Cuando los viajeros piensan en España, se imaginan ciudades como Madrid o Barcelona; Galicia casi nunca se les viene a la cabeza. El único lugar de Galicia en el que los extranjeros pasan algo de tiempo es Santiago de Compostela, y es solo porque es el destino final del Camino de Santiago.

Los pocos intrépidos peregrinos que se aventuran más allá de Santiago y continúan hasta el faro del cabo de Fisterra, empiezan a entender lo que Galicia puede ofrecerles. Estas son las razones por las que Galicia es la región más infravalorada de España.

Les encanta su tiempo húmedo

Foto: Olivier Guiberteau/Shutterstock

Galicia es húmeda y ventosa, no es ningún secreto. De hecho, es algo que enorgullece a los gallegos. Pero si bien la mayor parte del año es tirando a acuosa, los meses de julio y agosto son relativamente secos. En verano llueve más en, por ejemplo, San Sebastián, en el País Vasco, que en Galicia.

Aun así, Galicia tiene esa reputación por algo. En tres semanas en Galicia este agosto —explorada primero a pie con mochilas, luego en bicicleta de montaña y por último en una furgoneta cargada de tablas de surf—, solo llovió un día. Ese día de lluvia fue en el que recorrimos en bici 60 kilómetros de terreno escabroso entre la niebla, dirigiéndonos al mar. Mientras pedaleábamos bajo la lluvia subiendo empinadas cuestas y el barro salpicaba nuestras bicis, ropa y caras, los españoles con los que íbamos simplemente se reían y decían: «¡esto es Galicia!».

Pero a las 4 de la tarde, cuando llegamos a la costa, la lluvia paró. El día siguiente el cielo ya estaba azul y los diez días de viaje que nos quedaban, tras cambiar las bicis por la furgoneta, explorando ciudades, pueblos costeros y destinos de surf por toda Galicia, no tuvimos otra cosa que sol. Las mañanas y las noches eran más frías que en otras regiones de España, sí, pero tras un verano de olas de calor abrumadoras en Europa, hasta se agradecía.

Los paisajes son impresionantes

Foto: Lukasz Janyst/Shutterstock

En Galicia es posible dejar una playa casi desierta llena de kite-surfers, conducir 20 minutos y llegar a otra playa vacía, esta protegida del viento pero con olas perfectas para surfistas. También podrías optar por una playa más apta para nadar, sin olas. Las combinaciones son infinitas gracias a la increíble topografía gallega.

La costa gallega parece las ramas de un roble viejo, con sus ramitas torcidas metiéndose en el frío Atlántico, algo que confundía a los marineros de hace unos siglos. Con tormentas y niebla espesa en los meses más fríos, la parte norte se ganó el nombre de Costa da Morte (Costa de la Muerte).

Pero esta costa escarpada y abrupta significa que desde una localidad de playa como Ribeira, que mira hacia el este desde dentro de la ría de Arousa, en 30 minutos en coche atravesando un parque natural lleno de pinos te pones en otra playa de arena blanca, Praia do Vilar, ya en el lado oeste, abierta al océano. Añade a estas playas montañas, colinas boscosas, pequeñas granjas y valles verdes y tienes un paisaje bastante espectacular.

Hablan galego. Y tocan la gaita

Foto: Lux Blue/Shutterstock

Galicia no es la única región de España con su propia lengua. Todo el mundo sabe que es así también en el País Vasco y en Cataluña, y en otras provincias se hablan variantes de estas lenguas. También es cierto que el País Vasco y Cataluña tienen su propio carácter y personalidad, especialmente una vez que sales de ciudades más cosmopolitas como Barcelona.

Lo mismo pasa en Galicia, donde el gallego, muy similar al portugués, tiene además palabras heredadas de los celtas. Los celtas vivieron en Galicia hace 2500 años y ese pasado y la herencia que han dejado todavía se celebra hoy en día. Junto con Cornwall, Gales, Bretaña y Escocia, Galicia es miembro de la Liga Céltica. También escucharás gaitas en todas partes.

La conexión con sus primos celtas del norte es una de las razones por las que los gallegos están tan orgullosos de su clima fresco y húmedo. Puede que en algún momento, atravesando una zona rural con rocas de granito, muros de piedra y niebla espesa, te preguntes si de pronto te has teletransportado a Escocia.

Tienen la zona horaria equivocada

Hay al menos una cosa en la que sí se nota que Galicia es parte de España: los horarios de las comidas. Como en el resto del país, se come sobre las 2 y la cena puede ser a las 10 de la noche. Pero Galicia tiene una característica que convierte estos horarios en algo perfectamente razonable: pertenece a la zona horaria de la Europa continental. aunque en realidad está mucho más al oeste.

A finales de agosto el sol no sale hasta las 8, pero se pone después de las 9. Esto hace que sea más fácil ajustar tu reloj a los horarios locales, sintiéndote algo más cool e integrado cuando acabas de cenar a medianoche.

Otro plus es que la gente no va a la playa hasta después de comer, ya que el sol todavía va a tardar mucho en ponerse. Puedes llegar a la playa más popular a última hora de la mañana y tenerla para ti solo durante unas horas.

