“Quetzalcóatl, aunque fue hombre, teníanle por dios y decían que barría el camino a los dioses del agua y esto adivinaban porque antes que comienzan las aguas hay grandes vientos y polvos, y por esto decían que Quetzalcóatl, dios de los vientos, barría los caminos a los dioses de las lluvias para que viniesen a llover”.
Fray Bernardino de Sahagún.

Durante los últimos 500 años se ha difundido una falsa creencia, que empezó como una estrategia de sometimiento a los pueblos nativos, hasta convertirse en una supuesta verdad que es aceptada por muchos y reforzada por libros de historia, murales y leyendas urbanas. Te hablo de la idea generalizada de que Quetzalcóatl, el profeta de Anáhuac, era rubio y de ojos azules.

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¿Pero de dónde salió esta idea? Bien, vayamos por partes y tratando de encontrarle la lógica a este asunto.

Como primer punto recordemos que, antes de la llegada de los españoles, los pueblos nahua no habían tenido contacto con las sociedades europeas, por lo que no tenían idea de la existencia de personas de raza blanca o aria.

Ahora bien, vale la pena mencionar que los registros nativos hablan de dos personajes diferentes con el mismo nombre: uno es Quetzalcóatl, uno de los dioses que ayudaron a la creación de la humanidad, y el otro es Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl, que nació en el actual pueblo de Amatlán, en el estado de Morelos, y que se convirtió en un gran gobernante y profeta.

¿Vamos bien?

La idea de un Quetzalcóatl blanco nace al unir varios puntos de una forma muy forzada pero, vaya que ha funcionado… Si no me crees, saca tus propias conclusiones.

Al dios Quetzalcóatl, según la cosmovisión prehispánica, se le relaciona con el oeste, que los pueblos nativos representaban con el color blanco. Así mismo, sus hermanos recibían un punto cardinal y color distinto. Como ejemplo basta el de Tezcatlipoca, que se relacionaba con el norte y el color negro, pero ello no significa que viniera del continente africano.

Por otra parte, Ce Acatl Topiltzin fue muy reconocido por su labor como gobernante, por lo que su fama trascendió fronteras y se le recordó como un gran profeta que encarnaba perfectamente las virtudes del dios. Por ello, se le llegó a ver como un enviado de Quetzalcóatl en la tierra.

A su llegada, los españoles encontraron en tierras mayas algunas esculturas con forma de cruz y se aferraron a creer que era una prueba de la presencia de cristianos en suelo nativo. Sin embargo, esta cruz maya se llama realmente kajb’al, vocable quiché, y que representa la función de las cuatro esquinas del universo: Kaj/Kej = cuatro o Universo; b’al = la función.

Ahora viene la mejor parte.

Los españoles en aquel tiempo y, es más, los cristianos hasta la fecha, creen que Jesucristo era de raza aria. Sin embargo, él nació en Medio Oriente y en aquella región las personas tienen un tono de piel más bien bronceado, cabellos negros y ondulados, por lo que el profeta cristiano de ninguna forma tuvo las características de un hombre rubio de ojos azules.

Bien, pues ya que se ha tenido la falsa idea de que Jesucristo era un hombre blanco y con la confusión que los españoles tuvieron al mezclar las historias de Quetzalcóatl y Topiltzin como su historia, sus obras, el culto que se les tenía y su relación con el color blanco, no les quedó ninguna duda de que el profeta de Anáhuac algo tenía que ver con el cristianismo.

A esto hay que sumarle que Quetzalcóatl regresó del mundo de los muertos al igual que Jesucristo, ambos predicaban grandes conocimientos filosóficos y ambos se fueron de este mundo prometiendo regresar algún día.

Ya más tarde, religiosos como Carlos de Sigüenza y Góngora aseguraban que Quetzalcóatl era nada más y nada menos que el apóstol Santo Tomás quien había arribado al continente americano a predicar la palabra de Cristo.

En el siglo XIX, el historiador Manuel Orozco y Berra ya afirmaba que Quetzalcóatl era un vikingo naufrago.

Estas teorías se fueron reforzando hasta llegar a 1930, cuando el gobierno mexicano ya las daba por ciertas e incluso promovía la imagen del Quetzalcóatl blanco para enervar el nacionalismo en el pueblo mexicano.

Por eso en aquel entonces, Diego Rivera tuvo la idea de pintar un mural donde el profeta de Anáhuac es retratado incluso con barba (“La leyenda de Quetzalcóatl”, Palacio Nacional). Ese mismo año el gobierno decidió cambiar la imagen de Santa Claus por la del dios prehispánico, para que fuese él quien llevará regalos a los niños.

Pero la historia no acaba ahí, pues más recientemente los grupos mormones y demás sectas han afirmado que Quetzalcóatl es el mismísimo Jesucristo, afirmando su versión con base en las cruces que existían en las sociedades prehispánicas.

Bueno, ahora lo sabes y puedes desmentir a todos aquellos que tienen la falsa creencia de un profeta nativo blanco, de ojos azules y con barba.