Frida plasmó en el cuadro titulado “Henry Ford Hospital” uno de los momentos más traumáticos de su vida: el aborto natural que sufrió en el año 1932, mientras vivía en Estados Unidos. La vemos a ella acostada en una cama de hospital, bañada en sangre. De su estómago todavía hinchado se desprenden seis filamentos rojos y delgados, como si fueran venas o cordones umbilicales, que conectan su cuerpo con algunas imágenes que ella relacionaba con el aborto.

En el centro y de un tamaño desproporcionado, está el feto de un bebé varón. Frida anhelaba tener un hijo y, aunque nunca lo logró, cuando hablaba del tema se refería a él como “el pequeño Dieguito». La orquídea violeta es un regalo que recibió de Diego. El caracol simboliza un aborto lento y el figurín del torso de una mujer, en el que se observan los órganos internos, muestra el interior de una mujer desde su perspectiva (casi como si su cuerpo, que no había podido llevar adelante el embarazo, se hubiese desprendido de ella).

Pintó también una máquina de metal que ella diseñó para reflejar todos los fríos instrumentos utilizados para realizar un legrado uterino. Por último aparece su pelvis, que no pudo albergar la vida que la habitaba. Aquí puedes leer más sobre la historia detrás de los cuadros de Frida.