1. La gente es muy amable.

Existe ese estereotipo de que los ingleses son todo educación, buenos modos y amabilidad. Dejando de lado los individualismos particulares, a grandes rasgos esto es cierto. La idea preconcebida de los buenos modales ingleses no va a decepcionarte.

 

2. El acento británico te cautiva.

Todos hablan de ese maravilloso acento que, a menos que hayas estado en Inglaterra o conocido a un inglés anteriormente, sólo habías escuchado en series y películas de época –o en Harry Potter, claro… -. Resulta que en la vida real suena todavía mejor. Hasta es probable que termines pidiendo indicaciones sin necesitarlas solo para escuchar hablar a la gente…

 

3. El clima es tan malo como te dijeron.

No es ningún rumor: Vas a encontrarte nubes y lluvia, tal y como imaginaste. Y hasta puede que te atrape alguna tormenta con un viento capaz de levantarte del piso y hacerte volar hasta la punta del Big Ben. Claro que tampoco es como si jamás saliera el sol. Al fin y al cabo, el tiempo cambia en todas partes…

Crédito: DncnH

 

4. Y el té tan bueno como esperabas.

El té más barato y común en Inglaterra es tan rico como el más caro en otros países. Si esperabas pasar tus días en Londres tomando té en cada oportunidad que se presentara, es muy probable que tus expectativas se cumplan.

Crédito: Nick Gray

 

5. Las casas son como en tus sueños.

Esas chimeneas antiguas y esos pórticos desde los cuales se ven los cuartos subterráneos te hacen sentir que estás en 101 dálmatas con más potencia que ciento un dálmatas de carne y hueso.

Crédito: Anna & Michal

 

6. Los autobuses rojos de dos pisos están por todas partes.

No por nada son un clásico souvenir que en todo el mundo se relaciona con la ciudad. Quieras o no, será difícil que no se te presente un momento en el cual tengas que subirte a uno de esos.

Crédito: Pedro Szekely

 

7. Así como las tradicionales cabinas telefónicas.

No olvides que la TARDIS es una cabina de policía y es azul, no roja, así que no te metas en una y esperes encontrar una habitación enorme adentro. Lo que sí vas a encontrar, posiblemente, es wi-fi.

 

8. Todo es caro.

Tampoco un rumor que inventaron para desanimarte. Las libras valen muchísimo más que los euros y los dólares. Ergo, cuando hagas el cambio de moneda, vas a resultar muy perjudicado, te guste o no. Y no sólo eso, sino que todo, desde la comida hasta las entradas a los lugares, es escandalosamente caro, incluso con tarjeta de estudiante. Pero algunas cosas se salvan. Y ahí empiezan las características que tal vez no te esperabas, a menos que te las hubieran contado…

 

A QUE NO SABÍAS QUE…

 

1. Los museos son gratuitos.

Ir a ver cuadros célebres como el Matrimonio Arnolfini, Los girasoles de Van Gogh o Los embajadores no te va a costar ni media libra. En Londres los museos son de acceso libre.

Crédito: Sergio Calleja

 

2. La ciudad es un caos.

Es posible que tuvieras la idea de que en Inglaterra todo sería orden y prolijidad. WRONG. Londres es una enorme metrópolis tan caótica como las demás. La gente cruza la calle con los semáforos en rojo, hay tráfico, muchedumbres, manifestaciones, construcciones, ruido y gente gritando. Si esperabas una apacible población en la cual todo funciona como un reloj, te vas a llevar un chasco.

 

3. Te vas a perder.

No importa de dónde vengas, no importa qué tan seguro estés de poder ubicarte en cualquier parte, no importa cuántos mapas lleves en tu mochila. En Londres te vas a perder. Llevo cuatro años viviendo en una ciudad laberínticamente medieval y aún así Londres me resultó indescifrable. No puedo recordar un solo momento en el cual las calles me dieran la impresión de estar en cuadrícula. Oh, no: not here. Ese lugar es un laberinto vibrante en donde los caminos se tuercen, desaparecen, vuelven a aparecer divididos en dos o tres y las calles y avenidas cambian de nombre con mucha frecuencia. Un día en Londres equivale a perderse al menos cinco veces. Afortunadamente, ellos están al tanto de eso y por eso te ponen mapas en cada esquina con una flecha que dice con claridad You’re here.

 

4. No vas a comer sólo comida inglesa.

¿Estás ansioso por tomar uno de esos famosos tés ingleses con scones y todo lo que puedas agregar, tal y como has visto en la tele? Bueno, prepárate también para disfrutar de comida italiana, china, estadounidense, india, mexicana… Porque todas estas opciones son igual de válidas en Londres. Y a veces hasta más baratas.

 

5. No hay niebla.

Sí, es cierto que ya dije que el clima suele ser nublado. Pero lo de la niebla en realidad es un mito nacido en la época de la revolución industrial debido al humo que emitían las chimeneas de las fábricas. Es verdad que puede tocarte un día en el que haya, como en cualquier otra ciudad, pero si esperabas encontrarte con la clásica imagen del nebuloso Londres del siglo XIX para recitar poemas de Wordsworth en ambiente… Bueno, mejor llévate otro libro.

Crédito: Garry Knight

 

6. Vas a conocer a más extranjeros de los que esperabas.

No como turistas, claro, sino viviendo en la ciudad. Con lo cual te vas a encontrar esforzándote por tratar de comprender una multiplicidad de acentos que no podrían ser más diferentes entre sí una de cada tres veces que pidas direcciones.

 

7. No vas a poder ver todo lo que querías.

Puede que te esperaras esto o no, dependiendo de cuánto tiempo planearas alargar tu viaje. Pero de una forma u otra, esa ciudad está tan infestada de cosas interesantes, que siempre vas a acabar perdiéndote de algo. Por lo que…¡vas a tener que volver!