La semana pasada Donald Trump le puso un ultimátum al gobierno mexicano: de no detener toda la entrada de migrantes ilegales para el 29 de marzo, se vería forzado a cerrar la frontera —o una buena parte de la frontera— en la primera semana de abril. No es la primera vez que el señor Trump habla de relaciones internacionales como si se tratara de una discusión entre niños de cinco años —tampoco es la primera vez que amenaza con cerrar la frontera con México— y lo más probable es que le sea imposible cumplir con lo prometido, pero esta es una buena oportunidad para analizar la situación. Trump dice que cerrar la frontera beneficiaría a la economía de los Estados Unidos, pero ¿qué pasaría si en realidad llevara a cabo su plan? Aquí algunas de las situaciones más previsibles.

 

 

De los dos lados. Desastre en las ciudades fronterizas

A ambos lados de la frontera, ciudades como Tijuana, San Diego, Nogales, Calexico, El Paso, Ciudad Juárez, Brownsville, McAllen, Reynosa y un enorme etcétera tienen economías basadas en la migración legal. Un cierre fronterizo no sólo afectaría la economía de estas ciudades al reducir el flujo normal de personas, sino que impediría el mantenimiento de negocios e industrias por la incapacidad de acceder a su plantilla laboral actual.

La frontera entre México y Estados Unidos es la más activas del mundo con más de 300 millones de cruces legales al año y una actividad económica equivalente a mil quinientos millones de dólares diarios. Tan solo por la garita de San Ysidro —considerada como el cruce fronterizo más activo del continente— cruzan diariamente 120 mil vehículos particulares, 6 mil camiones y 63 mil peatones.

 

En Estados Unidos. Adiós guacamole

A pesar de tener una de las infraestructuras agrícolas más sólidas del mundo, Estados Unidos depende fuertemente de México en lo que respecta a productos frescos, especialmente durante la temporada invernal. Casi la mitad de las frutas y verduras que importan nuestros vecinos proviene del campo mexicano. Productos como el limón, el aguacate y el jitomate sufrirían de una marcada alza en el mercado norteamericano. Y ni qué decir del resto de insumos necesarios para preparar la comida mexicana que ha estado tan de moda en los últimos años en Estados Unidos.

México es uno de los socios comerciales más importantes de Estados Unidos (el tercero en importancia después de Canadá y China). Solamente en 2018, el intercambio comercial entre los dos países estuvo por encima de los 600 mil millones de dólares.

 

En México. Ahora sí, desabasto

Tal vez te sorprenda saberlo, pero México depende fuertemente de las importaciones de combustibles refinados provenientes de los Estados Unidos. Aunque en México le colgamos milagritos al por mayor a la economía petrolera, lo cierto es que el país nunca ha invertido en tener una economía energética autosuficiente. Nosotros lo extraemos, ellos lo refinan, nosotros se lo compramos de vuelta. Así ha funcionado la relación petrolera entre México y Estados Unidos, por lo que un cierre de frontera nos dejaría con un montón de crudo en barriles y un desabasto de gasolina y diésel que para qué les cuento.

 

En Estados Unidos. Paren las máquinas

Impedir el flujo de bienes y personas a través de la frontera tendría un severo impacto en la industria estadounidense. Aunque Estados Unidos es una gran potencia en el ramo industrial, buena parte de las materias primas que requiere para mantener sus líneas de producción funcionando y en orden, provienen de México. La industria automotriz estadounidense sería una de las primeras en resentir las consecuencias de un cierre en la frontera, con todo el debacle económico que esto implica.  

 

En México. Paren las máquinas también

Aunque es cierto que el golpe de un cierre fronterizo sería brutal para la industria norteamericana, no se compara con la afectación que esto tendría del lado mexicano. Cerca del 80% de los productos importados por México vienen de Estados Unidos, incluyendo insumos agrícolas e industriales. Reajustar el funcionamiento del país después de un cambio tan radical sería un proceso largo y tortuoso.

 

De los dos lados. Frontera hedionda

Productos alimenticios perecederos cruzan a diario de un lado a otro de la frontera en miles y miles de camiones refrigerados con destinos tan variados como sus cargas. Como las amenazas de Trump no van a impedir que los productores y distribuidores alteren sus actividades diarias, un cierre fronterizo súbito provocaría la acumulación de productos perecederos en los puertos de cruce. Los planes de redistribución en medio de este panorama extraordinario difícilmente podrían evitar el desecho de toneladas de comida a ambos lados de la frontera.

 

En general. El cruce de productos y migrantes ilegales no se vería afectado

Las amenazas twitteras del presidente estadounidense tienen más fines políticos que prácticos. Se acerca la temporada de elecciones y Donald Trump tiene que mantener la presión sobre el gobierno mexicano para alejar los reflectores de una política migratoria ineficiente y de promesas de muros que no han visto ni la primera piedra. Detrás de la promesa de cerrar la frontera no hay muchos fundamentos, ya que se trata de una medida que afectaría la economía y las relaciones entre México y Estados Unidos sin solucionar los problemas a los que pretende poner fin.  

Claro que se afectará el ingreso de migrantes y mercancías ilegales a los Estados Unidos por unos días, tal vez unas semanas, pero los métodos del narcotráfico y los coyotes no están restringidos a las vías legales y pronto encontrarán nuevas estrategias para mantener su actividad como lo han venido haciendo hasta ahora. Un cierre de frontera sería un desastre para las actividades legales y un inconveniente menor para las ilegales.