De acuerdo con la historia, Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl fue gobernante de la antigua ciudad de Tolan (Tula) y la llevó a su período de mayor auge, tanto cultural como económicamente. De hecho, “Los anales de Cuautitlan” nos relatan su obra:

“Y en su tiempo descubrió él además muy grandes riquezas, jades, turquesas genuinas, el metal precioso, amarillo y blanco, el coral y los caracoles, las plumas de quetzal y del ave turquesa, las de las aves rojas y amarillas, las de tzinitzan y del ayocuan. También descubrió él toda suerte de cacao, toda suerte de algodón. Muy grande artista era el tolteca en todas sus creaciones…”.

Como te puedes dar cuenta, se le tenía por un maestro muy sabio, que enseñó a la gente de aquel entonces las artes y los oficios que desempeñaron.

Pero como en toda historia siempre hay alguien que envidia al héroe y que desea verlo caer, en este caso fue su hermano Tezcatlipoca quien, junto a otros sacerdotes, conspiraron en contra de Ce Acatl. Esta situación se encuentra también descrita en “Los anales de Cuautitlan”, así como en la “Historia General de las cosas de la Nueva España”, donde se cuenta que Tezcatlipoca llevó a su hermano un espejo para mostrarle su imagen. Ce Acatl, al verse, pudo apreciar su imagen y se sintió compadecido de sí mismo por su semblante cansado y exclamó:

“Si me ven las gentes del pueblo mío, ¿no habrán de correr?”.

La sorpresa al verse a sí mismo fue tan abrumadora que los cómplices de Tezcatlipoca le ofrecieron pulque, con la promesa de hacerle olvidar sus penas. Quetzalcóatl pidió la compañía de su hermana Quetzalpetlatl, que se encontraba haciendo penitencia en el cerro de los nonohualcas. La invitó a deleitarse con el pulque y, ya que ambos perdieron todo pudor a causa de la afrodisíaca bebida, se dice que mantuvieron relaciones sexuales.

Al despertar, y después de la interesante noche, Ce Acatl tomó conciencia de lo que acababa de suceder y se sintió indigno de su pueblo y de la imagen que tenían de él. Por ello decidió irse para meditar y para encontrar una vez más su centro. Así emprendió su camino hacia el oriente, al Tlilan Tlapalan.

Sobre la última vez que se le vio en la tierra hay dos versiones:

1.- Se alejó en su balsa de serpientes.

“… que se llama coatlapechtli, y en ella entró y asentose como en una canoa, y así se fue por la mar navegando, y no se sabe cómo y de qué manera llegó al dicho Tlapallan…”.
Fuente: “Historia general de las cosas de la Nueva España”.

2.- Se prendió fuego por sí mismo y se elevó.

“Entonces fija la vista en Tula, y al momento se pone a llorar, como sollozando, llora, dos torrentes de granizo escurren:

Su llanto que en su faz se desliza; su llanto con que gota a gota viene a perforar las piedras (…).

Cuando llegó a la orilla del mar divino, al borde del luminoso océano, se detuvo y lloró.

Tomó sus aderezos y se los fue revistiendo: su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas.

Y cuando estuvo aderezado, él, por sí mismo, se prendió fuego, y se encendió en llamas. Por esta razón se llama el Quemadero, donde fue a arder Quetzalcóatl.

Y es fama que cuando ardió y se alzaron sus cenizas,
también se dejaron ver y vinieron a contemplarlo todas las aves del bello plumaje que se elevan y ven el cielo:

La guacamaya de rojas plumas, el azulejo, el tordo fino, de amarillo plumaje y, en suma, toda ave de rica pluma.

Cuando cesaron de arder sus cenizas, ya a la altura del corazón de Quetzalcóatl, en el entró. Los viejos dicen que se mudó en lucero del alba, el que aparece cuando la aurora.

Vino entonces, apareció entonces, cuando la muerte de Quetzalcóatl.

Esta es la causa de que lo llamen ‘El que domina en la aurora’.

Y dicen más:

Que cuando su muerte, por cuatro días sólo no fue visto, fue cuando al Reino de la Muerte fue a vivir, y en esos cuatro días adquirió dardos, y ocho días más tarde vino a aparecer como magna estrella. Y es fama que hasta entonces se instaló para reinar”.

Fuente: GARIBAY K., Ángel María (1953). Historia de la Literatura Náhuatl

¿Una historia digna de una película no crees? De su regreso no hay una fecha en específico y, sin embargo la creencia es la misma en la historia de cada profeta del mundo: “Prometió volver”.