1. Cruzar los andes por tierra.

Cierto que puedes hacerlo en avión, es mucho más práctico y rápido. ¡Pero no tiene gracia! En cambio, cruzar los Andes Centrales del Perú por tierra es una experiencia que no tiene comparación.

Pasarás del nivel del mar, verás el cambio y diversidad de las distintas alturas de paisaje andino, cruzarás un nevado a casi 5,000 msnm, y bajarás hasta la selva central, igualmente apreciando el cambio de vegetación y de ecosistemas en el descenso.

Es una experiencia de conexión intensa y auténtica con la naturaleza, que resulta hasta mística: la enormidad de las montañas, las inmensas planicies altoandinas, los picos nevados, el poder de los rayos del sol, el intenso azul del cielo, el volumen de los ríos, los resultados de la erosión, la exuberancia de la vida en la selva… En fin, con el poder y la armonía de la naturaleza, te harán recordar los eones de existencia de este planeta y reflexionar acerca de nuestra presencia y nuestro rol en él. Volverás a casa alineado con la majestuosidad del Universo.

Esta ruta hay que hacerla conduciendo de día. Es recomendable que al menos dos personas conduzcan, para que se vayan relevando en las doce horas que puede tomar el recorrido, si se hace de un tirón. También se recomienda un vehículo 4×4 (o en todo caso un auto con un motor potente y en buen estado).

La ruta con carreteras en mejor estado es: Lima – La Oroya – Pasco – Huánuco – Tingo María. Eso sí, hay que decir que este cruce de los Andes también puede calificar como una experiencia de aventura, porque, los caminos andinos son difíciles por la cantidad de curvas cerradas que tienen, porque muchos días encontrarán gran cantidad de camiones en la ruta… y porque muchos conductores peruanos suelen ser algo imprudentes. Mi sugerencia es parar a cenar y dormir en Huánuco, y luego seguir a Tingo María.

2. Ir al Valle del Colca.

Ya en sí la ruta es espectacular, porque se atraviesan pasos de gran altitud y se pasa por una zona conocida como Mirador de los Volcanes.

Pero, además, las experiencias que nos brindan los diferentes pueblitos del Valle del Colca (Chivay, Yanque, Coporaque, Cabanaconde, Maca, etc) merecen que nos quedemos por aquí al menos dos días, en ánimo de hacer un retiro espiritual y conectar con nuestra humanidad más sencilla y básica.

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En el Valle del Colca la cultura y la naturaleza se dan la mano para mostrarle al visitante la importancia de mantener la conexión con los saberes ancestrales y así poder vivir en armonía con el medio ambiente.

Crédito: morrissey

Para muestra, allí están los impresionantes andenes agrícolas (laderas convertidas en terrazas de cultivo), construidos por los antiguos pobladores collaguas en el siglo XII, y que continúan en uso.

Crédito: morrissey

No debes dejar de visitar los baños termales de La Calera (Chivay), cuyas aguas (testimonio de que nos encontramos en una zona volcánica) no sólo tienen propiedades curativas sino que inducen un estado de relajación.

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Desde el Mirador de la Cruz del Cóndor vas a tener una espectacular vista del valle, del nevado Bomboya y, con un poco de suerte, del majestuoso vuelo del cóndor, el rey de estas alturas.

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3. Visitar las Líneas de Nazca.

Enigmáticas, inmensas, desconcertantes, las Líneas de Nazca siguen siendo un misterio que atrae tanto a científicos como a místicos. Existen varias teorías sobre el origen y la finalidad de estos gigantescos geoglifos extendidos en las Pampas de Nazca, pero en realidad sólo se ha establecido su datación: unos 500 años antes de Cristo.

Lo recomendable es el sobrevuelo en avioneta, que te permitirá avistar todas las líneas y figuras trazadas en esta pampa: el colibrí, la araña, las manos, el mono, el pelícano, la ballena, el astronauta, el lagarto, y de otras más, porque hay más geoglifos y no siempre se pueden apreciar todos (depende mucho del ángulo del sol).

