Probablemente hayas escuchado sobre los toltecas, el pueblo que habitó la mítica ciudad de Tula y del cual se sabe muy poco. Gran parte de su historia es un misterio o una versión contada por los pueblos nahuas del Valle de México y ampliada, posteriormente, por las investigaciones arqueológicas.

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Para comenzar con los misterios, tienes que saber que se desconoce el nombre real de esta civilización y que toltecas fue un nombre dado por los nahuas muchos años después de su desaparición. ¿Qué significa tolteca? Simple y sencillamente “habitante de Tula”.

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2.

Las ruinas de Tula se encuentran en el estado de Hidalgo, en México. Se sabe que alcanzó su apogeo entre los años 900 y 1200 d.C. y que su influencia se extendió hacia al norte, hasta el actual estado de Zacatecas, y al sur hasta Yucatán. Incluso tuvieron fuertes vínculos con los mayas, que los llevaron a formar alianzas más allá de la guerra, pues en el siglo X, los toltecas provenientes del centro de México ocuparon Chichén Itzá, ya entonces en ruinas, haciéndola florecer una vez más y permeando a la región con su cultura.

Se cree que la inclusión de Kukulcán en la mitología maya es producto de la influencia tolteca, pues al arribar a la región maya, llevaron consigo su religión, cultura y cosmovisión. Según “Los anales de Cuautitlán”, Quetzalcóatl fue el gobernante más noble y sabio que tuvo la nación Tolteca-Chichimeca: esto justificaría la continuación de su veneración en los territorios a los que llegaron, en los que esta mítica figura encontró nuevos seguidores.

3.

Sin embargo, uno de los misterios que envuelve a este pueblo desconocido es precisamente su identidad, pues los pueblos nahuas se refieren a los toltecas como un sinónimo de cultura elevada y no como una civilización, tal como lo ilustra el siguiente poema:

“El tolteca es sabio, es una lumbre, una antorcha, una gruesa antorcha que no ahúma. Hace sabios los rostros ajenos, les hace tomar un corazón. No pasa por encima de las cosas: se detiene, reflexiona, observa.

Un tolteca todo lo saca de su corazón; es abundante, múltiple, inquieto, hábil, capaz; a sí mismo se adiestra, dialogando en su interior, encontrando respuestas. Obra con deleite, hace las cosas con calma, con tiento, como un artista; compone lo defectuoso y hace convenir lo disperso; ajusta las cosas.

En cambio, el falso tolteca obra al azar, es una burla a la gente; opaca las cosas, les pasa por encima y las hace sin cuidado; en lugar de crear, imita; defrauda a los demás y es un ladrón.

De este modo os convertiréis en tolteca: si adquirís hábito y costumbre de consultarlo todo con vuestro propio corazón. Sed toltecas: hombres de experiencia propia”.

Fuente: Códice Matritense

Por lo anterior, en 1941 la arqueología señaló a Tula como “Tolan”, que es una ciudad mítica para los nahuas. Sin embargo, arqueólogos de renombre como Laurette Sejourne se pronunciaron en contra, pues según sus apreciaciones no había elementos suficientes para considerarla así, señalando que Tula fue solamente un refugio para los pobladores de Teotihuacan que llegaron a habitarla.

4.

Según el arqueólogo Enrique Florescano, el diseño de Tula se corresponde al tránsito de Venus alrededor del sol, siendo que este mismo ciclo representa las etapas de transformación de Quetzalcóatl para llegar a ser hombre. Tomando como referencia a Tula, ocurre un fenómeno de avistamiento en el monte Xicuco y en el códice Borgia (que es un tratado sobre astronomía), hay una sección denominada “Viaje de Quetzalcóatl”, en la que hay un grupo de imágenes que retratan su vida sacerdotal en lo que pareciera ser Tula como escenario. Ahora bien, tomando en consideración que Quetzalcóatl es la representación de la “estrella matutina” (Venus), existe la posibilidad de que Tula sea prácticamente un códice en tamaño real y en tercera dimensión.

5.

Otro misterio lo conforman los famosos “Atlantes de Tula”, de los que se supo por primera vez gracias a Bernardino de Sahagún, durante el siglo XVI. No fue hasta el siglo pasado que pudieron ver la luz después de ser restaurados.

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Se trata de cuatro esculturas colosales que -se dice- eran los pilares para sostener el techo del templo de Tlahuizcalpantecuhtli. Sin embargo, hay detalles que dan pista de que representaban algo más.

Vayamos por el principio: cada una de las esculturas mide más de cuatro metros y medio y se compone de cuatro bloques que se unen de forma perfecta, siendo los de la parte inferior las piernas, en tanto que el segundo y tercero corresponden al tronco y el superior a la cabeza.

Ahora bien, en los atlantes se puede apreciar toda la indumentaria de un guerrero, aunque si uno presta atención a los detalles notará que en su mano derecha portan un extraño artefacto que no se ha logrado reconocer. En la mano izquierda llevan lo que parecen ser flechas, teoría que no puede ser confirmada porque tienen una forma curva y no recta como son realmente estos proyectiles. Por lo tanto, este grupo de esculturas podría representar a un grupo de míticos guerreros o tal vez alguna especie de jerarquía superior para la sociedad tolteca.

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A su vez, cada uno de estos guerreros lleva en su espalda un objeto que pareciera una especie de mochila o depósito que algunos identifican como parte de su armadura.

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Es por todo lo anterior que Tula se ha convertido en un gran atractivo turístico que invita a descubrir y vivir su misterio, pues como te mencioné en líneas anteriores, las investigaciones en el lugar llevan relativamente poco tiempo, por lo que aún no termina de escribirse su historia. No hay que descartar que en los próximos años aparezcan nuevas teorías y descubrimientos que nos revelen más secretos de esta ciudad.

Bibliografía:

«Quetzalcóatl y los mitos fundadores de Mesoamérica», de Enrique Florescano.

«El universo de Quetzalcóatl», Laurette Séjourné.

“Los “toltecas” de Chichén Itzá, Yucatán”, Revista Arqueología Mexicana