Para la RAE, la garnacha es “una especie de uva roja que tira a morada muy fina, de muy buen gusto y muy dulce, en pocas palabras, ideal para producir vino. Para los mexicanos, una garnacha es todo antojito a base de maíz acompañado de una buena salsa y una variedad extensa de guarniciones que pueden ser desde queso y crema, hasta cebolla, cilantro, nopalitos y más.

Aunque en la Ciudad de México no somos expertos en vinos de uva garnacha, sí lo somos en todo lo referente a la vitamina T y en aquellos lugares que se han vuelto clásicos para clavarle el diente a la gordita, el tlacoyo o la quesadilla.  Aquí van algunos ejemplos de templos garnacheros en los alrededores de la ciudad.

 

1. Tres Marías

No hay capitalino que no se haya detenido al menos una vez en Tres Marías. Este parador de comida típica es todo un clásico sobre la autopista que conecta a la Ciudad de México con Acapulco y Cuernavaca. En sus inicios, el lugar se limitaba a unos cuantos puestos improvisados con techos de lámina, pero con el paso de los años todo ha cambiado y ahora hay restaurantes de garnachas que incluso han debutado en TripAdvisor.

Las opciones garnacheras en Tres Marías son casi infinitas. Por supuesto encontrarás las típicas quesadillas, pero también pambazos, chilaquiles, tacos de chorizo, cecina, pulques, y hasta licuados “sanos” para nutrirse bien y no andar enseñando el costillar. La Puerta de Tres Marías y El Monumental son dos de las mejores opciones por estos rumbos.

 

2. San Pedro Atocpan

 

View this post on Instagram

 

A post shared by Marta Dymek (@jadlonomia) on

Aunque San Pedro Atocpan es parte de la Ciudad de México, sigue conservando la atmósfera rural y tranquila que caracterizaba al sur de la capital hace varias décadas. Es por esto que una visita por estos rumbos se siente como si uno realmente se hubiera alejado de la metrópoli. Y si hablamos de comida, los restaurantes de San Pedro ofrecen manjares garnacheros dignos de reyes.

Para empezar, tienes que probar los tamales de frijol bañados en mole y las enchiladas que son la insignia del lugar. No por nada Atocpan es sede de la Feria Nacional del Mole. La calidad de sus tlacoyos tampoco defrauda, especialmente si los acompañas con nopalitos —aprovechando que estás en la central productora de nopal de México. Si quieres probar estas y otras delicias de Atocpan puedes probar restaurantes como La Cabaña, Aquí es Atocpan, El Familiar y Quinta San Diego.

 

3. La Marquesa

 

View this post on Instagram

 

A post shared by Roxy Sánchez (@roxy.sanchez) on

¡Vámonos a La Marquesa! Este llamado a la aventura despertará en el chilango promedio recuerdos con cuatrimotos, paseos a caballo, micheladas y garnachas. La variedad de actividades recreativas, el imponente paisaje boscoso y la oferta gastronómica han hecho que La Marquesa se gane un lugar especial en el corazón —y en el estómago— de los capitalinos que gustan de garnachear rodeados de naturaleza.

Para abrir boca no puede faltar la sopa de médula o de hongos. Después, enfílate con todo hacia las gorditas de chicharrón, los tlacoyos de requesón, el buffet de quesadillas al comal o fritas y todo lo que el cuerpo aguante. Si estás cuidando la línea, siempre puedes optar por las truchas empapeladas, aunque al final probablemente terminarás cediendo al antojo garnachero. Aquí abundan las opciones, pero El Manantial es un clásico donde incluso podrás pescar tu propia trucha.   

 

4. El Ajusco

El Ajusco es una opción rápida y barata a la hora de echar la garnacha y uno de los lugares más frecuentados por los sureños. A lo largo de la carretera que se adentra en este parque nacional, uno puede encontrar decenas de cabañas que esperan con el comal encendido el momento para ejecutar las órdenes de los comensales. Aunque en esta zona se puede encontrar un menú muy parecido al que se ofrece en otros lugares de esta lista, aquí lo que rifa son los tlacoyos, el café de olla y —para cerrar con broche de oro— un cubilete de queso.

 

5. Santiago Tianguistenco

 

View this post on Instagram

 

A post shared by Andres Santiago (@andres_santiago90) on

Alguna vez me aventure con algunos amigos a cruzar la serpenteante carretera del Ajusco con la única intención de llegar a la tierra prometida de la barbacoa: Santiago Tianguistenco. Las dos horas de camino valieron la pena para probar algunas de las mejores flautas de barbacoa bañadas en salsa, crema y queso acompañadas de su respectivo consomé.

El mercado es sin lugar a dudas el mejor lugar para comer en Santiago Tianguistenco. A medida que recorres los pasillos, puedes ir abriendo el apetito con las pruebas de barbacoa que te regalan en cada uno de los puestos, así que te puedes tomar tu tiempo en elegir el lugar perfecto para desayunar. En Santiago también tienen buena mano para las quesadillas —estas sí, de puro queso—, así que es bueno dejar espacio para empacarse aunque sea una después de las flautas.

 

6. Zempoala

 

View this post on Instagram

 

A post shared by 🍭 (@fernando_soto96) on

Las Lagunas de Zempoala es otro de los lugares que los capitalinos suelen aprovechar para pasear los fines de semana. Por supuesto, el atractivo del lugar son sus lagunas y muchos se dan tiempo para contemplarlas… ¡pero desde los puestos de garnachas que abundan en el parque! El desfile de antojitos es muy similar al de Tres Marías, con tacos de cecina y chorizo solo o campechano (sin albur), sopa de hongos y más de 14 variedades de quesadillas. Pero si he de recomendar algo de este lugar son sus tlacoyos de requesón con topping de nopales perfumados con cilantro (así lo puedes poner en tu blog hipster).

 

Y tú, ¿qué lugares prefieres para entrarle a la garnacha los fines de semana?