La historia de México se ha sorbido en las cantinas, lo mismo que el desamor, las victorias y las derrotas. Las cantinas más antiguas de la ciudad son un pedazo de historia viva, un motor para la convivencia y siguen siendo un semillero de las mejores anécdotas. 

Las primeras regulaciones para la venta de licor datan de 1529 y son resultado de un intento de prohibición. Los conquistadores vieron una amenaza en el consumo de pulque y otras bebidas alcohólicas y embriagarse pronto se volvió inaceptable, especialmente para el nuevo orden religioso que era el principal promotor de esta prohibición. Desde luego, la medida fue rechazada por indígenas, mestizos y criollos que, sin importar su origen social, mantenían un gusto arraigado por el alcohol que les hacía olvidar un rato sus penas.

Las cantinas como las conocemos fueron las encargadas de burlar la desaprobación del consumo de alcohol y generaron un nuevo lugar de interacción y convivencia. En el siglo XVII se estableció otra de sus características principales: la venta de alimentos en forma de  la famosa botana. Esta tradición perdura hasta nuestros días y fue creada con el objetivo de que los clientes no se emborracharan tan rápido.

Los lugares que enlistamos a continuación rebosan nostalgia, historia y sabor arrabalero. ¿Cuántas de estas cantinas de la Ciudad de México conoces?

 

1. La Peninsular. La más antigua

Hasta 2008 la cantina más antigua de la ciudad era un pequeño establecimiento en la calle de Moneda frente a Palacio Nacional que llevaba por nombre El Nivel. Siempre disputó su título con La Peninsular ya que aunque El Nivel fue inaugurado quince años antes, ambos locales obtuvieron su licencia en el año de 1872, el mismo año en que La Peninsular inició operaciones. Independientemente del debate, La Peninsular es hoy la cantina más antigua en operación de la ciudad. 

 

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A pesar de haber sido remodelada hace seis años, La Peninsular conserva ecos de sus orígenes en sus muros —que hoy son una mezcla de edificio centenario con luces neón— y en sus sabores. Además de los platillos típicos de cantina como el consomé, las enchiladas y el chicharrón en salsa verde, también encontrarás comida a la carta. Los fines de semana hay música en vivo con orquesta para raspar la suela.

Dónde: Alhóndiga 26

 

2. La Ópera

Era la segunda mitad del siglo XIX y las hermanas Boulangeot abrieron una chocolatería para recibir a quienes salían de escuchar ópera en el Teatro Principal. La chocolatería, que se encontraba en los terrenos del Ex Convento de San Francisco donde hoy se levanta la Torre Latinoamericana, se transformó en un bar y en 1890 se trasladó a la calle de 5 de Mayo para convertirse en la cantina que conocemos hoy en día como La Ópera. A pesar de los cambios, el lugar mantuvo un anexo en el que se ofrecía servicio de cafetería para las mujeres que lo visitaban.  

 

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Con su barra de caoba tallada en Nueva Orleans, la decoración afrancesada con hoja de oro en los techos, así como los cubículos por los que desfilaron diversos personajes de la historia de México, La Ópera convierte cada visita en un viaje en el tiempo. Su creación más célebre se llama Pancho Villa y se trata de un pepino escarchado con sal y chile piquín al que se le da forma de caballito de tequila. Ve a tomarte uno y a ver el balazo que —dicen por ahí— el Centauro del Norte dejó en el techo del establecimiento. 

Dónde: 5 de Mayo 10

 

3. Bar Gante

Famoso por su sopa de pollo con huevo y los montados de carne tártara, el Bar Gante fue inaugurado a principios del siglo XX y por mucho tiempo fue la cantina consentida de políticos, escritores y periodistas. Dicen que Renato Leduc se la vivía ahí y que en este lugar le avisaron a Abelardo Rodríguez sobre su nominación para la presidencia de México. El Bar Gante ha sido hogar de toda clase de chismes, intrigas y decisiones políticas históricas. Aunque ha sido recientemente remodelado, su look actual le quedó bastante bien y no pierde ese aire atemporal que lo ha caracterizado por más de cien años. 

