Tezcatlipoca es un dios creador y destructor, contraparte de Quetzalcóatl y algunos hasta creen que fue más importante que aquel. Esta máscara hecha en turquesa es una de las pocas piezas de arte que retratan a esta deidad. Data del siglo XV y actualmente se exhibe en el Museo Británico, ciudad de Londres, formando parte del gran acervo cultural del México prehispánico que, tristemente, se encuentra fuera del país.

 

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“…Era tenido por verdadero dios, e invisible, el cual andaba en todo lugar, en el cielo, en la tierra y en el infierno; y tenían que cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias, de donde resultaban muchas fatigas y desasosiegos.

Decían que él mismo incitaba a unos contra otros para que tuviesen guerras y por esto le llamaban Necoc Yáotl, que quiere decir sembrador de discordias de ambas partes; y decían él sólo ser el que entendía en el regimiento del mundo, y que él solo daba las prosperidades y riquezas, y que él solo las quitaba cuando se le antojaba; daba riquezas, prosperidades y fama, y fortaleza y señoríos, y dignidades y honras, y las quitaba cuando se le antojaba, por eso le temían y reverenciaban, porque tenían que en su mano estaba el levantar y abatir, de la honra que se le hacía.”

Bernardino de Sahagún, “Historia general de las cosas de la Nueva España”.

 

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Se trata de un dios prácticamente invencible e inevitable que rige el mundo y su equilibrio, y que se caracteriza por su carácter complejo y conflictivo, reflejado a través de sus 360 nombres diferentes según los diversos pueblos nahuas y sus advocaciones:

Tloque Nahuaque: el poseedor de lo que nos rodea
Titlacahuan: aquel del que somos esclavos
Tlazopilli: príncipe precioso
Teyocoyani: creador de la humanidad
Yáotl: enemigo
Ichoacán Tzintli: misericordioso
Ipalnemoani: por quien todos viven
Ilhuicahua Tlaticpaque: poseedor del cielo y de la tierra
Molnenequi: árbitro
Moyocoani: el creador de sí mismo

 

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Estos son algunos de los nombres de Tezcatlipoca, en los cuales se cubren todos los aspectos de una deidad omnipotente y omnipresente. Por otra parte, en su aspecto oscuro, Tezcatlipoca se asocia con la hechicería, con la noche y el jaguar.

Incluso Henry B. Nicholson (“Religion in Prehispanic-Mexico) lo describe como “el mayor de los mayores de sus dioses”. Esto tal vez inspirado en las descripciones hechas en los códices, como la siguiente:

“Era el dios omnipotente, omnipresente, omnisciente, viril, siempre jóven, ante quien todas las criaturas quedaron indefensas”.

Códice Magliabechiano

Esta es la historia de Tezcatlipoca según la cosmovisión nahua:

Ometecuhtli (señor dual) y Omecihuatl (señora dual) tuvieron cuatro hijos: Tezcatlipoca, Quetzalcóatl, Tláloc y Xipe Totec, de los cuales Tezcatlipoca fue el primogénito. Fue él quien se encargó de la regencia del primero de los mundos creados por los dioses, llamado Nahui-Ocelotl (Cuatro-Jaguar).

De igual forma, Tezcatlipoca y Quetzalcóatl colaboraron juntos para crear el mundo en el que vivimos, cuando se enfrentaron al monstruo Cipactli. Ambos dioses en colaboración se convirtieron en árboles para evitar que este cayera sobre la tierra, y fue así como obtuvieron el grado de dioses. Luego, fue Tezcatlipoca quién embriagó a Quetzalcóatl cuando gobernaba Tula, con lo cual este perdió su dignidad y se alejó, prometiendo volver algún día.

 

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Fray Diego Durán (“Historia de las Indias de la Nueva España”) relata que en Tenochtitlan había una gran estatua de Tezcatlipoca “…de piedra muy relumbrante y negra, piedra de que ellos hacían navajas para cortar”.

¿Es posible que hayamos entendido un poco la historia y que Tezcatlipoca haya sido el dios más adorado del mundo nahua? En “Relación de Texcoco”, Juan Bautista Pomar sostiene que, en Texcoco, la figura de Tezcatlipoca fue la más reverenciada, seguida de la de Huitzilopochtli y la de Tláloc. Según los texcocanos, a ellos los guió precisamente Tezcatlipoca, a diferencia de los mexica que fueron guiados por Huitzilopochtli, según la leyenda de la fundación de su capital.

Como puedes ver, esta deidad representa aspectos de la dualidad negativo-positivo, siendo un dios ambivalente que representa a la perfección y el equilibrio, dando y quitando a las personas según sus designios, lo que -al menos a mi criterio- lo convierte en el auténtico Señor del cielo y de la tierra.