¿Cómo se puede extrañar la grandeza si no se la conoce? Para saber más sobre la historia antigua es preciso leer libros que nos garanticen que aprenderemos mucho. A pesar de que hay algunos autores muy buenos en nuestros tiempos, como Miguel León Portilla y Eduardo Matos Moctezuma, hay otros del pasado que nos han legado obras invaluables. Si bien Bernardino de Sahagún y Bernal Díaz del Castillo son los más conocidos, hay muchos más autores de los que podemos aprender y que no son tan conocidos. Aquí te cuento quiénes son estos autores del México prehispánico.

 

Chimalpahin Cuauhtlehuanitzin

Se trata de un cronista nativo de la Nueva España que nació en Amecameca en el año 1579 y perteneció a la nobleza chalca. Tras ser bautizado en la religión católica, recibió el nombre de Domingo Francisco de San Antón Muñón.

Hacia 1594, cuando cumplió 15 años, fue internado en la ermita de San Antonio Abad en el barrio de Xólotl donde, además de ser educado en la religión católica y la lengua castellana, se le instruyó sobre la historia de su tierra.

Esto lo llevó a escribir sobre los sucesos y personalidades del mundo nahua, describiendo algunos hechos históricos de los que otros autores españoles no tenían noticia y a los que él había tenido acceso por su linaje.

Chimalpahin comenzó su obra alrededor del año 1506 y no son pocos los textos que escribió, siendo los más notables “Memorial breve acerca de la fundación de la Ciudad de Culhuacán”, “Relaciones originales de Chalco Amaquemecan”, “Fragmentos de la Conquista de México” y “Compendio de Historia Mexicana”.

 

Fernando de Alva Ixtlilxóchitl

Fue un descendiente directo de los tlatohque de Texcoco: fue bisnieto de Ixtlilxóchitl, último tlatoani de Texcoco, que a su vez fue nieto de Nezahualcóyotl.

Se distinguió como estudiante en el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, fundado por Fray Juan de Zumárraga, el primer obispo de México. Al igual que Chimalpahin, fue educado en la religión católica y en la historia de su tierra.

En 1612 fue nombrado gobernador de Texcoco y en 1613 de Tlalmanalco.

Por orden de las autoridades de la Nueva España, fue comisionado para escribir la historia de los reinos nativos de Anáhuac, y es así como entre 1600 y 1608 escribió “Relación histórica de la nación tulteca”, donde con más relevancia cuenta como su bisabuelo Ixtlilxóchitl se encargó de la conquista de los pueblos nativos del Valle de México.

Después, de 1610 a 1640, escribió “Historia chichimeca” que organiza mejor los datos de “Relación Tulteca”. Se sabe que esta obra formó parte de un trabajo más amplio que se encuentra perdido o que no fue concluido.

 

Hernando de Alvarado Tezozomoc

Fue un historiador tenochca nacido entre 1520 y 1530, nieto de Moctezuma. Por su linaje tuvo acceso a buena educación y, al igual que los dos autores anteriores, dominaba la historia y la lengua nahua, además de la lengua castellana.

Para el año 1598 escribió “Crónica Mexicana” donde narra los episodios importantes de los gobernantes de Anáhuac hasta la llegada de los españoles, y el choque que esto representó. Además, cuenta sobre varias guerras y conquistas y describe las costumbres, la vestimenta, la religión y el sacerdocio.

En 1609 escribió “Crónica Mexicayotl” que es una versión más elaborada de “Crónica Mexicana” pero escrita en náhuatl y se cree que fue escrita de una forma más organizada para que los hablantes nahuas no olvidaran nunca sus raíces.

 

Juan Bautista Pomar

Fue nieto de Nezahualcóyotl y se estima que nació en Texcoco, en 1535. También fue criado como católico, pero con amplio conocimiento sobre sus antepasados.

Fue el escritor de la más importante compilación de poesía náhuatl llamada “Romances de los señores de Nueva España”.

A pesar de que Pomar conoció perfectamente su pasado, no sintió un vínculo con él y su obra está escrita para el público español. Por ello vas a notar que se siente más identificado con los aliados de los españoles en su obra “Relación de Juan Bautista Pomar”.

Estos son algunos autores del México prehispánico que no han sido muy mencionados ni en la escuela ni en las revistas históricas, aunque contienen una parte de la historia que no se nos cuenta. Así que ya lo sabes, si quieres honrar tus raíces y el trabajo de estos autores, haz lo que a ellos les hubiera gustado: lee su obra.