Al considerar las similitudes entre Jesucristo y Quetzalcóatl, una de las cosas que a veces se escucha por ahí es que Quetzalcóatl era un individuo blanco y de ojos azules. ¿Cómo surgió esta idea? Los frailes del XVI trataron de encontrar el por qué de la presencia de los indígenas en estas tierras y, buscando la respuesta en la Biblia, concluyeron que aquellos eran parte de las tribus dispersas de Israel.

Lo anterior fue reforzado por la presencia de cruces (más abajo te cuento de qué se trataban estas cruces), que ellos juzgaron que eran cruces cristianas. Lo que se contaron fue que Dios había deparado que algún apóstol viniera a evangelizar antes de la llegada de los españoles. Ello, debido a los hallazgos de los frailes de la época.

Bernal Díaz del Castillo cuenta que en su paso rumbo a Tenochtitlan, encontraron cruces en algunos templos nativos:

“Y lleváronnos a unas casas muy grandes, que eran adoratorios de sus ídolos y bien labradas de cal y canto, y tenían figurado en unas paredes muchos bultos de serpientes y culebras grandes y otras pinturas de ídolos de malas figuras, y alrededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre, y en otra parte de los ídolos tenían unos como a manera de señales de cruces, y todo pintado, de lo cual nos admiramos como cosa nunca vista ni oída”.

Fuente: “Historia verdadera de la conquista de la Nueva España”.

De igual forma, el franciscano López de Cogolludo confirma el hecho:

“Se halló en este Reyno de Yucatán fundamento para poder presumir una evangelización de las Indias por los apóstoles, y que no dio poco que considerar a los escri­tores antiguos, para nuestros españoles, cuando en él entraron, hallaron cruces…”
Fuente: “Historia de Yucatán”.

Por otra parte, un Quetzalcóatl renuente a los sacrificios, casto, civilizador y con una trayectoria intachable venía a darle a la iglesia un chivo expiatorio para argumentar que el cristianismo había llegado mucho antes que los españoles al continente americano, tal como el caso del testimonio de Fray Diego Durán:

“Aquel hombre venerable, al que llaman Topiltzin fue, según las tradiciones indígenas, un casto y penitente sacerdote, del que se recuerdan episodios al parecer milagrosos, este santo varón fue algún apóstol que Dios aportó a esta tierra”.
Fuente: “Historia de las Indias de Nueva España e islas de tierra firme”.

De igual forma, López de Gómara agrega que Quetzalcóatl era la más grande deidad de Cholula (lo que era cierto), y agrega que es casto, penitente y además hace ayuno:

“El ídolo mayor de sus dioses llaman Quetzalcóatl, dios del aire, que fue fundador de la ciudad; virgen, como ellos dicen, y de grandísima penitencia; instituidor del ayuno, del sacar sangre de la lengua y orejas, de que no sacrificasen sino codornices, palomas y cosas de caza”.
Fuente: “Historia de la conquista de México”.

Se entiende que este testimonio de Gómara proviene de la obra de Fray Toribio de Benavente, quien señala en primer lugar años antes estos atributos:

“Este hombre honesto y templado comenzó a hacer penitencias de ayudo y disciplinas a predicar la ley natural…”.
Fuente: “Memoriales”.

Por su parte, Bartolomé de las Casas señala que Quetzalcóatl había venido de Yucatán, como un hombre blanco, de ojos grandes, largos cabellos negros y gran barba redonda.

Y por último tenemos a Fray Juan de Torquemada, quien definitivamente asegura que Quetzalcóatl era blanco y barbado:

“…estas gentes traían consigo una persona muy principal por caudillo que los gobernaba, al cual llamaban Quetzalcóatl, al que después los chololtecas adoraron por dios. Este se tiene por muy averiguado que fue de muy buena disposición, blanco y rubio, y barbudo y bien acondicionado”.
Fuente: “Monarquía Indiana”.

Fue así como se sentaron las bases para idealizar la imagen de un “Quetzalcóatl cristiano”, de lo cual pocos dudaron en ahí en adelante.

El autor Carlos Sigûenza y Góngora escribió ya para la segunda mitad del siglo XVII que Quetzalcóatl no era otro que el apóstol Santo Tomás, quien había llegado al actual territorio mexicano a predicar el evangelio:

“Que Santo Tomás, uno de los Doce Apóstoles, había emigrado a esta tierra, al cual llamaron Quetzalcóatl, hallando la coincidencia de entrambos nombres por la vestimenta, la doctrina y los vaticinios del Apóstol…”.
Fuente: “Biblioteca Mexicana”.

Pero lo que definitivamente colmó el vaso de irresponsabilidad histórica fue el sermón a la virgen de Guadalupe dado por Fray Servando Teresa de Mier en 1794, quien argumentó que la vestimenta de Juan Diego donde se plasmó la virgen pertenecía a Quetzalcóatl, lo que enardeció a los españoles, pues les quitaba todo el mérito de ser ellos los primeros evangelizadores.

