Historia General de las cosas de Nueva España” es una obra de Fray Bernardino de Sahagún quien, para poder escribirlo, tuvo que investigar y repasar durante años la información proveniente de diversas fuentes y de los códices.

“Con harto menos trabajo de lo que aquí me cuesta, podrán los que quisieren saber en poco tiempo muchas de sus antiguallas y todo el lenguaje de ésta gente mexicana…”.

El Códice florentino, como también se conoce a “Historia General de las cosas de la Nueva España”, es un documento muy extenso que consta de cuatro volúmenes y que fue redactado a dos columnas: la de la derecha escrita en náhuatl y la de la izquierda en español. Lo acompañan más de 2000 ilustraciones que conservan rasgos del estilo pictográfico de los tlacuilos mexica.

Para su elaboración se utilizó papel importado de Europa y tinta nativa. El primer nombre que tuvo, “Códice florentino”, se le asignó por estar resguardado en la Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia. Se cree que llegó a este lugar como un regalo que Felipe II hizo al duque de Toscana, Francesco de Medici.

Estas son algunas de las razones por las que los historiadores consideran a esta obra vital para el estudio de la cultura nahua:

  • Trata ampliamente sobre diversos aspectos de la vida cotidiana de los nahuas, desde la época prehispánica hasta entrado el siglo XVI, que es cuando llegaron los españoles.
  • Reconstruye la historia prehispánica y colonial de los nahuas, e incluso otros pueblos del centro de México.
  • Ofrece datos precisos sobre la mitología mexica, rituales y festividades con que honraban a las deidades, su alimentación y la descripción de su entorno.
  • Si bien es una obra atribuída en su totalidad a Bernardino de Sahagún, lo cierto es que este se apoyó en el testimonio de un conjunto de eruditos nahua, quienes le transmitieron su conocimiento en sus propios términos y conceptualización, para que el cronista pudiese comprender.

    Para que te des una idea de lo extenso de la obra tienes que saber que aún no ha sido completada, pues no se cuenta con una versión integral de los textos de la parte náhuatl. Como el náhuatl no se corresponde con el español para traducción, ha sido difícil interpretar -en algunos casos-, lo que los sabios que apoyaron a Sahagún.

    Sahagún comenzó a redactar el Códice Florentino entre 1553 y 1555. Él pertenecía a la Orden Franciscana, cuyos miembros aprendieron náhuatl para poder primero comprender y luego erradicar toda forma de pensamiento religioso prehispánico.

    Es así como el misionero Sahagún entró en contacto con diversos grupos nahuas, además de los mexica, como los huexotzincas, los cholultecas, los tlaxcaltecas, los tlatelolcas, los xochimilcas y los tepanecas.

    “Por mandato del muy reverendo padre fray Francisco de Toral, provincial de esta Provincia del Santo Evangelio y después obispo de Campeche y Yucatán, escribí doce libros de las cosas divinas, o por mejor decir idolátricas y humanas y naturales, de esta Nueva España”.
    (Bernardino de Sahagún).

    Para desarrollar esta obra Sahagún se apoyó de un grupo de nativos eruditos conocidos como “los trilingües”, que dominaban a la perfección el náhuatl por ser su lengua madre y también podían hablar español y latín. Entre ellos se destacaban el representante del reino de Azcapotzalco, Antonio Valeriano, los representantes del reino de Tlatelolco, Martín Jacobita y Pedro de San Buenaventura, y el representante del reino de Cuautitlán, Alonso Bejarano. Todos ellos tenían esos nombres y apellidos por haber sido bautizados en la fe católica, que era ya obligatoria para todos los nativos.

    Años después, entre 1545 y 1558, Sahagún se encargó de recopilar cuarenta discursos de la tradición oral nahua conocidos como “Huehuetlahtolli” (“palabras antiguas”), sobre las que se ha dicho representan la sabiduría heredada de Quetzalcóatl, siendo estos consejos los más altos estándares morales de su época.

    Para 1558, Sahagún fue asignado al convento de Tepeapulco (foto), pueblo que perteneció una vez al reino de Texcoco y en el que permaneció hasta 1561. Allí sistematizó todos los conocimientos recopilados, dividiendo la obra en:

  • Lo sagrado.
  • Lo humano.
  • Lo natural.
  • A este primer compendio se los conoce como “Primeros memoriales”; posteriormente añadió un capítulo nuevo, que por cierto se perdió y no hay datos de su paradero. A este nuevo compendio se le llamó “Códices matritenses”, por estar resguardados en Madrid, en la Biblioteca del Palacio Real y en el Museo Real de Historia.

    Ya para la década de los 70 del siglo XVI Sahagún revisó y ordenó nuevamente su material y la obra quedó estructurada en libros divididos en capítulos. Añadió textos como “Libros sagrados”, “Libros de retórica” y “La conquista”. Finalmente, quedaron doce libros.

    Sin embargo, por cuestiones ligadas a sus detractores, la obra no pudo llegar completa hasta nuestros días.

    En 1570 se llevó a cabo una reunión en la provincia del Santo Evangelio, en la que los detractores de Sahagún aprovecharon para cuestionar y desestimar su labor, argumentando que el financiamiento que el gobierno le otorgaba era una pérdida total.

    Estas críticas tuvieron eco en el apoyo que se le daba a Sahagún y, sin más, se le confiscaron sus escritos, que terminaron dispersos en diversos conventos. Sin embargo, el fraile continuó por su propia cuenta y redactó un sumario y un breve compendio que envió a España, con la intención de convencer a las autoridades reales de la importancia de su trabajo. Con persistencia, consiguió una vez más el apoyo que le habían retirado.

    Fue así como el comisario Rodrigo de Sequer fue instruido por el Consejo de Indias para que le brindara a Sahagún el financiamiento requerido y este pudiese escribir nuevamente la obra y, además, la tradujera del náhuatl al castellano. Se pudo recuperar una parte del material original y, entre 1575 y 1577, se reescribió la obra en una versión conocida como “Códice florentino”, en la cual durante su elaboración murieron varios de sus informantes a causa de una epidemia de cocoliztli, dejando así los últimos libros incompletos.

    Ya con lo poco que se podía rescatar comenzaron las traducciones al castellano, en una compilación final que hoy conocemos como “Historia General de las Cosas de la Nueva España”, que contiene los siguientes libros:

        1. “De los dioses”.
        2. “Calendarios, fiestas y ceremonias”.
        3. “Origen de los dioses”.
        4. “De la astrología judiciaria o arte de adivinar”.
        5. “Agüeros y pronósticos”.
        6. “Retórica, filosofía moral y teología”.
        7. “De la astrología natural o astronomía”.
        8. “De los reyes y los señores”.
        9. “De los mercaderes y oficiales”.
        10. “De los vicios y virtudes de ésta gente indiana”.
        11. “De las propiedades de los animales, árboles, metales y de los colores”.
        12. “De la conquista de la Nueva España”.

      Sahagún pasó sus últimos días en Tlatelolco y murió en el convento de San Francisco en 1590, dejando como legado la obra más extensa sobre la forma del vida de los pueblos prehispánicos y coloniales nahuas.