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Se piensa que este lugar era un inmenso calendario solar para la agricultura. Es una experiencia que no te puedes perder, y que te hará conectarte con los conocimientos y la espiritualidad de antiguas civilizaciones.

Crédito: ilker

4. Navegar los ríos amazónicos.

Crédito: kretyen

Los ríos son las vías de comunicación de la selva pero, además, el agua es vida. No nos olvidemos de las numerosas leyendas amazónicas que tienen como protagonista a los ríos o a los personajes y espíritus que en ellos habitan.

Crédito: rodeime

Muy aparte, el recorrido de los ríos amazónicos es una de las últimas aventuras con sabor local que se pueden realizar en estos tiempos, al tiempo que socializamos tanto con locales y con viajeros. Además, hay posibilidades para todo presupuesto y en varios de los ríos de la Amazonía peruana.

Desde las barcazas de carga en las que uno cuelga su propia hamaca en algún rincón, hasta los cruceros de lujo, incluyendo los recorridos cortos o las excursiones grupales en kayak que hacen algunas empresas.

Crédito: anoldent

Lo que tienen en común todos ellos es sentir el poder del río, entender cómo el río es el principal factor de vida, y el poder sumergirse en la selva y vivirla de primera mano, especialmente si en el recorrido se atraviesa alguna de las áreas naturales protegidas, en donde aún se puede encontrar bosque primario y especies locales.

Crédito: brunogirin

Cuando hayamos terminado el camino del río, ya no seremos los mismos… Tendremos que volver a la selva una y otra vez, para seguir conociéndola y comprendiéndola.

Crédito: michalo

5. Nadar con lobos marinos en Islas Palomino.

En el Callao, distrito portuario, tenemos la posibilidad de tomar un paseo que nos lleva cerca de los peñascos donde habitan los lobos marinos. Con un poco de suerte, y siempre guardando las distancias, podremos incluso nadar al pie de la embarcación y hasta hacer contacto con los lobos marinos.

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El viaje completo dura unas cuatro horas, pero el encuentro con estas simpáticas criaturas dura de 15 a 20 minutos, y para ello se recomienda usar wetsuit, porque el agua es bastante fría. No se permite acercarse a las Islas Palomino menos de 30 metros, pero no es para preocuparse, porque los lobos marinos son animalitos muy curiosos y sin duda se acercarán para zambullirse a tu alrededor. No hay cosa igual, ¡te lo aseguro!

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Después de vivir esta experiencia, entenderás por qué los antiguos habitantes de la costa peruana creían que estos animalitos eran los encargados de guiar a las almas hasta el más allá…

6. Ir a Machu Picchu.

Machu Picchu es mucho más que una ruta o un destino: de acuerdo con tradiciones locales, es un centro energético muy importante, donde podemos reconectar con nuestra espiritualidad y tener visiones sobre nosotros mismos y sobre los asuntos que nos preocupen.

Crédito: nelsonro

No permitas que el alto flujo de visitantes o que los horarios para entrar a la ciudadela te impidan tener una experiencia única e inolvidable. Trata de llegar a la ciudadela a las 6am, cuando apenas está abriendo y aún hay muy poca gente.

Crédito: Carlos Ebert

Otra alternativa, más descansada, es llegar por la tarde-noche a Machu Picchu Pueblo y dormir allí, para poder estar en la ciudadela a primera hora. La presencia de los apus (montañas sagradas de los incas) rodeando el lugar invita no sólo a hacer muchas fotos, sino a sentarse un rato a meditar, a tratar de sintonizarse con la energía del lugar y a encontrarse con uno mismo y con nuestro lugar en el universo.

Crédito: gadjod

Recuerda, eso sí, que una vez dentro de la ciudadela se permite una estancia de cuatro horas como máximo. Pero si te quedó corto el tiempo, o si deseas darle otra dimensión más a tu experiencia espiritual, hay un hotel en la ciudadela donde puedes quedarte, y que incluso ofrece sesiones con un chamán de la zona.

Crédito imagen de portada: chanycrystal

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