rumanía)


Rumanía empieza donde acaba el asfalto, dice un dicho popular rumano, por lo que si te decides por este país, vete más allá de Bucarest. El paso lógico suele ser Transilvania, la región que vio nacer la leyenda de Drácula, pero si quieres algo de verdad especial, vete a Bucovina. Esta región situada justo en la frontera con Ucrania (se extiende entre ambos países) es un paisaje verde de bosques y montañas, entre los que se esconden pequeños pueblos y, sobre todo, muchísimos monasterios que destacan por estar pintados con frescos de colores. Los veranos son suaves y agradables.

3. Dolomitas (Italia)


Si te apetece un plan un poco más de montaña, vete al norte de Italia. La cadena montañosa de los Dolomitas (las montañas rosas) se extiende por varias regiones y es patrimonio de la Unesco. Puedes hacer vias ferratas, escalada, senderismo, alpinismo… y puedes también dedicarte a observar los valles que se abren entre las montañas y a visitar pueblos y ciudades encantadoras como Trento, Feltre o Cortina d’Ampezzo (donde verás a mucha gente muy rica). Como siempre en Italia, comer y beber será también parte de la experiencia.

4. Val do Douro (Portugal)


Portugal lleva unos años de moda, lo que hace que lugares como Oporto, Lisboa y, en verano, el Algarve estén siempre llenísimos de gente. Pero si te sales de ahí, el número de turistas se reduce considerablemente. En el valle del Duero no estarás solo, pero disfrutarás igual. Hay varias formas de recorrer este valle: puedes hacerlo en coche, en tren o directamente en barco por el río. Sus laderas están llenas de viñedos (el paisaje es también patrimonio de la humanidad) y pueblos como Pinhao o Paso da Régua y quintas como la Quinta do Vallado o Quinta do Crasto. Y bodegas, claro. Ir catando vinos es parte de la experiencia.

5. Riviera albanesa


La costa croata ya está masificada, así que desde hace unos años la gente ha empezado a viajar un poco más al sur, a las playas de lo que ya se llama la Riviera albanesa. Son playas largas situadas al sur del país, de agua cristalina y turquesa, y hay bastante para elegir. Están las más populares, como Plazhi i Ri, y las más desconocidas, como Qeparo. Y luego esas que son tan bonitas que ni te lo creerás, como Ksamil. Pero la Riviera albanesa es más que playas: la zona está llena de castillos, hay dos parques nacionales, y muchos pueblos llenos de encanto. Mucho para explorar si no quieres pasarte el día tirado en la arena (si quieres, adelante; también es un buen plan).

6. Alto Tatra (Eslovaquia)


Quizá este verano haya más gente de lo normal en las montañas eslovacas, porque Lonely Planet ha decidido nombrar al Alto Tatra como destino número uno. Es parque natural desde 1949, por lo que este año está de aniversario. Es un destino perfecto para amantes de la montaña y la naturaleza y sus paisajes son casi vírgenes. Hay numerosas rutas de senderismo y excursiones que puedes realizar, además de un buen puñado de picos dignos de ser subidos: 25 de ellos superan los 2.500 metros. No te pierdas tampoco Ždiar, un pueblo en el que puedes ver casas tradicionales de madera y empaparte de las costumbres locales.

7. Lago Balaton (Hungría)


Lugar de veraneo de muchos húngaros, muchas veces olvidarás que estás ante un lago y no delante del mar: mide 77 kilómetros de largo y, en su lado más ancho, 14, por lo que se pierde en el horizonte. Hungría no tiene costa, pero con este lago tampoco le hace mucha falta: cuenta con 70 playas y el agua suele andar por los 25ºC, por lo que es muy probable que no quieras salir. A su alrededor, pueblos como Siófolk, Keszthely con su palacio rococó, paisajes abrumadores como el de Badacsony (era un volcán) y mucho balneario.

8. Normandía (Francia)

Las playas normandas son eternas, pero no solo a lo largo, sino también a lo ancho. Llegar a un lugar en el que el mar te cubra más allá de la cintura es todo un paseo, pero así entrar en el agua (que no es que esté muy calentita) es más gradual y vas entrando en calor mientras caminas. Es posible también que el tiempo no sea precisamente de baño, pero te dará igual. Verás entonces playas enormes y desiertas, cielos dignos de volver a inspirar el Romanticismo y, claro, algún monumento al desembarco. Por supuesto, ir al Mont Saint-Michel y ver cómo sube o baja la marea con la famosa ola es también obligado. Aquí ya no estarás solo y lo de la ola, según mi experiencia, mucho ruido y pocas nueces, pero es un lugar muy peculiar al que vale la pena ir.

9. Trondheim (Noruega)

Un poco de turismo urbano tampoco está mal, aunque ya que estás en Noruega y en plena región de fiordos, seguro que acabas haciendo alguna escapada a la naturaleza. Trondheim es la tercera ciudad más grande de Noruega, aunque no llega a los 200.000 habitantes, y como está bastante al norte (en realidad, técnicamente, está en la mitad sur, pero es Noruega) una de las ventajas de viajar en verano, especialmente cerca del solsticio, es que verás el sol de medianoche. Trondheim es una ciudad de canales, llena de casas de colores de lo más fotogénicas y cafés, tiendas, museos y galerías de arte. Aquí también está la catedral gótica más septentrional del mundo.

10. Costa cántabra (España)


¿Playas que en verano no están masificadas en España? La costa norte es el lugar al que debes ir. El agua del Cantábrico no es calentita como la del Mediterráneo, pero a cambio estarás en lugares más vírgenes y salvajes. Si no hace tiempo de playa, tampoco te aburrirás de descubrir pueblecitos marineros como Cudillero o Ribadesella en Asturias, Comillas o San Vicente de la Barquera en Cantabria, y Hondarribia o Bermeo en el País Vasco. Galicia también tiene costa bañada por el Cantábrico, y es donde están la famosa praia das Catedrais y la desconocida pero igualmente impresionante praia das Illas.