Aviso importante: cuando viajes a México es muy probable que alguna vez te encuentres en una bochornosa situación en la que una frase aparentemente normal y hasta inocente que digas se vuelva motivo de risas pícaras entre los presentes… de pronto te das cuenta de que eres el centro de atención de una broma, ¡cuando eres el único que no la entendió!

Cuando preguntes, ya un poquito ofuscado, por qué todos se ríen cuando dijiste que no te gustaba el chile o que tu fruta favorita era la papaya, la respuesta será “¡Te estamos albureando!”. A partir de ahora, ya perdida tu inocencia, harás todo lo posible para que no haya una segunda vez

¿Qué es el albur?

Es un lenguaje popular entre los mexicanos, que hace referencia de manera muy traviesa a la sexualidad, que aún en nuestra época sigue siendo tabú. El albur no es un intento de agresión, tampoco lleva implícita la intención de asustar a nadie y se trata simplemente de una esgrima entre dos interlocutores que buscan demostrar quién tiene la respuesta más rápida y creativa, sin incurrir en malas palabras.

Pero este no es un asunto poco serio, más allá del talento que se pueda tener para alburear, existe incluso el “Seminario de albures finos”, en el que se pueden pulir las cualidades de un buen maestro alburero, como lo son el amplio vocabulario, la concentración, la destreza mental y la capacidad de reacción. Este año el seminario fue impartido por “la reina del albur”, Lourdes Ruiz.

En dicho evento, que se llevó a cabo del 10 de abril al 8 de mayo, participaron además Alfonso Hernández, cronista de Tepito, y Rusbel Navarro, un experto alburólogo, quienes impartieron clases sobre cómo usar el lenguaje para entretejerlo con creativas analogías que llevan a sexualizar las conversaciones más ordinarias, sin usar palabras que hagan referencia directa al sexo.

Tal es el compromiso del seminario de albures que la misma Lourdes Ruiz ha dicho en entrevista para la cadena BBC:

“Si la Secretaría de Educación Pública diera clases de albures, seríamos muy buenos en matemáticas, en física, en química o en geografía, porque todo es usar el cerebro”.

Es aquí cuando vale la pena hacer una de las aclaraciones más importantes, y esa es que, contra toda probabilidad, este no es un asunto propiamente de hombres y, de hecho, son en su mayoría mujeres, quienes acuden con más frecuencia al seminario.

Bien, pues en estas clases aprenderás que el fino arte de alburear no se circunscribe a decir una frase ordinaria, sino que las palabras pueden cobrar dos y hasta tres sentidos, dependiendo de la creatividad del receptor, quien a su vez puede revirar con una respuesta igual de creativa.

Y así, poco a poco, la combinación de verbos, gestos, sustantivos, sonrisas y miradas convierten una inocente conversación en un albur.

Por ejemplo, la forma en que Lourdes Ruiz abre su seminario con frases como la siguiente:

“¿Ya leyeron la introducción del encabezado?”

Hasta aquí algunos podrían reírse y algunos otros no sabrían porque ríen los primeros, ante ello la reina del albur entraría en materia explicando en qué consiste el taller.

En este caso, las palabras clave para entender el albur con el que inicia su seminario son “introducción” que hace una alusión a la penetración en el acto sexual y “encabezado” que hace referencia al miembro sexual masculino, es decir, el albur entendido como un juego de alusiones sexuales se refiere a que si los asistentes ya fueron víctimas de dicha introducción de tal encabezado…

Por ello el albur se puede encontrar en todas partes y tanto mexicanos como extranjeros son víctimas constantes de los albures.

Se puede dar comiendo o en lugares específicos, tal vez con situaciones especiales o con determinados alimentos, porque el albur es tan espontáneo que nunca sabes de dónde puede provenir.

Y si hasta aquí te ha parecido algo vulgar o impropio, tienes que saber que su única función es la de divertir, pero solo a un selecto grupo de entendedores, pues si el receptor no entiende el albur entonces la diversión disminuye.

¿Pero cómo surgió el albur?

Bien, se dice que la cuna del albur no es otra que el barrio de Tepito en la Ciudad de México, donde la picardía y la decencia lograron una rara fusión que permite ser más sutil para referirse a los órganos y diversas prácticas sexuales sin ser explícitos. Se creó así un singular juego de palabras que se ha extendido por todo el país y que se ha perfeccionado gracias a la existencia de los seminarios.

En 2007, Lourdes Ruiz, residente ilustre de Tepito, fue coronada la campeona nacional de albures, sin que hasta la fecha haya existido alguien que pudiera destronarla.

Así de importante es el albur, así de arraigado en la cultura de aquel barrio de la Ciudad de México y así de divertido, al punto de ser una de actividades que mayores risas hace brotar a los mexicanos.

Crédito imagen de portada: almomento.mx.