En los últimos tiempos hemos sido testigos de las grandes movilizaciones de personas que parten de sus países en busca de una mejor vida. Se van por motivos políticos, por la escasez de trabajo, por la delincuencia, siempre guiados por la ambición de crear un mejor futuro para sus hijos. Los anfitriones del país de destino suelen tener dos posturas: por un lado están quienes apoyan a los migrantes y, por otro, quienes los rechazan al ver en ellos una amenaza a su estilo de vida.

Pero las migraciones no son un acontecimiento nuevo y exclusivo de estos tiempos, pues los mexicanos somos prácticamente un pueblo que desciende de migrantes, tanto europeos como nativos americanos que buscaban una mejor calidad de vida. Esto viene sucediendo desde hace siglos y no fueron acontecimientos aislados, pues incluso el pueblo azteca llegó al Valle de México como una caravana migrante y en poco tiempo dominó a los reinos vecinos hasta convertirse en un gran imperio.

México es hoy nuevamente escenario de una de éstas migraciones. Leíste bien: “nuevamente”, porque su historia se basa prácticamente en las grandes migraciones. Voy a contarte algunos ejemplos:

1. La fundación de México-Tenochtitlan

¿Sabías que los mexica partieron en grandes caravanas desde Aztlán? Se decían guiados por sus deidades, quienes les alentaban a seguir en busca de la tierra prometida. Partieron desde el norte de México, desde un lugar que aún no ha sido ubicado, y se dirigieron hacia el sur, hasta llegar al Valle de México donde -después de ser rechazados y echados por los habitantes de los lugares que atravesaron-, llegaron hasta un pequeño islote en medio de un lago, donde fueron tomados por salvajes e incivilizados. Sin embargo, una vez estando ahí y para sobrevivir, tuvieron que ofrecer sus servicios como un ejército mercenario, además de pagar tributo al reino de Tlacopan.

En artículos anteriores te hemos contado cómo en sólo 70 años lograron pasar de ser salvajes invasores a independizarse, derrotar a sus amos y posteriormente fundar el gran imperio de México-Tenochtitlan, conquistando pueblos a su paso.

2. La fundación de Nic-Anáhuac

Una vez que los mexica se establecieron y lograron legitimarse como los amos y señores de Anáhuac, tuvieron a bien expandir sus fronteras. Uno de los sitios más lejanos fue Centroamérica, región a donde enviaron grandes migraciones para fundar nuevos pueblos y así tener así más control hacia el sur.

Uno de estos nuevos poblados fue el Xoconochco (Soconusco) de donde posteriormente una nueva caravana independiente se lanzó en busca de su nueva tierra prometida llamada “Ometepetl” u Ometepe, que es una isla en medio de un cráter volcánico.

El territorio donde se encuentra Ometepetl fue llamado Nic-Anáhuac que se traduce como “Hasta aquí Anáhuac”. ¿Te suena? Pues se trata nada más y nada menos que del país de Nicaragua.

3. La caída de Tula

Una vez que la sagrada ciudad de Tula cayó a manos de las invasiones de los chichimecas del norte, su líder Huemac huyó con sus súbditos hacia el sur y, poco a poco, la caravana se fue dividiendo en varios grupos que llegaron a lugares como Oaxaca, Puebla, Coixtlahuaca, Chichén Itzá y Nicaragua, desde donde pudieron hacer florecer la cultura y las artes, aunque ya no con la misma fuerza que en Tula, pero sí con gratificante influencia.

Algunos grupos de toltecas se quedaron en el centro del actual México y fundaron otros reinos:

Cuautitlán

Los cuautlitanenses fueron espectadores de la caída de Tula. Registraron su travesía y, luego de un período de mucha desorganización, se asentaron en Cuautitlán, desde donde comenzaron a expandirse conquistando territorios. Con el tiempo llegaron más migrantes y para el siglo XV, Azcapotzalco, Texcoco y Tenochtitlan ya eran más poderosos que Cuautitlán y pasaron a ser tributarios del imperio mexica.

Xaltocan

En este reino convergieron varios grupos de migrantes como los los nonoalcas, los texcalpanos, los toltecas y los mexica.

Una vez asentados en dicho territorio, los toltecas del sector otomí comenzaron a establecer vínculos matrimoniales con Azcapotzalco y Tacuba, lo que los llevó a ser absorbidos por Texcoco.

Texcoco

En sus inicios se le conoció a este poblado como “Catlenihco” (lugar de detención/retén) y después como “Texcoco” (lugar donde se entretiene a las gentes, algo así como un albergue).

Fue fundada por un grupo de chichimecas que buscaban mejores condiciones de vida, ya que se dedicaban únicamente a la caza. Sin embargo, una vez llegados al Valle de México, su líder Xólotl ordenó la construcción de corrales y el desarrollo de la agricultura.

Con el tiempo, Texcoco llegó a convertirse en la Atenas del mundo prehispánico, gracias a la visión de sus líderes y a la buena gestión de su gobierno. De entre todos sus gobernantes destacan Nezahualcóyotl, el rey poeta, y Nezahualpilli, su hijo, quienes supieron refinar su ciudad y convertirla en la capital de las artes.

Por último, la más grande de las migraciones y también la más determinante en la historia de México fue la de los europeos a América.

Bien pues, la historia de México y en general de todo el continente americano se escribió a base de las migraciones europeas que tuvieron lugar en el siglo XVI. Españoles, ingleses y portugueses invadieron y saquearon territorios nativos para sentar las bases de una nueva sociedad.

Si bien la misión de los europeos era la de trazar nuevas rutas comerciales, se encontraron con territorios ricos en recursos naturales, lo que a la larga les motivó a quedarse y fundar sus propios gobiernos.

Ya ves, esto de las migraciones no es algo tan nuevo y, de hecho, los humanos en prácticamente cualquier parte del mundo somos descendientes de migrantes que generaciones atrás buscaban mejorar su calidad de vida. Incluso podríamos documentar este artículo con más ejemplos alrededor del mundo y así notarías que la migración es una constante en la historia humana.