Hoy en día, a raíz del creciente interés por la figura de Quetzalcóatl, y gracias a los muchos estudios que se han hecho sobre su importancia en las culturas del México prehispánico, podemos encontrar similitudes entre Jesucristo y Quetzalcóatl, o mejor dicho, similitudes entre la historia que contaban los seguidores de Quetzalcóatl sobre su vida y sus enseñanzas, y las del Jesús de Nazareth bíblico.

1. Ambos nacieron por obra de un milagro.

“Año 1 caña. En él, según se dice, se refiere, nació Quetzalcóatl, el que fue llamado nuestro príncipe, el sacerdote 1 Caña Quetzalcóatl. Y se dice que su madre fue la llamada Chimalman. Y así se refiere cómo se colocó Quetzalcóatl en el seno de su madre: ésta se tragó una piedra preciosa. Vienen los años 2 pedernal, 3 casa, 4 conejo, 5 caña, 6 pedernal, 7 casa, 8 conejo”.
Fuente: “Historia del sabio señor Quetzalcóatl”, Elisa Ramírez.

2. Una nueva estrella es asociada tanto con Cristo como con Quetzalcóatl. Según la Biblia, el nacimiento de Jesús fue anunciado por la estrella de Belén. Cuando Quetzalcóatl partió, apareció Venus (es un planeta, pero los nativos lo mencionaron como “una estrella”).

“Y dicen más: Que cuando su muerte (de Quetzalcóatl), por cuatro días sólo no fue visto, fue cuando al Reino de la Muerte fue a vivir, y en esos cuatro días adquirió dardos, y ocho días más tarde vino a aparecer como magna estrella. Y es fama que hasta entonces se instaló para reinar”.
Fuente: Ángel María Garibay, «Historia de la Literatura Náhuatl».

3. Cristo y Quetzalcóatl fueron considerados como deidades universales y no únicamente locales.

A la serpiente preciosa podemos encontrarla en Teotihuacan en el año 150 d.C., también entre los mayas con el nombre de Kukulcán, en Tula con el nombre de Quetzalcóatl y entre los mexica, hasta antes de la llegada de los españoles.

4. La cruz fue un símbolo asociado con Jesucristo y con Quetzalcóatl. Existe en la iconografía del Anáhuac un símbolo que es constante desde los olmecas hasta los mexicas. Una cruz o equis que está presente en la mayoría de las llamadas obras de arte del México antiguo. Ésta, “la cruz de Quetzalcóatl” o quincunce. Tiene el valor de punto central, ya que simboliza el reencuentro del cielo y de la tierra. Es “besar el cielo y la tierra”.

“Para mayor exactitud, el quincunce designa además la piedra preciosa que simboliza el corazón, lugar de encuentro de los opuestos”.
Fuente: “Pensamiento y religión en el México antiguo” Laurette Sejourne.

5. Ambos regresaron de la muerte. Jesucristo al ser crucificado y Quetzalcoatl, al entrar al Mictlán y recuperar los huesos sagrados para crear una nueva humanidad.

6. Ambos, Cristo y Quetzalcóatl, prometieron que volverían.

7. Dejaron a sus seguidores grandes enseñanzas que darían paso a una nueva forma de ver el mundo y de vivirlo, como la siguiente enseñanza de Quetzalcóatl.

“Se moderado y austero. Verifica que los demás coman primero; entonces toma agua y lava sus manos y sus bocas. Que no por ser noble perderás tu nobleza ni caerán los jades, las turquesas de tus manos llenas”.
Fuente: “Huehuetlahtolli”.

8. A los dos los expulsaron de esta tierra sus enemigos. A Jesús los judíos y los romanos; y a Quetzalcóatl los partidarios de Tezcatlipoca:

“Sus ofrendas eran siempre serpientes, aves, mariposas, que él sacrificaba. Y se dice, se refiere, que esto enojó a los hechiceros. Así empezaron éstos a escarnecerlo, a hacer burla de él. Decían, deseaban los hechiceros afligir a Quetzalcóatl, para que éste al fin se fuera, como en verdad sucedió”.
Fuente: “Historia del sabio señor Quetzalcóatl”, Elisa Ramírez.

Si tomamos en consideración las similitudes entre Jesucristo y Quetzalcóatl, cualquiera podría creer que se trata del mismo ser. Sin embargo, sus enseñanzas versan sobre aspectos humanos distintos, en tanto que Jesucristo aboga por “el amor al prójimo”, Quetzalcoatl pone especial atención a “vivir en equilibrio”.

No olvidemos que en la historia de la humanidad en todo el planeta han existido maestros y profetas con una sabiduría tan excepcional que su voz hace eco hasta nuestros días, como lo fueron Buda, Hermes, Toth, Mahoma, Jesucristo y Quetzalcoátl. No debemos confundirnos: Quetzalcóatl no fue un hombre blanco y barbado, mucho menos un apóstol de Jesucristo o el mismo Jesucristo en persona. Pues a pesar de su gran parecido, sus circunstancias de nacimiento y vida fueron muy distintas (y de ambos personajes se tiene registro). Solo nos queda agradecer que en cada rincón surgió siempre un maestro que nos trajo la iluminación.

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Este artículo sobre similitudes entre Jesucristo y Quetzalcóatl fue actualizado por última vez el 9 de abril de 2020.