Dónde: Gante 8

 

4. El Gallo de Oro 

La calle de Bolívar se ha transformado mucho desde 1874 pero El Gallo se mantiene como una constante. Este lugar ha atraído a escritores y periodistas desde la época en que a las cantinas se iba más a jugar dominó o cubilete y menos a ver los partidos de fútbol o las peleas de box. Por aquí pasaron Juan de Dios Peza, Manuel M. Flores, Guillermo Prieto e Ignacio Ramírez. El lugar tampoco es ajeno a la tragedia, pues en 1929, el periodista y revolucionario cubano, Julio Antonio Mella fue asesinado a sus puertas.

 

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Cuenta la leyenda que Goyo Cárdenas, el estrangulador de Tacuba, se plantaba con frecuencia en este lugar para recordar sus días en Lecumberri al tiempo que se tomaba unos vodkas. Hoy puedes disfrutar gran variedad de bebidas —acompañadas de la infaltable botana— en el lugar donde ocurrieron todas estas historias. Casi serás capaz de sentirlas, pues El Gallo de Oro ha mantenido la misma apariencia desde sus inicios. 

Dónde: Venustiano Carranza 35

 

5. La Jalisciense 

La Jalisciense data de 1875 y es la única cantina de esta lista que no se encuentra en el Centro Histórico. Esta cantina sureña se ubica en el Centro de Tlalpan, cuenta con un diseño colonial y una decoración basada en fotografías de personalidades que han pasado por sus puertas, incluyendo a Carlos Monsiváis y a la ex primera dama, Angélica Rivera. Dicen que el edificio donde se encuentra fue la primera construcción de dos pisos en Tlalpan y también se cuenta que aquí nació Renato Leduc, quien eventualmente también frecuentó esta cantina, lo que comprueba su vocación etílica. 

Dónde: Plaza de la Constitución 6, Centro de Tlalpan

 

6. La Potosina

En sus alrededores se ofrecen todo tipo de mercancías: perfume, bolsas, tenis y accesorios para celular. Las referencias para llegar son un puesto de calcetines en la entrada y la intimidante estatua de la Santa Muerte que la resguarda. La Potosina abrió sus puertas en 1890 en el cruce de las calles Jesús María y Emiliano Zapata. Es una cantina añeja y luce un poco descuidada, pero eso no quita que no tenga historias que contar. Por aquí estuvieron Pancho Villa y Emiliano Zapata y tanto sus nietos como sus bisnietos siguen siendo clientes asiduos del lugar.

 

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Si te gusta el futbol, debes saber que La Potosina lleva por sobrenombre la Cueva del Potro en honor al Atlante. También debes saber que ha sido guarida de escritores como Armando Ramírez. ¿La leyenda más extravagante? Pues se cuenta por ahí que Lee Harvey Oswald planeó asesinar a John F. Kennedy mientras bebía en este lugar.

Dónde: Jesús María 22

 

7. La Vaquita

Famosa por sus tortas y sus chupes, La Vaquita está localizada en Mesones esquina con Isabel la Católica. Su decoración actual con lambrin de azulejos fue supervisada por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, ni más ni menos. Este lugar vio a Mario Moreno “Cantinflas” como mesero, lavaplatos e incluso como velador. Se dice también que este lugar fue cuna del Partido Comunista en México. Su nombre no tiene nada que ver con el animal de granja, sino con la forma en la que normalmente nos referimos a la cooperación para pagar la cuenta: hacer la vaca. 

Dónde: Mesones 54

 

8. La India

La India es tradición y barrio, punto. En comparación con otras de las cantinas mencionadas en esta lista, La India está chava, pues solo tiene 84 años. Fue fundada en 1935 y sus muebles, apariencia y clientela parecen ser las mismas que en sus inicios. La decoración, la barra, los gabinetes e incluso las mesas y las sillas provienen de una época pasada e irrepetible. Es una experiencia nocturna obligada para quien gusta beber alejado del glamour y sumergirse en la noche citadina. Si prefieres los antros o la cantina hipster de barrio, La India no es para ti, pero siempre vale la pena probar. 

 

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Dónde: República del Salvador 42