El marisco es espectacular. Y también lo es el pan

Foto: Andres Garcia Martin/Shutterstock

Los españoles que no son de Galicia tienen dos comentarios cuando les dices que vas a estar por allí de vacaciones: «llueve mucho» y «prueba el pulpo».

Este agosto no llovió mucho, pero sí que probamos el pulpo y es el mejor que hemos comido en nuestra vida. También comimos mejillones, almejas, sardinas, merluza, anchoas, gambas y marisco menos conocido como navajas y percebes. Y estaba delicioso en todas partes, desde el restaurante al aire libre en el parque natural hasta el bar demasiado iluminado de un pueblo costero.

El pan de millo presente en toda Galicia, cortado en rebanadas gruesas, era perfecto no solo para abosorber los jugos con sabor a ajo de los mejillones al vapor. Es el pan más sabroso que probamos en toda España.

Es perfecta si te gusta pasar tiempo al aire libre

Foto: Noelle Alejandra Salmi

El pan gallego es especialmente satisfactorio si te acabas de sentar después de caminar 30 kilómetros del Camino de Santiago con una mochila a cuestas. La popularidad de la ruta de peregrinación ha estallado en los últimos años e inspirado a caminantes de toda Galicia. Algunos no paran en Santiago de Compostela, sino que continúan y caminan unos 90 kilómetros extra hasta el cabo de Fisterra.

Otros van de Fisterra hasta Muxía, el punto más occidental del continente, y vuelven a Santiago. Hay quien llega a Santiago desde Portugal e incluso quien deja de lado el Camino tradicional y se pasa al Camino de los Faros, una ruta de casi 200 km por acantilados y playas. En bici también se pueden hacer estas y otras rutas.

Y después está el mar. Galicia es un lugar perfecto para kitesurfers, windurfers y surfistas, con sus playas en las que se combinan de forma perfecta el viento y las olas. Mientras estábamos en Pantín, una cala amplia situada entre colinas verdes, se estaban instalando las gradas y carteles para la competición World Surf League’s Classic Galicia Pro que iba a empezar unos días después.

A pesar de las fantásticas olas gallegas, la escena surfera está aún empezando. Elizabeth Lee, que tiene una tienda de surf en A Coruña con su marido gallego, nos contó que durante años su escuela de surf fue una de tres. «Ahora hay como unas veinte», aseguró.

No es un sitio lujoso

Si lo que quieres es lujo, unas vacaciones gallegas quizá no sean lo que buscas. La excepción es la ciudad de Santiago de Compostela, que con su catedral de mil años y su zona vieja patrimonio de la humanidad de la UNESCO con callejuelas estrechas, plazas y adoquines ha sido siempre un destino popular. Ahora, con turistas y más de 200.000 perregrinos cada año, Santiago está bien equipada para acoger a cualquier tipo de viajero. Tiene hostels baratos y elegantes hoteles, además de comida muy económica y restaurantes de lujo.

Pero Santiago está a 45 minutos de la playa más cercana. Si lo que más te interesa de Galicia es su costa, las opciones de alojamiento son más limitadas. Los destinos relacionados con el Camino, como Fisterra o Muxía, y las ciudades grandes como Vigo o A Coruña ofrecen alojamiento de todo tipo, pero si quieres ver el mar en lugares más pequeños como Porto do Son o Louro, mejor busca en webs como HomeAway o Airbnb con meses de antelación.

En cuanto a la comida, simplemente pregunta cuando llegues. Encontrarás marisco excelente en toda la costa. Aunque la decoración del restaurante o bar que te recomienden sea algo cutre, no te dejes engañar por las apariencias. Los gallegos están orgullosos de su cocina y tienen razones para estarlo.

Pero el hombre más rico de España es de allí

Foto: saiko3p/Shutterstock

Galicia puede parecer un rincón olvidado de España, pero es el hogar de uno de los hombres más ricos del planeta, el fundador de Zara Amancio Ortega. Su compañía, Inditex, el grupo de moda más grande del mundo, tiene su sede a las afueras de A Coruña. En esta ciudad bonita e infravalorada, bien establecida también como puerto, circula bastante dinero.

Eso significa que en A Coruña puedes encontrarte con restaurantes finos y que, en verano, sus calles peatonales del casco antiguo se llenan noche tras noche. Las callejuelas se llenan de terrazas de bares que sirven cenas de pulpo á feira y sardiñas con pementos. Hay además bastantes opciones de comida no española gracias a los extranjeros que trabajan aquí en lugares como Inditex.

Si callejeas por la zona vieja de A Coruña por la mañana, empieza el día con un chocolate con churros y luego vete a curiosear sus tiendecitas. Algunas de las mejores están en callejones tan estrechos que puedes tocar a la vez con las manos los edificios de ambos lados. Busca las joyerías de artesanos locales y maravíllate ante los precios.

Tras el verano, todo es aún más tranquilo

Foto: Noelle Alejandra Salmi

Puedes dar un paseo al atardecer por la playa en A Coruña y encontrarte con muy poca gente, incluso en verano. Fuera de Santiago, Galicia no está en el radar de los turistas y, cuando el verano acaba, casi desaparecen por completo.

Un monitor de surf local, mirando una playa que parecía, a mis ojos, tener muy poca gente, reflexionó en voz alta: «Ahora hay gente, pero en tres semanas tendremos la playa para nosotros».